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Rubí

Una flor de sangre,
rubí de emociones,
la perla de la vida,
la gota de sangre de Dios.

Lo único que tenemos para siempre que es más que algo que va a morir.
Cuando yo era un puntito, tú ya me acompañabas,
me empujabas con gentileza, hacia adelante.
Cuando yo era una brizna, un hálito dubitativo
que no se decidía a vivir, tú irrumpiste,
decidiste por mí, bailaste la danza de la vida en mi lugar,
y ganaste para mí la gracia divina.

Mi animalito danzante, mi travieso diamante.
Estás siempre en mi corazón, aunque casi no piense en ti,
aunque seas el amigo que nunca me ha fallado,
aunque seas la parte de dentro de mí.
Si me dieran la vuelta como a un calcetín, por dentro sería como eres tú,
valiente, siempre adelante,
surtidor de vida eterna, alquimista que hace del desecho, tesoro,
el puñito del ángel niño que me asignaron, marcando el ritmo,
mi último testigo en vida, para dar fe de que he llorado, he reído,
he pensado y sentido, y en todo momento, aunque yo jamás te prestara atención,
tú me sostenías, en un vis-a-vis místico y delicado, tan sencillo
como una gota que cae de la nube a la mano.

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Es fácil de decir, por qué no me fui:
porque, una vez te vas, sabes que te vas a quedar allí para siempre.
Si no puedes comprender eso, eres un desalmado, porque el alma de cada uno es nuestro hogar.
Y a mí las plumas de mi primera cuna me pesaban demasiado, eran mis raíces,
hundidas en la tierra como los dedos del panadero en la dulce masa,
como la mirada del niño en la mirada de su madre.
Esas plumas fueron de acero, pesaban, tiraban hacia abajo,
como el ancla de un barco encallado que ya nunca volverá a puerto.
Hasta una mañana en que tiré yo más en sentido contrario, y con su acero
hice yo mi coraza.
Ahora añoro aún tierras prometidas donde nunca estuve, pero sé ya que son promesas como las palabras dichas en sueños,
hechas de sonidos de murmullos y de leves campanillas que se posan apenas un segundo en el aire.
Ahora sé que son esos sueños quizá los que me sostienen mientras camino
bajo la ilusión de las nubes grises, sintiéndome tal vez aprisionada, pero sólo a veces.
Mientras sorteo meandros y me cubro con tenues velos del color de la plata,
mirando a todos aquellos que me buscan, sin verme,
sonriendo como una anciana que no añora más su juventud.

Desde mi balcón, veo todo el jardín;
hasta los árboles centenarios que me han de sobrevivir, pero que, antes, me han entregado
todos sus secretos, vuestros secretos.
No me hace falta nada más, y ahora lo sé.
Aunque camine a solas, jamás lo estaré.
No me importa ser vieja aun en esta osamenta engañosa;
mi piel, que todavía brilla,
me protege de la tempestad.

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And when she turned around, real life was still there.

And real life took a little step forward and dropped itself over and onto her with all the intolerable weight of its massive corpus.

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Letter to myself

18 August 2009

I wrote this last night:

yours

the love you’ve once had, for people, for things in your life, for life itself… that love is never lost, even when the object of it (or the subject that ignited or inspired it) is gone or is no longer active… the love you’ve had is yours before anything else… it is in your heart forever… it is a treasure, it is the breath of God into you… it is the stardust and the original clay… it is always yours. That’s why we must not cry when we lose someone or something whom we’ve had love for… the love is never gone. Look back on the memories, and the love will resurface, and it will embrace you, and it will keep you warm. You are not the same person you used to be. You are better, you are stronger, you are closer to God, because you have loved.

But when I wrote this, I firmly believed it, and I still do. I will say more: it was a revelation for me. Here I am, typing in my weird manner, with hands fully lifted over the key pad. Writing things that cross my mind. Doing nothing, contemplating, realizing. When I wrote that, I was writing the truest words. The day had been very long, ensuing a night just as long. But when I wrote that, when I thought it as the words came from my mouth lying on the bed (they were both one thing, simultaneous), I had thought, well, I have just realized this, and I am fully empowered, because it is true… the love I have had is always mine, and is mine before being anything else. It never leaves my body, my heart. It has broadened the natural boundaries of my heart. It has made my heart roomier and my life experience richer.

Think of your life as a loaf of bread. When you are gone, or when the person or the object you loved is gone (for whatever reason), a new slice is cut. It is not gone, it simply abandons its first format. Does this make sense? Anyway, that’s that. The beauty of that moment, of that reality. Nothing ever leaves you. You can leave the bad moments behind, only come up with the good parts. There is always some result that you can keep in your heart. The knife cuts, but it doesn’t wound. It produces something. It reshapes the original material into something new, better, easier to handle. That’s what happens in life.

There are many things I still don’t know how to process adequately, and perhaps I never will. I have to accept that. Destiny is all about acceptation of things that you cannot change and you probably never will be able to change. It is about that, and the sooner you learn that, the better equipped you will be for life. As I type these words, I look back on my past, on the things that have made me happy at different stages of my life, and I realize that they are in fact all mine, but not only that. They are my little world. My little world is who I am. It is not a separate entity from me, nor is it a getaway where I run to when I want to isolate myself. No. It is not a capsule. It is just a cave where I sit sometimes. I listen to the silence around me, I look down at my body, my legs slightly curved under my body, my hands sometimes open and others closed as fists. I let go. I remember the things that I love. They are all mine, they come back to comfort me. It doesn’t matter who else likes these things and who doesn’t. It doesn’t matter that some think they are ridiculous things to love or that they make fun of them. They are mine, they are mine. They travel with me wherever I go. This love of mine will never leave. It is all mine. It is ours, it expands well beyond me (and that’s the way it’s supposed to be, precisely), but it is mine. It emerges from my heart, like a tidal wave. It engulfs me, it embraces me, it drowns me. It is my passion, my heart, my passion, my death. My little death every moment. My heartache, yes, every moment. Secret little instants of joy, all mine, left in my hands like little chests of treasures. Open them and each of them contains a gift. They are mine, all mine, forever. I will treasure them in my heart. They will always be with me, conforming the person I am. And they will bring me with them to my old age, an old lady spent, a long life experience, cherished memories, hard times had and gone through. And after all else is gone, my love, all the love that I’ve ever had, every single moment and teardrop and drop of blood spent, they will return to me, because they had never been gone to begin with. Mine, all mine. When my soul separates from my deceased and decayed body, all it will have will be the love I’ve ever had. Mine, all mine. Greater and truer than my human form, greater and truer than my memories, and above all greater and truer than the pain. Liberating me from the pain, validating my tears, putting me to sleep, joyous sleep. Filling my tired soul with peace. This is all that it was, but this is everything you will ever be. Don’t be ashamed of yourself. You did the best you could. Don’t look back in shame, or in bitterness. Your love has saved you. Your love is God. Your love is all you are. Yours, all yours.

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El despertar

La semilla está plantada… crece el terror.

-La invasión de los ladrones de cuerpos

No me siento insegura, no me siento amenazada, y sin embargo, la amenaza flota en el aire. No me siento asustada… conscientemente. Sin embargo, hay algo en este mundo actual que no está bien. No sé qué es. No soy realmente consciente. No lo analizo de forma consciente. Es sólo… un olor a podrido. Sí, eso es: huelo esa podredumbre, esa corrupción. La huelo. No he visto el cadáver, ni he encontrado el arma del crimen, sin embargo, sé que hay un muerto. Un muerto que quizá lleva muerto desde mucho antes de que la fiesta tocara a su fin, mucho antes de que se acabara el ponche y hasta el más tonto pudiera darse cuenta de que todos estábamos borrachos. Sí; la podredumbre empezó como un tufillo sutil, y nadie reparó en él hasta ahora, hasta que ya es incuestionable.

Lo que menos importa es dónde está el muerto o, quizá, hasta quién es ese muerto.

Lo que importa es que ese crimen sucedió, y fue aquí, en este paraíso.

El paraíso empieza a corromperse cuando uno solo de sus átomos se corrompe.

O, dicho de otra forma, una cadena es tan fuerte como el más débil de sus eslabones.

Un día, el infierno nos parecerá tan normal. Un día, la cocina del infierno nos parecerá la cocina de nuestra casa. Veremos las mayores atrocidades, y no moveremos un dedo. No nos inmutaremos. Seguiremos caminando tranquilamente hacia el metro, el autobús, nuestro tranquilo y previsible puesto de trabajo, nuestra habitación, el cine. Vamos a bailar, no importa que esté lloviendo agua ácida. No importa que el diablo en persona esté agitando su cola delante de nosotros, haciendo un circo con nuestros disparates, con nuestra estupidez. No importa nada de eso. No importa que todo huela a basura, que ya no haya verdadera belleza, que no haya verdadero amor. NO importa que las personas estemos tratando a las personas cada vez más como si fueran máquinas o muñecos que como personas. No importa. No importa que los niños dejen de serlo cada vez más temprano, que la justicia sea una mera lectura interesada de la ley de los hombres, que la gente eche tomates a las iglesias y se ría del único Dios verdadero. No importa que a todos nos parezca tan bien ser gobernados por ineptos, imbéciles, ignorantes, inútiles, malvados, o cualquier combinación de los anteriores.

Ese día ya ha llegado. Ya estamos podridos. La corrupción viene de dentro afuera, de dentro afuera. Nació en nuestros corazones. Adán y Eva se miraron y vieron que estaban desnudos, y se apresuraron a cubrirse con hojas de parra, y quisieron escapar, mas el sufrimiento era suyo para siempre. Y quisieron hacer caso omiso, pero Dios los persiguió. Dios nos persigue aún, y nosotros creemos que nuestra estupidez puede disculparnos.

No; no puede, porque en nuestra estupidez, nos permitimos ser malvados, insolidarios, injustos, crueles, animalizados.

Somos bestias, y seremos devorados por bestias.

Mientras tanto, llegará el día en que no importará el daño que hayamos causado, porque Dios lo borrará del alma de las víctimas, y a su vez nos retribuirá con el mismo daño que hayamos causado, en su misma proporción e intensidad.

Mientras tanto, fingimos no pensar, no darnos cuenta, no ver, no saber.

Hay una cosa que leí una vez, y ya entonces pensé que era verdad, pero aún tardé tiempo en hacer algo al respecto: si quieres cambiar el mundo en la medida en que puedas, cierra tu Facebook y abre un blog. O no tengas blog, pero no seas un pez en un acuario, medio muerto en vida, esperando a que te pesquen, esperando tu ración de plancton congelado, esperando tu patito de goma, esperando tu cebo, esperando tu muerte plácida y tu entierro en un plato de porcelana. No esperes más. Haz lo que debas hacer, pero hazlo. Quédate donde estás, pero piensa. Pensar ya es hacer algo. Saber ya es hacer mucho. No rendirte es hacer todo lo que puedes hacer. Y ya es bastante.

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Extraños días entrando por la derecha; doblando la esquina, acercándose a toda pastilla.
Tan extraños, que no puedes distinguir unos de otros.
Amontonados como sacos de cemento, como sacas de sal gorda.
Días extraños que crees que no vas a olvidar, pero que caerán en el fondo del pozo, como una gota detrás de otra.
Los nombraste los más felices de tu vida.
Esos días de 35 grados bajo cero y auroras boreales;
entregando tu cuerpo en saunas vacías, a la luz de la nieve
y pisadas que crujían tan sólo unas láminas más allá.
Es el reino del hielo, aquí estás en tu elemento,
imágenes ralentizadas hasta el paroxismo.
Días pasados con gente que, para ti, ya murió.
Minutos engastados en un cordel de pita, un rosario baladí.
Una estampa triste y anodina como el redoble de un tambor deslavazado.

Desparramados recuerdos sobre la alfombra de percal.

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“The Room” (21-I-2012)

The Room is one of the most important films of our era, and if you have been alive in these times, I think you might find it an engrossing watch. Every cultural and social, and even psychological and emotional expression that is typical of today’s Western civilization’s members can be subsumed in and allegorized by The Room.

What is more crudely descriptive of most of today’s apparent friendships than Johnny and Mark’s “You’re my best friend” kind of relationship whereby the claim of bestfriendship is much more important than the actions that silently go under that label -undermining the very essence of it?

"Maybe I already have a girl... and it's *your* girl!"

What can be more in-your-face real than Johnny’s and Lisa’s ill-fated love story, with the passional fireworks occupying about 5% of it, and indifference, boredom, lack of understanding or even hate making up for the rest?

This is where 99.99% of Hollywood movies end. Doesn't mean the story is over.

What could be a better mirror reflection of the person obsessed by appareance and physical perfection than the super-musculated, seemingly around-the-clock airbrushed and not-completely-real-but-hey-he’s-real looks of Johnny? Is there any better expression of our painfully superficial caring for ourselves and for others than the “I definitely have breast cancer” “Oh mom that’s a shame, would you like more coffee?” dialogue?

Oh, this coffee is so good! Oh, yeah, and I have breast cancer.

Is real life casual sex the epitome of physical pleasure and carefree, enjoyable young-and-urban lifestyle, the way most movies depict it, or is it rather the prelude to the ridiculous “I lost me underwears” monologue in this movie?

Draw your own conclusions. I will just say this, and I’m very aware of my tone and choice of words: Everything that is typical of the time we’re living is in The Room. Everything *is* The Room. It is not a movie -it is the ultimate cultural experience of our times.

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Saberte el único que se siente de una determinada manera, y saber que siempre vas a ser el único, porque los hechos, lugares y tiempos que te inspiran esos sentimientos son una cápsula infinitesimal lanzada en un sputnik a la marea negra del tiempo y del olvido, además de por haber sido bendecido o maldecido con una conciencia espesa y absorbente como un cacto del Sahara, es la forma más excéntrica que conozco de sentirse absolutamente solo.

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Estoy buscando la Tercera Vía. No es la de ellos, no es la que venden bajo un nombre con pegada; es la mía, sólo que aún no la acabo de encontrar porque todavía no soy impermeable, y cuando no es una cosa es otra.

La Tercera Vía es la solución. Es la alternativa (porque hay alternativa) a la Locura y a la Creación. Puedes sublimar tu bicho interior de esas dos maneras, que son las más frecuentes.

O puedes optar por la Tercera Vía. No puedo decirte en qué consistirá la tuya; sólo conozco la mía. Es la Vía de la paz íntima. Tan interior, que no se puede explicar, pero tampoco se acaba de sentir orgánicamente. Es íntima como un dolor de ovarios, como la descarga eléctrica de un nervio molar. Así es; así de inexplicable e inaccesible. En un momento está ahí y al siguiente ya no.

No tiene ni nombre, yo le he puesto Paz Íntima porque, aunque es un nombre cursi, es mío y es lo más aproximado que puede ocurrírseme.

Es la ausencia de ella, por ejemplo, lo que hace que esté aquí sentada escribiendo esto en lugar de descansar cómodamente en el sofá, leyendo el libro que me tiene enganchada. Es su ausencia lo que me hace correr desesperada tras los pensamientos e ideas que estallan como petardos de una traca, sucesivamente, en mi cabeza mientras carezco de cualquier tipo de herramienta para escribir su rastro.

Nunca dejaré de buscarte, y te encontraré cuando finalmente deje de buscarte.

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I am that kind of person
Who can stare at a picture and be mesmerized
And perfectly happy, without sunshine, without music
even without air, perhaps.
I am that kind of person
who will listen to a foreign language
and try to decipher it within the first sentence
and -not any more- be afraid of making mistakes.
I am that kind of person
who is thrown into misery
for one misplaced second
or a slightly cross glance
from someone I haven’t seen before.
I am that kind of person
who will relish in her own fragility
but stand back up on her tough old bones
every single time.

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