Inmortal

Habían pasado

muchos, muchos años, con muchos, muchos lances y cambios.

Pero la cuestión es que este hombre era inmortal; ya nada le afectaba.

Había muerto muchas veces en la misma vida.

Había muerto de amor,

había muerto de horror,

había muerto de odio,

había muerto de rencor,

de curiosidad,

de ambición,

de deseo,

de avaricia,

de insatisfacción,

de plenitud.

Había muerto de tantas y tan diferentes formas,

que ahora ya una nueva impensable le era,

y de todas maneras, ¿qué importaba?

De aquellos momentos no guardaba ya el menor recuerdo,

ni siquiera un recuerdo del asombro o del dolor;

tan sólo conservaba el poso de la lección aprendida, de la sabiduría ganada.

Ahora era viejo, pero sus ojos brillaban con un inacabable fulgor.

Había muerto muchas veces; ahora ya era inmortal.

La vida entera lo esperaba;

el universo, la existencia y la dicha toda lo esperaban.

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