Archivo mensual: abril 2017

Isabel

Siendo ella pequeña, le mataron a su hermano en la guerra.

Muchos años después, siendo yo pequeña, hablaba ella de la muerte con total desparpajo,

como se supone que corresponde a una religiosa.

Era, como se les supone a las religiosas, tenaz y muy recta, sin que la rectitud llegara a ser nunca intransigencia ni cerrilidad.

Sabía muchas palabras, era la reina de los libros en un convento de cuento de hadas.

Y hablaba de la muerte con mucho desparpajo y naturalidad.

Con una sonrisa franca que poco le veíamos; como buen ser humano, tendría sus preocupaciones,

pero morirse un día no era una de ellas.

Intentaba inculcar el amor por la lectura, enseñaba lo mejor que podía,

pero un hatajo de preadolescentes puede poner de los nervios a cualquiera

hasta a la más inteligente y devota hija del Señor.

Me dijo una vez que jamás me olvidaría, ojalá el mal del olvido no le arrancara su promesa ni mi estampa.

¡Qué gran orgullo y qué gratitud, ahora que tampoco soy una niña

y las palabras adquieren su peso y se remansan en mi alma!

Ahora vuelvo la mirada atrás, después de los años locos de mi juventud en los que nada me importaba, y recuerdo, y veo más nítidamente

a aquella pequeña figura de negro, humilde pero orgullosa, que con modestia y con perseverancia me ilustraba;

ella se alza ahora a través de las neblinas del tiempo, reclama su puesto

junto con tantos y tantos seres que una vez quise y no lo supe hasta ahora.

Sonría, hermana, póngase guapa, que en realidad fue usted siempre bien lozana y de buena prestancia.

Cuénteme otra vez la historia de su hermano, aquél que murió tan joven (“bueno, claro, le mataron”), ayúdeme a sobrellevar el frío que a veces la mente me atenaza.

Dirán ahora algunos con suficiencia, “una vida desperdiciada”,

pero ¿cuál de los hijos del hombre, en realidad, decide su destino, elige su vida?

Sonría, hermana, póngase guapa, mire a cámara, que al otro lado la espera Dios.

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Mitología

Así como cada infancia debe tener su mitología,

la mía era aquella mansión semiderruida y, aun así, aparentemente,

todavía habitada.

Cómo podía yo contentarme con aquel espacio, no lo sé;

cómo no imaginar un algo más, cómo hacer que cupieran todos mis sueños

en el tramo mediante aquella caseta abandonada y aquel patio trasero infestado de hierbajos,

pero así era.

Mansión con su lujo avejentado, con su hechura tenebrosa,

sus tejados apuntando en cúspide hacia el cielo,

su fantasma rondando los alrededores, de noche (pienso yo) y de día,

su leyenda (totalmente fantaseada) de seres de ultratumba que habían dejado su impronta

bajo las baldosas destrozadas por el tiempo y la negligencia.

Ese lugar me dio vida, pero también mató nuestra amistad;

si arrancaran de raíz los feos edificios que ahora ocupan su sitio, encontraríamos quizá allí algunos huesos resisentes al tiempo y a las ofensas,

huesos dulces como el recuerdo, cálidos pellejos que reivindican valerosos un ayer que nadie recuerda

salvo yo.

Tu mitología, mi amor, es mucho más hermosa:

un palacio todavía orgulloso y en pie,

un jardín inglés con millones de guijarros que puedes coleccionar,

con su fauna y su flora exuberantes, llenas de vida,

para ti, para ti, sólo para ti.

Con arañitas que podemos ver pero no tocar,

con hormigas que observas durante horas, fascinado por su vida enfebrecida,

con flores cultivadas y otras silvestres,

con árboles y hasta una mesa de piedra donde antes hubo un cenador

para aquellas familias nobles

de cuya sangre no tiene la tuya celos.

Pero es que aún hay más:

porque tu mente maravillosa abarca más, mucho más,

no se contenta con cuatro paredes, ni aunque estén hechas de aire de primavera;

no busca, ni quiere sueños prestados, fantasías caprichosas.

El mundo entero es tu mito, y aun el universo;

tuyo es el cielo, tuya la tierra, allá por donde vayas

rendida a tus pies.

Tú no tendrás que llorar por ninguna soledad impuesta, mi amor.

Tú no; si alguien ha de llorar, que sean los que no te merecen.

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Poesía completa de Cavafis

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En efecto, tenemos la gran oportunidad de disfrutar de la poesía completa de Constantino Cavafis, de la cual sus llamados poemas canónicos, siendo los más conocidos y los más difundidos, son solamente una parte. En esta edición de Bádenas de la Peña está todo lo que podamos desear leer de Cavafis, sus originales en griego y su traducción al español, con comentarios –que contribuyen muchísimo a arrojar más luz sobre poemas que requieren de conocimientos de la cultura y la historia grecolatinas para su completo disfrute–, bibliografía, detallada biografía de Cavafis y una introducción que por sí sola ya es un estudio en miniatura, a la par que glosa y ensayo de presentación, de la vida, obra, psicología y voz poética de Cavafis.

Reseña completa: http://www.librosyliteratura.es/poesia-completa-de-cavafis.html

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