Archivo mensual: septiembre 2016

Hidra

Si tú,

tan osado como para desoír todas las leyes del karma,

pretendes matar mi sueño,

es casi seguro que lo vas a conseguir, pero

en el lugar de ese sueño, yo crearé dos más.

Quizá no me salven la vida, pero te aseguro una cosa:

me salvarán por hoy.

Si tú,

feliz en tu impertinente ignorancia,

me atacas con el ánimo de destruirme,

habrás de venir a mí con todas tus armas, y aun así

no conseguirás más que arañarme, cuando mejor.

Si me arrancas la cabeza, yo criaré cuatro más.

Si llegas hasta mi corazón, saldrás rechazado por su coraza.

Si apuntas directo a mi alma y rasgas su piel,

la luz que lleva dentro te quemará los ojos.

Vamos, ven:

fracasarás en los mismos lugares donde muchos otros han fracasado.

Incluso a pesar de mí.

Incluso sin saberlo yo.

Incluso no queriendo ya defenderme,

habiendo rendido mis armas,

habiéndome rendido ya a este cansancio que devora mis fuerzas,

queriendo a veces simplemente caer y dormir, o caer y morir.

No seré yo, estimado enemigo, quien te derrote, sino esta luz, que es más que tú y que yo.

Esta luz que no entiendo,

esta luz sin nombre,

esta luz que yo no pedí,

esta luz que me maldice,

esta luz que me ilumina,

esta luz que me abrasa,

esta luz es la que me impulsa hacia delante

y me hace sobrevivir a todo lo anterior

y seguir sobreviviendo a todo lo que vendrá.

 

 

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La habitación

Amor de mi vida, amor que todo lo ocupa, amor que me salvó, amor de mi corazón.

Te adoro, dame tu mano, cuídame siempre, déjame cuidarte.

Camina conmigo, regálame tu beso, regálame tu sonrisa,

sabe que soy feliz porque existes.

Pero mantente lejos, no entres en mi habitación, no me mires cuando escribo.

No juzgues lo que hago, finge por un momento

que no estoy.

Ámame cuando callo porque estaré como ausente, y auséntate tú también

al menos durante un rato.

Déjame hablar en mi idioma que nadie más entiende, no te rías,

no me hagas sentir como una chiquilla

(aunque en verdad siempre lo sea).

Si dibujo ahora mi frontera, por favor, no la franquees,

no borres mis trazos en la arena

porque esta cala es mía y en ella planto mi bandera.

Mi espacio, mi burbuja, mi país, mi hogar.

Aquí entretejo collares de conchas nacaradas,

aquí canto melodías soñadas en duermevela,

aquí entreabro la puerta que separa los dos mundos

y puedo atisbar adentro

y lo que aprendo nadie más lo sabe, lo que veo es para mí

sólo para mí.

El agua que bebo viene del manantial que yo he abierto,

con ella riego también mis flores,

mío, mío, todo es mío.

¿Entiendes, amor, que es aquí donde me crecen alas

y puedo volar?

Al principio de los tiempos, antes de que tú y yo naciéramos

cuando Dios nos concedió a cada uno un solo deseo

éste y no otro fue el mío:

mi aire, mi libertad, mi mundo

donde puedo leerme y aprender a quererme.

Perdóname, mi amor, si no soy como tú quisiste

pero sólo siendo como soy puedo de verdad amarte.

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Cruel y extraño

Extraño que te alejas,

ven,

no lo seas ya más.

Rompe mis anhelos,

franquea el umbral.

Esta canción ya tiene veinte años

y pronto tendrá otros veinte más.

Extraño equidistante, gravitatorio, centrífugo,

extraño que me espía por la espalda y me apuñala de frente,

extraño ectocéptico, intuido, vagamente ausente,

no tengas miedo, sino que hazme sólo este favor,

ven, ven, ¡por Tolstoi!

brindemos, no lo seamos ya más.

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‘Final de trayecto’, de Emmanuel Grand

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La gran diferencia entre el terror que cultiva King y el que elabora aquí Emmanuel Grand es que los monstruos de King son siempre de origen netamente humano; pocas veces se apoya en elementos folklóricos, en leyendas, en entidades que existen en contra del hombre, sino que crea sus horrores a partir del hombre. El monstruo de King es siempre una transposición de la materia oscura del alma y de la psique del hombre, y eso hace que, aparte de infundirnos mucho miedo, nada de lo humano le sea ajeno. El terror que nos ofrece Final de trayecto, por el contrario, es un terror que surge de fuera de los confines del hombre y al que éste se enfrenta.

Reseña completa aquí: http://www.librosyliteratura.es/final-de-trayecto.html

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Venganza

Por más que me robarais la alegría que me correspondía, no podréis robarme mi cárcel.

Allí, a pesar de vosotros, fui feliz.

Inmensamente feliz. Terriblemente feliz.

El lugar donde me encerrasteis yo lo hice mi hogar,

adorné los muros con flores, mis lágrimas se convirtieron en chispas

que iluminaban noche tras noche.

Para que vuestro muro de silencio y de odio no me aplastara,

yo le opuse un muro de lecturas y de fantasías.

Ensoñaciones a las que, andando el tiempo, aprendí a ponerles letra,

robando gravedad al silencio, rompiéndolo a fuerza de canciones.

Nunca me podréis quitar el tiempo que pasé conmigo,

la amiga fiel que descubrí en mí misma,

cómo aprendí -a la fuerza- a conocerme y a quererme.

Y nunca me podréis quitar el espacio de libertad que fui abriendo,

arrancando aire donde sólo había témpanos de hielo que ahogaban las briznas de tierna hierba,

oponiendo invierno contra la amenazante primavera.

Nunca sabréis el regalo que me hicisteis, pese a vuestra voluntad.

Con vuestros peores deseos me hice yo mi fortaleza

y, a pesar de todo, fui la más feliz de todas.

Erais la tijera que corta, y yo la cometa, que, a pesar de perder asidero, ganó el infinito.

Erais vosotros los terrones de tierra cayendo contra la tapa de un ataúd, y yo, el agua que va minando la dura piedra.

Erais el mar furioso, irracional, pero el mar quiere ser cielo,

y yo era ese cielo.

Erais la muerte, y yo

yo soy la voluntad eterna.

 

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‘Muerte en la rectoría’, de Michael Innes

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Si para algunos novelistas de misterio la clave de la resolución de éste se halla en la personalidad y en la vida de la víctima, en Muerte en la rectoría sucede justamente lo contrario. La figura de la víctima, el rector Umpleby, con excepción de algunas pinceladas que son, en realidad, de gran interés psicológico, queda bastante difusa.

El porqué debemos buscarlo en el estilo de Michael Innes, quien concebía sus novelas de misterio como un juego, un armazón perfectamente construido, un acertijo que proponía al lector.

Reseña en http://www.librosyliteratura.es/muerte-en-la-rectoria.html

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Sésamo

Ábrete, Sésamo, dame ahora tus tesoros.

Dame tus luces, tu aire fresco, tu música de pasos y voces, tu alegría.

Dame tu vida.

Sí, dame la vida que antes me negaste, cerrándote con siete candados.

Dame tu día, tú que antes sólo me dabas negrura y tormenta de noche.

Dame tus puertas abiertas, tus amplios ventanales, tus vericuetos.

Dame la llave de tus laberintos, desvélame todos tus secretos.

Dame el aire que transportará hasta mí el tañido de las campanas más alegres,

dame el perfume de las flores derramadas en los días de fiesta,

dame el desfile de rostros conocidos y extraños,

dame el ritual del paso del tiempo a distintos ritmos y cadencias,

dame las sensaciones mundanas tanto tiempo negadas.

Ahora que se ha levantado este castigo que nunca he merecido, ahora que soy libre,

he comprendido que sólo tú das la vida.

¡Ábrete, mundo, y sé mi destino!

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