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Agua

Yo era fuego cuando nací. Tú, sabiéndolo todo, me hiciste así.

Fui fuego durante muchos años, la mayor parte de mi vida. Años siendo fuego impetuoso, colérico, fuego bravo, desafiante; o fuego fatuo; pero, de cualquier forma y aun en los fracasos, no sabiendo ser otra cosa sino fuego.

Podía arrasar cualquier cosa con sólo tocarla; en cambio, era vulnerable; la tierra podía sofocarme, la lluvia podía ahogarme.

Mi leyenda era un reguero de cenizas y de humo, de restos de un incendio sin objeto, sin sentido.

Hasta que me lanzaste la vida, como una red, como una batalla. Y entonces me hiciste agua.

El fuego fogueado se convierte en agua: mansa, blanda, callada y poderosa; tranquila, transparente, adaptable;

me hiciste un ser de agua, me diste una nueva naturaleza, me obligaste a doblegarme y a ser como tú querías que fuera; como era preciso que fuera.

Me hiciste de agua para que me rindiera, para que abandonara la futil resistencia

y volviera mi mirada a ti, quien me creaste, quien todo lo has creado, que todo lo sabes, que has escrito nuestra historia de principio a final, que acunas el mundo en la cálida oquedad de tu regazo, que nos miras, en silencio compasivo, pareciendo que no intervienes.

Me creaste de una forma, pero me castigaste con la vida para que alcanzara mi verdadera naturaleza y te conociera,

verdaderamente te conociera.

Para que fuera invencible, tuve que ser derrotada mil veces; ahora sé que nada puede superarme.

Y no porque sea más fuerte, ni porque sea más sabia que mis enemigos,

sino porque he aprendido lo único que necesitaba saber: a estar quieta y, a tu lado, conocer que tú eres Dios.

 

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Teenager

Nunca sabrás cuántas cosas has dejado de aprender, sólo por culpa de no querer escuchar.

Ahí, amurallada en tu rincón, te veo y te oigo en tu obstinado silencio de tan fuerte voz, y pienso: es como si tuvieras otra vez quince años.

¡Qué triste ignorancia la del que se ha hecho mayor y finge que no ha crecido!

Por favor, por favor.

Dime ahora, pero sin ira y sin patalear, dime ahora qué es lo que tanto te asusta.

Dímelo y sincérate de una vez.

No te juraré que te vayas a sentir mucho mejor, pero por lo menos superaremos este deja vu.

Y ya sé que es duro crecer, pero, por Dios, nadie lo ha hecho tanto más difícil como tú.

Y ya sé que en tu mente tienes veinte años, pero tu cuerpo ya no te sigue como antes, ya no te obedece como antes.

Y ya sé que da ganas de llorar sentir cómo tu cuerpo es una creciente rebelión, que todo va cuesta arriba, que avanzar ya no es ganar sino batirse en retirada, cada día un poco más, pero, por Dios, créeme, no todo es malo, somos muchos a este lado.

No quieres dejarte llevar por las olas, morir ahogado es una muerte cruel; pero no requiere esfuerzo; es más fácil que luchar por mantener la cabeza sobre el agua, los ojos abiertos, la mente despierta.

Nadas en este mar de inconcreción, de incertidumbre, de inercia; pero a veces oyes a las familias, oyes trinar los pájaros, y te preguntas dónde te equivocaste, cuál fue exactamente el error, de entre tantos errores, que fue el imperdonable.

Quisieras reencarrilar el tren que se perdió; quisieras haberle dado unos guijarros al niño que salió de su casa; pero no lo hiciste. Entonces, él siguió andando por el camino que no era, hasta que se cruzó con el hombre.

Y recuerdas, y el recuerdo es repugnante, pero irresistible.

Y lloras, y odias tu autocompasión, pero, a la vez, es tu alimento.,

Mírate al espejo y empieza por ahí; ése es tu primer frente.

Tantos pensamientos que te atormentan, los recuerdos confusos del ayer, mitificados en tu mente; la memoria siempre es mejor cuando enumera las mentiras.

Vamos ahora, busca un enemigo, fustiga tu amargura y domestícala, arroja esa bola de fuego en cualquier dirección.

Ese es tu sino, tal vez sólo así eres feliz, busca un enemigo.

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Anfibio

Volver a casa: unas vacaciones. Y después, todo lo demás.

Sacar la cabeza del agua, una bocanada de aire, y luego, otra vez, esto: sentirte rodeado por todas partes; por fuera; por dentro. Hasta aprendiste a respirar bajo el agua. Y creíste que eso era vivir.

Salir a tierra: ya no es firme; ya no notas que te sostiene, sino que es correosa, huidiza; dirías que ya no puedes fiarte de ella; no puedes saber que te va a seguir sosteniendo.

Así son todas tus antiguas creencias: de cuando eras tan joven que podías tener fe en lo que quisieras, y más que en ninguna otra cosa, en tu propia vida; en que sería siempre como la vislumbrabas entonces. Y ¿por qué no creerlo? Entonces, era real.

Pero ahora eres tú quien sostiene la tierra.

Sentías todo su peso sobre tus hombros, pero en realidad, son tus pasos los que van construyendo el puente.

No hace falta que veas; la oscuridad es total, pero no guarda secretos; te lo digo yo, que la he visto.

Son tus pies los que sujetan esta precaria parcela de vida, y todo lo que ella alberga.

Tus lágrimas importan a Dios, y si no a Él, importan por sí mismas; por tu coraje; por atestiguar que viviste.

Sigue ahí, pequeño istmo de vida, uniendo mar y tierra, viviendo tu pequeña vida anfibia en la que crees que te limitas a flotar, en la que te preguntas por qué sigues vivo.

Sí; tu existencia es muy pequeña, y sin embargo todo un mundo depende de ella.

Pero cuánto pesa otra noche en vela…

Y qué joven eras hasta hace nada.

 

 

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Evasión

Cuando ya no hay nada a lo que asirte, dime cuál es ese lugar al que huyes.

Quizá sólo por un segundo, antes de volver a tu realidad;

pero ahí estás, ciertamente: en ese espacio que has recreado en tu mente,

recuperando olores, sonidos, sensaciones que viviste una vez y luego

atesoraste

con el aroma de tu infancia, o de tu primera juventud: los lugares a los que vuelven todos, esos paraísos perdidos y tan superpoblados.

Un momento que has visitado tantas veces, retocándolo y decorándolo tanto

que ya no distingues sueño de realidad.

Sabes por cierto que allí estuviste aquella vez, que viviste en tu realidad algo que no parecía real, tan alejado estaba de tu normalidad: huiste por unos momentos, un tiempo indeterminado, camuflándote de desconocido entre personas nuevas que no te pedirían cuentas.

Allí fuiste feliz durante un tiempo, pues confundiste la extrañeza con libertad. Nadie te conocía, nadie te amaba, y esa soledad quizá te dio alas, aunque luego desaparecerían como lágrimas bajo la lluvia.

Esta fantasía tuya es ahora más real que la realidad que en su día tal vez fue; y es tu patrimonio inalienable; es falsa, pero nadie te la puede quitar.

Pero esto son sólo suposiciones; tu verdad puede ser muy otra.

Son sólo cosas que imagino al ver tu mirada perdida, hurtada por unos segundos a esa máscara que te pones, por la cual te conocen todos.

Quisiera saber cuál es en verdad tu secreto; dime pues, ¿cuál es el lugar más feliz donde no has estado jamás?

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Tao

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Tu realidad tiene algo de fantasía.

Tu fantasía tiene algo de realidad.

Muéstrate tú ahora, en tu irrealidad, tal como eres o crees ser.

Sin pensar; estate aquí un segundo, luego da el paso, lánzate al vacío

corre el riesgo de que todo desaparezca a tu alrededor

sin intentar hacer pie.

Sé como serías si nada fuera real, si todo lo que sueñas fuera intensamente real.

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Indeterminismo

La belleza…

La belleza y la fealdad están en el interior.

Son invisibles a los ojos, sólo se pueden ver bien con el corazón.

Pero

con el tiempo, encuentran la manera de aflorar al exterior.

Así que

cuidado con cómo es tu jardín interior.

Si vivimos lo suficiente, nos convertimos en aquello que somos.

Belleza o fealdad en constante estado de evolución –

la floresta o el secarral que llevamos dentro se adueña de nuestro rostro.

Somos puro destino autoelegido a cada paso,

cincelando en el semblante su verdad sin concesiones.

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Enemigo

No más otra vez (ahora),

en este no-libro nuestro del olvido no vuelvo a evocarte.

Eres mi enemigo más querido, el más antiguo, el que mejor conozco.

Sin verte ni oírte, puedo describir cada día tuyo, puedo redactar tus diálogos, puedo decirte cómo te sientes cuando cierras esa puerta.

Y, aunque creo haberte perdonado, sin embargo no puedo dejar de dedicarte mi odio más elaborado, el más acendrado, el que ya forma parte de mí.

No tienes culpa de quién soy, pero por ti soy ésta y no otra, por ti hice mil locuras, por ti tomé mil decisiones. Soy un poco tu obra, tú eres un poco mi creador.

También eres mi gran descubridor, el que me abrió tantas puertas, el que me reveló tantas estancias de la vida. Por ti supe del desengaño, por tu boca escuché las mentiras; gracias a ti supe que el silencio no sólo es un refugio, también el arma de los cobardes, que con el silencio condenan, con el silencio acorralan, neutralizan y matan.

Mataste tantas cosas, tantas, en mí,

que me obligaste a buscar semillas de plantas nuevas, a cultivar flores maravillosas, nutridas de la luz de la luna y de la misterios oscuridad de los invernaderos.

¡Sí!, también esto a ti, en parte, te debo.

Por ti tuve que aprender a explorar, a soñar, a crear

en formas esquivas, torcidas, extrañas,

en formas que nadie a mi alrededor comprendía; y menos que nadie, tú,

mi querido enemigo,

tan abstruso, tan romo, tan miserable en tu pequeña y predecible maldad.

Tan sólo yo entiendo estas partituras, tan sólo yo puedo oír esta música y conmoverme con ella.

Y fuiste tú quien me empujaste a crearla

Porque era eso, o morir bajo tu pie.

Eso, o morir una muerte callada y anónima, una muerte aturdida y culpable, una muerte inmerecida.

De cuando en cuando, ahora, nos vemos, me pregunto si me recuerdas como quisiera que lo hicieras, si te he marcado como tú a mí.

No, estas palabras vuelven a no existir, tú no eres nadie, tan sólo mi maldito creador,

no eres nada, tan sólo mi íntimo recuerdo, mi cicatriz de la infancia, una herida que se cosió, una llaga curada que, sin embargo, a veces, como un pequeño corazón, late y se siente.

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Algo bonito

 

Esto no puede esperar, es de vital importancia.

¡Dale!, haz algo bonito.

Haz algo que parezca primavera, algo que huela a mayo y abril

o a hacer novillos en junio para irnos a la playa.

Haz algo bonito, y hazlo pronto, porque se me nubla la mirada;

detén mis lágrimas antes de que desborden mis ojos e impida que vea

que todavía hay cosas bonitas, que siempre las habrá

mientras haya alquimistas que inhalen humo y cenizas y exhalen polvo de estrellas.

¡Rápido!,

háblame de cosas bonitas,

pero no me ahogues en entelequias; dime el nombre verdadero de las cosas,

háblame con palabras recias -luz, vida, justicia, esfuerzo-, no me escamotees lo auténtico;

háblame como hablaba Dios a Abraham, con un amor que es como un fuego eterno que te duele pero que te da la vida.

Dime algo bonito: dime la verdad, aunque me haga llorar, porque eso me permitirá crecer, limpiar mis heridas, ver la luz del sol.

No me ocultes la noche, ni el hielo del invierno; yo sé que existen estas cosas; no me apartes de ellas -también esto es la vida.

Hazme llorar y sécame luego las lágrimas; dame un abrazo tan fuerte que todo parezca quedar en silencio; no me digas mentiras; no adornes lo que es feo, pues yo ya lo he visto; haz todas estas cosas, si me quieres; haz lo que sea necesario; pero

¡dale!, hazlo bonito.

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La canción de Sara

Sucedieron muchas cosas pero nada cambiaba, hasta que sucedió la última cosa, y entonces yo cambié.

Y me pregunto, y te pregunto: ¿podrás quererme ahora que ya no soy aquélla? ¿La que te acostumbraste a ver, hasta que casi ya no la veías?

¿Podrás quererme, ahora que soy como las demás, ahora que no soy nadie especial?

¿Ahora que no soy diferente, ahora que no tengo que apoyarme en las paredes, en cualquier punto de apoyo,

fingir una sonrisa que tan grande se veía en un rostro estragado?

¿Ahora que ya no tengo en los ojos la luz febril de las fanáticas,

de las que no ven ni sienten el mundo, porque sólo pueden vivir dentro de su cabeza?

¿Ahora que ya no me encojo ni me hago un ovillo para guarecerme de aquel horrible frío,

ahora que no vivo del aire ni estoy a punto de volverme transparente?

¿Me querrás, ahora que no me ronda la muerte, ahora que no soy la encarnación de una idea romántica y enfermiza que, quizás, me hacía tan diferente, tan espiritual?

¿Puedes quererme ahora que soy sólo alguien que quizás te cruzarías en la calle y no volverías a mirar?

¿Que ya no tengo un Secretoemocionante que ocultar?

¿Que ya no hay misterios que expliquen mi existencia, ni mi estar-y-no-ser?

¿Ahora que puedes abrazarme y no abrazar una sombra, sino un ser real,

y que puedes mirarme y sentir la mirada que responde de una persona normal?

¿Ahora que soy una más, y no una menos?

Si antes, que casi fui perfecta, no me quisiste, o me quisiste poco, ¿podrás quererme ahora que ya no lo soy?

Ahora que sólo aspiro a vivir hasta morirme, y no a morir por no poder vivir,

¿me querrás, por fin, ahora?

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Brújula

Mi dolor tiene -ahora lo sé- un sentido.

No es en vano este inmenso vacío, este fuego que me devora, esta peste silenciosa que me enerva.

Tantas noches en vela, tanta paz que me ha sido negada por más que la rogaba, no son una enfermedad, ni una tara.

Puesto que gracias a ellas, yo podré

guiar a mi pueblo al jardín del Edén

guiar a mis gentes a prados más verdes

donde encontraremos árboles cargados de promesas,

verduras y plantas cuyo fruto nos aguarda

para alimentar a nuestros hijos, para asegurar nuestro futuro.

Yo, ahora inmune a más dolor, indestructible al hambre y a la carencia, pues me he forzado a sobrevivir en el abrazo de ellas,

llevaré a mi pueblo a los valles más deliciosos, al abrigo de dulces arroyos

cuyo regalo de agua jamás acaba,

a fragantes jardines donde la floresta nunca muere, la miel resplandece, al sol, dorada,

donde nuestro famélico ganado hallará pasto y lecho.

Mi fuerza será su puente, mi oscuridad será la estrella que los guíe.

Yo llevaré a mi pueblo, yo llevaré a mi amor,

mi muerte en vida será la suya eterna.

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