Afortunada

Seres densos como el plomo, de pasos pesados, susurros en la noche como la voz de una serpiente

que avisa de su presencia justo antes de saltar sobre el pajarillo.

Salieron a mi encuentro con cuentagotas, a solas o en manada, di que qué más da, el resultado fue el mismo.

Una serie de factores a un lado y una equis solitaria, marcando su posición, al otro.

Inevitable como el vacío espantoso del hueco del ascensor,

nauseabundo como el atropello que sucede a unos centímetros de ti sin que puedas evitarlo.

Así pasó todo, primero una vez y luego otra, parecían personas diferentes pero eran una y la misma.

Y ahora sé por qué viniste, y ahora sé por qué viniste a por mí.

Para endurecer mi piel, para enseñarme a devolver los golpes, para hacerme un escudo de mi silencio, una espada de mi mirada.

Para subir la cota del terror hasta un nivel en que ya nada ni nadie posterior lo pudiera superar ni aun rozar.

Todo lo demás: peccata minuta.

Todo lo demás: pelillos a la mar.

Todo lo demás: una chapa de consolación en las olimpíadas del horror.

Dejar hacer, dejar pasar, sin torcer el gesto, sin alterar mi aliento.

Dejar hacer, observar mientras pasa

la caravana de carros y carretas

sobre el puente de plata.

Ahora sé por qué viniste, ahora sé que no fue gratuito, ni un castigo por pura ojeriza.

I’m glad you came.

I’m glad you came.

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