Mecenas

Poderoso señor, mi mecenas, mi benefactor, daos a conocer cuanto antes, por favor.

Cada vez se hace más patente la necesidad de vuestro amparo, de vuestra merced.

Compasivo y sensible caballero, entrad en mi vida, bendecidme con vuestra generosidad.

Yo os brindaré cuanto tengo: mi mucho o poco arte, mi conversación, mis canciones.

Cantaré y alabaré vuestro nombre del uno al otro confín, mientras tenga voz y pluma.

Ni en Roma, ni en Florencia, ni en el papado, ni en ningún imperio ni condado

habrá habido otro como vos; yo me aseguraré de que todos lo sepan.

Os lo suplico, buen señor, presentaos, elegidme; no os defraudaré.

Permitidme soltar la carga de este mundo hostil,

libradme, con vuestro gran poder, de tanta fealdad, de tanta vacuidad.

Dadme la oportunidad de ser libre, de vivir

sin cuidarme de tantas vulgaridades, de tantas mezquindades

sin tener que sacrificar mi tiempo de vida en nombre de tanta vileza.

Dadme la gracia de poder alzar mi voz, de cantar, de denunciar, de clamar, de elogiar,

viviendo la vida que siempre soñé, ensalzando la belleza, volando por encima de lo material, de lo vulgar, de aquello que no perdurará,

siendo dichosa en mi búsqueda de lo inmortal, de lo espiritual.

Venid, poderoso y gran señor mecenas, no me dejéis arrastrarme más.

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