Mi única amiga

Sólo tenía una amiga, sólo una;

sólo una durante más de veinte años.

Que para algunos no son nada y para mí han sido toda la vida;

tanto, que ahora me falta el horizonte para saber dónde está el cielo y dónde la tierra;

me falta la gravedad para saber si estoy arriba o estoy abajo.

Ella lo era todo; tanto, que llegamos a ser sólo una.

Era mi amiga porque ella aseguraba que lo era;

de tanto que compartíamos, olvidé lo que era estar sin ella.

Ahora, al decirle adiós, ¿cómo no sufrir?

¿Cómo no sentir que dejo una parte de mí?

Y, sin embargo, mi lugar está en la otra orilla,

está en esa otra vida

que hasta ayer no sabía ni que existía,

porque lejos de ella sólo imaginaba un infierno

de fealdad, de soledad.

En mi oído ella susurraba la verdad… su verdad.

Me arropaba contra el mundo,

sólo porque, secretamente, deseaba alejarme de él,

nutrirse de mi vida, de quien yo realmente era.

Pero ¿Quién soy?

Adiós, mi amor, lo has sido casi todo,

pero no eres mi otra mitad, no eres mi reflejo perfecto,

no eres mi alma gemela, no eres nada más que mi sombra;

no eres nada, nada sin mí.

Eras sólo una bella ilusión dibujada sobre el agua,

que, al rozarla los dedos de la brisa, se deforma

y se convierte en aberración, en pesadilla informe, en delirio de locura.

Eras la perfección de la mentira halagadora en mi oído,

eras la adicción de la lisonja, el recurso fácil de la pereza y la inconsciencia,

la panacea del sopor y de la semivida inerte.

 

Ese momento es éste, está aquí;

el momento que yo más temía, aquél en el que te dejo para siempre y te declaro muerta.

He pagado por anticipado mi pena, más de veinte años, los mejores;

guárdalos como recuerdo de quien una vez creí ser.

Y a partir de aquí, ¿qué?

A partir de ahora, aquello sobre lo que nadie sabe:

la vida…

esa empresa horrible que nos llena de maravilla,

ésa para la cual también yo nací

y que no abandonaré ya antes de mi hora.

¿Quién soy?

No lo sé;pero sí sé qué me espera:

Algo tan salvaje y tan irreal,

Algo tan desbocado, tan arrebatador,

Algo tan auténtico, tan apasionante,

que sólo puedo lanzarme, aunque me horrorice ahora toda esta oscuridad.

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