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Brief

Dear boy,

Lamento tener que decírtelo:

has llegado demasiado pronto.

Cogiste el tren que sí era, pero la estación está cerrada,

no puedes pasar.

Nadie puede.

Está todo por hacer, la obra por terminar, los toldos por desplegar, el sol por encender.

Aquí todavía nadie puede estar.

La estación está cerrada por obras; la ciudad entera duerme

esperando su puesta de largo.

Vuelve mañana; o, si lo prefieres, vuélvete

y búscate un rincón donde esperar.

La espera va a ser larga; muchos días lloverá.

Dear boy,

has venido a parar a un país septentrional,

alejado de todo y de todos.

Es un país sitiado por altas cordilleras y, por donde sólo había planicie,

por una interminable muralla.

Ni siquiera sé cómo has logrado llegar hasta aquí; ya es mucho.

¿Qué traes contigo? ¿Un mapa, una brújula, quizás un ejército?

¿O sólo tu mochila y una vieja bicicleta

sobre la que saliste volando porque nadie te dijo que era imposible?

Aquí hace aún más frío, te lo advierto;

casi siempre es invierno, la gente espera dentro,

el hogar siempre está bien caldeado, las flores están en el salón,

y son hermosas guaridas, algunas a orillas del mar,

pero fuera de ellas parece que no hubiera nada;

es un país cuya belleza sólo se aprecia tras algún tiempo;

es la hermosura del marfil monocromo, del diamante que aún no ha sido lavado de su baño de carbón.

Aquí no hay nada para ti; es un destino deplorable; es una tragedia sin ambages

haber venido hasta aquí, para sólo una despedida.

Dear boy,

espera:

no hagas caso de estas señales de peligro,

de las luces rojas, de las negativas, de las admoniciones.

Sé que no entiendes nada de lo que te estoy diciendo,

tu procedencia es otra, has venido guiado por las estrellas.

Wait, don’t go just yet, even if I command you to.

A long winter is upon us, dear boy;

and spring will take forever to come back.

I wonder if I will still be young when it finally is here.

Now we’re here; soon we will be dead.

Can you hear me? Can you hear me at all?

Or have I been by myself all along?

Oh, dear boy,

don’t sing for me, don’t give me that smile;

don’t be so kind; be ugly, be rude. Don’t leave me with a memory that I can’t but cherish

and in doing so, will slowly be the end of me.

Dear boy,

the look in your eyes makes me want to cry.

Dear boy, oh, my dear boy.

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blast from the past

bastante lejano, además.

 

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Momento remember

Para los que dicen -casi siempre, repitiendo lo que han oído y sin pararse a pensar en lo que dicen- que lo de antes sí que molaba, que cualquier tiempo pasado fue mejor, que en “sus tiempos” (como si éstos no fueran sus tiempos también, tal como nos enseñó Mafalda) sí que se hacía buena literatura/música/comida/juguetes/fútbol/ropa…

… basta comparar la canción original, de 1993

con la versión, de 2015.

Y eso que bailé muchas veces la del 93 y reconozco que a veces me gusta meterme mi buena dosis de nostalgia. Tiene su encanto, tiene su aquél. Es bonito, porque me hace sentir la belleza de estar aquí ahora, y me hace sentir orgullosa y afortunada de que tantas cosas bellas, divertidas, emocionantes e inteligentes formen parte de mi historia.

Pero, para mí, no hay color.

Que lo disfruten.

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Amiga

A lo mejor no te esperé lo suficiente, quizá me pasaste de largo y no te reconocí.

Sea como fuere, ya no te necesito.

Por eso, puedo decirte que ojalá hubieras aparecido, ojalá.

Para tener una amiga a quien ver, con quien hablar de todo y de nada.

Una amiga con la que crecer, en la que confiar,

con la que pasar noches comiendo chocolate y hablando de chicos,

días quemando la tarjeta y contando cotilleos

y esas cosas que hacen en los anuncios y en Sensación de vivir.

Alguien que fuera para mí como una hermana.

La compañera de mi camino, el espejo paralelo,

paño de lágrimas, confesonario, eco de mis risas, imagen y semejanza.

Pero esperé y esperé, y no apareciste.

Puede que estuvieras demasiado lejos, puede que yo no te viera,

puede que te haya visto y no nos cayéramos bien.

No apareciste; sólo hubo espejismos.

Y largas noches en medio del pozo en el que me pusieron

para que las niñas me escupieran y me tiraran del pelo.

Largas noches de bebidas amargas en este pueblo maldito,

pueblo donde todo el mundo pertenece a alguien,

pueblo de animales marcados a fuego con el número de la bestia.

Largas noches de páginas de diario

garabateadas con recuerdos de fiestas de despedida y de cumpleaños a los que no me invitaron.

¿Dónde estabas entonces?

Te esperé para que me defendieras o, cuando menos, para que aguantáramos juntas.

Es posible que vinieras disfrazada.

Tal vez fueras un niño, una mujer anciana, un gato con los ojos muy dulces

o cualquier otra cosa que yo no imaginé.

O quizá tú también me esperaste y yo nunca llegué

y en este momento me llamas de todo mientras te preguntas por qué.

Ahora ya es demasiado tarde; no mires más ese teléfono, no esperes mis noticias.

Ya no estoy; ahora ya me he ido,

y es como si nunca hubiera estado ahí.

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Vas olvidando; aunque parecía imposible, vas olvidando.

El tiempo va echándose encima, como estratos de tierra sobre una concha de molusco, convirtiéndola en tesoro fosilizado.

Y un día, el recuerdo del recuerdo, de cómo era… es ya el único recuerdo que te queda.

Pero, ¿acaso no es ése el modo más leal de recordar, en cuanto que depende solamente de la voluntad del que así recuerda, de querer conservarte un poquito conmigo para siempre, aunque casi del todo ya te haya olvidado?

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