Opus magnum

Viajes melancólicos por ciudades europeas,

desayunos continentales en hoteles de una sola vez,

sentarse al sol y escribir,

soñar despierta y escribir,

tener gatos y regar plantas y escribir,

escribir la novela de su vida, la novela de cualquier vida,

escribir las respuestas a todo, escribir la explicación de todo,

escribir y descubrir, escribir y averiguar el origen y el final del misterio,

poner en palabras ese misterio,

eso iba a ser su vida,

una vida dedicada a la obra, una vida consumida por la obra,

la obra mayúscula, la obra gloriosa, la solución a todo, por fin,

la verdad.

Sólo terminaría cuando posara su pluma (agotada)

sobre la última hoja de papel,

cerrándose la presa, subiendo el dique, sin que el torrente cesara jamás.

Y de repente, una noche, mientras soñaba con un helado de chocolate a la orilla de un lago,

o una mañana, mientras se batía el cobre con una frase, una coma o una partícula,

a su obra le salieron manos y pies, le brotaron dos ojos grises, o azules o verdes (según la luz y la hora del día),

le crecieron también alas, y voló

en círculos sobre su cabeza, y luego con piruetas y florituras aéreas,

posándose, durante intervalos de milisegundos, sobre su mano derecha, como burlándose amablemente:

“Y dime, querida, ¿qué más quieres escribir? ¿Qué otra cosa mejor?”

La novelista insultaba a la versista, y ésta, con más cortesía, trataba de inventar certeras diplomacias,

cada una intentando descubrir cuál iba a prevalecer, cuál era la del rol verdadero,

y hete entonces que la obra mayúscula pasó surcando los aires, y enmudeció a ambas.

El tiempo pareció entonces encogerse, y, en desérticas ocasiones, alargarse hasta el infinito.

La tinta de la pluma se secó, los viajes cesaron, no hubo más fotos que colgar.

Las palabras se convirtieron en líquido ambarino, espeso como mermelada, y caían con lasitud, también ellas burlándose, o jugando (quizá son la misma cosa).

El papel aún espera, y ella lo ama con añoranza, pero más ama aún a su obra que decidió convertirse en lo que ella misma quería,

la obra que se soñó a sí misma y nació como una flor rosada, como nace el sol cada mañana,

la obra que es un ave de sangre, un diamante que devora y derrota certeramente el tiempo y todos los demás elementos, y, cuanto más gira, destructor, con más cegador y furioso brillo reluce,

cegándola a ella y cegando al mundo todo,

haciendo caer templos, haciendo caer monumentos, haciendo caer teorías, circunloquios,

haciendo arder bibliotecas

sólo con un parpadeo de sus facetas diamantinas indestructibles.

Ella no entiende, pero sin embargo sabe que todas las razones por las que amaba su papel, su tinta y sus palabras son hermosas, mas falsas,

y ella también sabe, y sólo ahora empieza a entender que todo es ilusión, mas sólo el amor es real.

Anuncios

2 comentarios

Archivado bajo Poemas

2 Respuestas a “Opus magnum

  1. Muy bonito, Leire. Buen fin de semana 😉

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s