Conectados

Algo que venía yo barruntando se ha visto ratificado por un artículo leído ayer en un periódico cualquiera. Y esto me ha hecho reflexionar. ¿Por qué La patrulla canina es la serie de dibujos animados más de moda?

No es que se hayan puesto todos de acuerdo para que así sea. Y el círculo de cada familia a cuyos hijos La patrulla canina les parece lo más es siempre forzosamente limitado. Los seis grados de separación (o unión) entre dos personas cualesquiera tampoco explican por qué, en un tiempo tan relativamente corto, La patrulla canina se ha convertido en la serie preferida de una inmensa mayoría de niños de varias edades. Y no me sirve la posible respuesta de que es la serie que emiten en determinada franja horaria en la que puede que una mayor cantidad de niños sea susceptible de estar viendo la televisión, porque los niños ven la televisión en varios momentos del día, en todos los cuales siempre hay en antena, en alguna de las muchas cadenas sintonizables y de recepción más o menos generalizada en todos los hogares, algún programa adecuado para ellos y que reúne las cualidades para haber podido ser su favorita; y, sin embargo, no lo es; es una en concreto. ¿Es que los niños se han mensajeado por whatsapp y se han animado unos a otros a ver la serie y a declararla su predilecta? Pues no parece probable tampoco. ¿Será cosa de una campaña de marketing orquestada a tal efecto? Que yo sepa, no. Además, ¿qué interés podrían tener los programadores o responsables de las cadenas para elevar a los altares a esa serie en concreto en detrimento de otra cualquiera?

Lo que sucede con La patrulla canina es lo mismo que sucede con una prenda de ropa en una determinada temporada, una canción o un grupo de música, una novela, una costumbre o moda social o cualquier otro fenómeno de los que calificamos como “de moda”. En realidad, no hay una explicación racional. Recuerdo que, hace ya algunos años, algo me movió a querer leer un determinado libro de los muchos que se ofrecían al lector desde las estanterías de novedades de mi biblioteca local. Aclaro que soy bastante exigente con los libros que escojo a ciegas para leerlos, porque, a fuerza de haber leído lo que yo considero que es bastante, sé de antemano con gran nivel de acierto y probabilidad si un libro equis me va a gustar o no, y casi hasta cómo está escrito y cómo va a terminar. Pues éste lo escogí. Más tarde -subrayo este matiz- me enteré de que era el libro de moda. Se titulaba “Los hombres que no amaban a las mujeres”, de Stieg Larsson. ¿Es que miles -o millones- de personas de todo el mundo se vieron impelidas, como yo, a elegir a ciegas ese libro cuando lo vieron en la estantería -seguramente mucho más nutrida aún que la mía- de su biblioteca local o de su librería habitual?

Hay manifestaciones de otro tipo -de muchos tipos-, como lo muestran todos los pequeños y grandes movimientos sociales y culturales que abarcan a una parte significativa y de peso relativo suficiente en cualquier momento de la historia y que se producen no en forma de círculo concéntrico, sino en forma de pequeñas erupciones que suceden a la vez en distintos lugares, sin que esos lugares estén comunicados de una forma que explique por sí sola esas erupciones.

Lo más increíble es que este fenómeno de coincidencia o de misteriosa simultaneidad es que se manifiesta especialmente entre personas con vínculos de amor o de afecto entre sí. Es entonces donde llega a su máxima expresión. ¿O es que no os ha sucedido nunca encontraros sintiendo lo mismo que una persona muy cercana, sin mediar experiencias compartidas que pudieran explicar las emociones y los sentimientos? ¿O sorprenderos viviendo análogas sensaciones físicas, por ejemplo, algún tipo de dolor localizado en la misma parte del cuerpo -incluso teniendo el mismo tipo de accidentes? ¿O sabiendo por intuición cuándo algo significativo le ha sucedido a la otra persona?

Se pueden aducir distintas explicaciones para estos fenómenos. Una que a mí me gusta es la existencia de una mente común, es decir, una única supermente a la que estamos conectados todos o de la cual somos emanaciones. Como si fuéramos minúsculas neuronitas de un único megacerebro. No todos pensamos y sentimos las mismas cosas al mismo tiempo, eso es inimaginable, pero sí que nos mueven, en ocasiones, iguales querencias, filias, fobias, impulsos y decisiones que no tienen una explicación totalmente racional y a prueba de bomba.

Es cosa de pensárselo la próxima vez que nos encontremos siguiendo una moda sin que nadie nos la haya publicitado.

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5 comentarios

Archivado bajo Artículos

5 Respuestas a “Conectados

  1. Ya gusta la opción de que vivimos en Matrix? Si quieres saber por qué es un fenómeno de masas, llama a Ryder y él te dirá qué ha pasado para que ocurra. No hay nada imposible para la patrulla canina.

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  2. A mi me encanta la patrulla canina. De tanto verla, me he enganchado. Y la veo en dos canales diferentes. Y hasta tengo cromos jajaja. Mola mogollón. Y ahora se han sacado de la manga el alcalde ese (como todos los alcaldes reales) que tiene la división de gatitos maléficos para j**** digo fastidiar a la patrulla canina jajaja. Cómo no te va a gustar, Leire, si hay más trama que en la política de este país! O es al revés…

    Anda, que Dora ‘la mayor’ no se queda atrás. Todo el capítulo se pasan cantando. Con el Pablo ese (no el coletas) 🙂 Me recuerda a la presi del sur de España (con todos los respetos, claro, para Dora)

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