¡No es la educación, estúpido!

¿Qué invocamos cuando hablamos de la educación?

La educación, junto con el medio ambiente y la igualdad, es una de las grandes deidades del mundo de hoy. Como siempre sucede en épocas de decadencia y de neopaganismo, los valores y conceptos que se endiosan y se adoran son valores y conceptos no carentes de importancia y dignos de ser admirados y respetados, pero que se han simplificado, y que evocan en nosotros una serie de conceptos y de imágenes que son a su vez de una simplicidad tal, que no son sino una mera sombra traidora, casi hasta contradictoria de lo que son en realidad.

La educación se invoca hoy en día como bálsamo de Fierabrás de casi todos los males que, como sociedad y aun como civilización, nos aquejan.

Pongo como ejemplo uno bien tristemente cotidiano. La mañana siguiente a una noche de juerga, samba y despiporre, aparece la ciudad con desperfectos por todas partes. Contenedores han sido destrozados, incendiados o desplazados de su sitio y volcado todo su contenido; paredes han sido pintarrajeadas (si eran blancas y recién pintadas, tanto mejor; bonus plus si pertenecen a un monumento o a una iglesia); registros de gas y agua han sido destrozados; espejos retrovisores de vehículos estacionados en la vía pública, arrancados sin piedad; incluso animales han sido golpeados hasta la muerte (caso real). La gente que todavía se inmuta por tales sucesos habla de que se necesita, como antídoto y prevención, más educación.

Lo mismo se oye siempre y cada vez que sucede un asesinato por violencia de sexo (que no “de género”, como la legión de periodistas con deficiente conocimiento de la lengua han propagado). Para prevenir más casos así, lo que hay que hacer es “educar a los jóvenes en la igualdad”. Bueno, pues las nuevas generaciones, supuestamente educadas en la más escrupulosa igualdad, resulta que reproducen con total naturalidad los mismos patrones machistas de cualquier otra generación anterior.

Educación, educación: es lo que, dicen expertos y personas de a pie, hace falta para subsanar cualquier atrocidad, vandalismo, desigualdad, acto de violencia, fealdad debida al ser humano, deficiencia en cuestiones de actitud, querencia por ideologías basura y, en fin, todo tipo de mal que aqueje al hombre.

Y sin embargo, no es más que una falacia. Una falacia que nos gusta creer, porque creer en ella implica creer en otra falacia, a saber, que el ser humano es capaz de controlarlo todo. Pasa algo parecido a lo que sucede en el campo de la salud: que preferimos creer que podemos detectar las “señales que nos indican que vamos a tener cáncer” (hay titulares de prensa que son así, literalmente) para así corregir los comportamientos que producen tales señales y librarnos de tener cáncer. Cuando lo cierto es justo lo contrario: no podemos saber si vamos a padecer esa enfermedad u otra cualquiera, y, por tanto, no hay forma de prevenirla salvo en términos puramente probabilísticos. No hay nada seguro. Pues con la maldad del hombre pasa igual. Hay actos, muchos, que se deben simplemente a que la persona que los ha cometido es mala. No hay más explicación. No se trata de una deficiente educación: un maltratador sabe que no se debe maltratar, que está muy mal, que no debería hacerlo. No es que le falte educación en valores, sino que lo que le falta son esos mismos valores. El matiz es vital. No es que la persona que se comporta mal ignore cuáles son los valores esenciales, los del ser humano individual y los de la sociedad. Probablemente, esa persona ha tenido una correcta y suficiente educación en valores. Pero de nada sirve educar sobre algo de lo que se carece.

Hasta las malas personas tienen dentro de sí la brújula moral que les indica infaliblemente la calidad de sus actos. Todos tenemos dentro de nosotros esa brújula que marca, indefectiblemente, hacia el norte de la bondad y la nobleza. Somos nosotros los que elegimos hacerle caso o no, pero siempre sabemos si estamos haciendo algo bueno o algo malo. No hace falta para ello ningún tipo de educación, entendiendo educación como esa formación de la persona que comienza en su familia, en su círculo más íntimo, y continúa en sociedad y en el colegio. Nos pueden enseñar cuáles son los valores convencionales, los que no son esenciales sino que favorecen la convivencia, aunque no sean indispensables para ella; pero no nos pueden enseñar sobre lo bueno y lo malo.

Es impopular y fea esta visión de las cosas porque tiene implicaciones terribles, a saber: la sociedad no tiene ninguna herramienta hermosa, concitadora de unánimes sentimientos a favor, para frenar y borrar de su faz el mal. Sólo tiene herramientas feas, desagradables, a las que se recurre cuando todo lo demás ha fracasado: la represión, la ley, el castigo, el encarcelamiento, es decir, el alejamiento forzoso de la sociedad de los elementos que la perturban y la violentan. A todos nos gusta mucho más la educación. Nos gusta la idea romántica de que podemos reformar al malvado a base de darle bellos y sabios libros para leer y de inculcarle los hermosos y rectos principios sobre los que descansa nuestra civilización. Sin embargo, esto no es más que un sueño o un espejismo, como la realidad se encarga de demostrarnos una y otra vez.

Y que conste que estoy pensando no sólo en los crímenes más abyectos y horrendos, sino en cualquier pequeño acto de maldad cotidiana tan aparentemente caro al ser humano, desde destrozar un contenedor de basura hasta tratar con sadismo verbal y prepotencia a alguien que ocupa una posición de poder inferior a uno mismo. ¿Estoy diciendo que el adolescente que, en una noche de juerga, destroza un contenedor o aquella otra de un mostrador de un servicio público que despacha de malos modos a un inmigrante de un país subdesarrollado son malas personas? Quizá sí o quizá no, pero no creo que sean muy buenas personas. Quizá sus maldades no vayan más allá, pero creo que para hacer algo así tienes que tener dentro un poso de no-bondad. Y, sinceramente, son ésas las personas que más miedo me dan, más que las personas con una gran maldad, porque aquéllas vienen en mucho mayor número y porque su poder de influir es mucho mayor. ¿Qué educación se puede usar contra eso? Ninguna. No se puede hacer nada. La educación sirve para muchas cosas maravillosas, pero no para erradicar el mal.

Anuncios

19 comentarios

Archivado bajo Artículos

19 Respuestas a “¡No es la educación, estúpido!

  1. biblioteca62

    Un tema realmente preocupante y con muchas vertientes… da para pensar. Aunque no coincido enteramente con la conclusión: pienso que es algo en lo que todo el colectivo social (no solo pedagogos, psicólogos y educadores) debemos aportar para solucionarlo. ¡Un post muy interesante! Gracias por compartir 🙂

    Le gusta a 1 persona

  2. Quizá no he entendido bien tu punto de vista, corrígeme si me equivoco porque soy un poco torpe, je je je. Según lo que expones, no sirve de nada que riñas a tu hijo por pegar a alguien porque sí (o sin motivo suficiente, como que se le cuele en el tobogán), o intentar enseñarle con, qué sé yo, reproches castigos, lo que sea, el hecho de que coja la vajilla y la estampe contra la televisiva si le nace. Y no sirve porque si tú le dices que está mal él ya lo sabe, pero si aún así lo hace es porque tiene maldad y no se puede corregir, ¿no?

    Le gusta a 1 persona

    • Creo que está bien decírselo pero no es imprescindible. Cuando tiene uso de razón él mismo sabe que no debe hacerlo. No sé de nadie que haya necesitado que le expliquen por qué no debe pegar a los demás para que dejara de hacerlo.

      Por otro lado, no los niños no lo hacen porque sean malos, pero como leí en una novela de Agatha Christie, “en ellos el freno actúa imperfectamente”. Lo que no es cierto es que un niño acosador, por ejemplo, no sepa lo que está haciendo o que sean cosas de críos. Lo sabe muy bien y seguramente lo hace por eso.

      Le gusta a 2 personas

      • Pero si se le permite hacerlo, ¿no puede llegar a pensar “No se debe, pero a mí nunca me dijeron nada y me dejaron, con lo cual, no será tan malo como dicen”? Pues yo al mío no le dejé desde pequeño que pegara para conseguir las cosas y le instaba a lograrlo de otra forma que no fuera esa. Lo hizo, y se pasó al otro extremo (quizá ya lo tenía dentro), y así le va al pobre ahora… Un niño acosador sabe lo que hace, por supuesto, pero si nadie le “enseña” a no humillar a otros o a conseguir las cosas por la fuerza, nunca dejará de hacerlo. Con esto establecemos que un acosador nace así… (Me gusta mucho este debate, jejeje)

        Le gusta a 1 persona

      • Creo que, por supuesto, hay que condenar socialmente y delante de esa persona esas conductas (me refiero a algo serio como el acoso o la violencia machista, por ejemplo), pero no creo que sirva para modificar esas conductas, si no hay una convicción interior por parte de esa persona de que tiene que modificarlas; por ejemplo, por miedo al castigo. Y pienso que una persona que carece de valores no los adquirirá nunca.

        Le gusta a 2 personas

      • Es posible que la clave en lo que dices esté en la modificación por temor a algo “castigo, la cárcel…” Y el fin que se consigue con ello es que no lo haga. Y al final eso es lo que muchos llaman educar. Sabes que si alguna vez nos vemos podremos estar hablando durante mucho rato? Eres la mar de interesante

        Le gusta a 1 persona

      • ¡Gracias! 🙂 Soy muy mala polemista, no me gusta debatir, y el objetivo de estos artículos un poco más profundos que publico a veces no es iniciar una polémica (sobre todo con gente a la que aprecio tanto) ni convencer a nadie, sino simplemente exponer mis puntos de vista. Por supuesto, me alegra que haya gente que se sienta identificada con ellos, pero entiendo que no será así siempre ni para muchas personas y está bien así. Un abrazo.

        Le gusta a 1 persona

      • A mi tampoco me gusta, pero me gusta poder hablar con alguien de algo en lo que difiere y que me explique su punto de vista como lo haces tú. No se trata de convencer, sino de compartir opiniones. Sé que no todo el mundo lo ve así, pero al menos es lo más parecido a una charla de café que tenemos, je je je je. Eres una gozada de compañía. Besitos corazón

        Le gusta a 1 persona

    • En realidad el meollo de mi post, aunque no lo he expresado literalmente, es que los valores morales no son relativos sino eternos y que todos los tenemos dentro de nosotros. Si fueran relativos podríamos cambiarlos mañana mismo y no pasaría nada.

      Le gusta a 2 personas

  3. silviazuluaga

    Este artículo da que pensar. Y mucho. Y lo del poso de no-bondad, ni te cuento!

    Le gusta a 1 persona

  4. Reflexión interesante! Abrzs

    Me gusta

  5. Me gusta el post, puede que en algunas cosas no estemos de acuerdo, pero cada uno pensamos de una manera diferente. Eso no quita para felicitarte. Además de leer esta entrada y felicitarte me gustaría que pensaras si me podrías apoyar votandome en los Premios 20 Blogs. Es muy facil.

    Vídeo promoción: https://www.youtube.com/watch?v=ksdkSaMfuZY

    Aquí puedes ver las instrucciones: https://historiasconhachedeherce.wordpress.com/2016/02/12/ayudame-en-los-premios20blogs/

    Enlace para votarme: http://lablogoteca.20minutos.es/historias-con-hache-de-herce-46853/0/#vota

    Muchas gracias y saludos

    Me gusta

  6. Pienso como tú, que todos sabemos lo que está bien y lo que está mal. Quizás algunas personas se dejan llevar por otros para hacer lo que está mal. Quizás otros no sepan controlar los impulsos y se dejen llevar por la ira del momento. Quizás se esté enfocando la educación en otros aspectos que no funcionan.
    Con lo de controlar los impulsos tengo yo una historieta. Estaba haciendo un curso de la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción) cuando mi peque descubrió las chuches. Le dije que solo podía comer los domingos y para evitarme quebraderos de cabeza las puse encima de la nevera, hasta que un día me la encontré intentando subir a una silla que había puesto encima de otra silla. Lo comenté en la FAD y me aconsejaron que las pusiera a su alcance para que ella misma se pudiera controlar.
    A lo mejor parece una tontería, pero creo que es algo que deberíamos aprender todos y se evitarían muchas desgracias de estas.
    Un abrazo y muy buena entrada.

    Le gusta a 1 persona

    • Gracias, Clara. Me alegro de que coincidamos. Muy buena la técnica de la FAD. Es muy satisfactorio ejercer el control sobre uno mismo, a la larga compensa mucho. Yo tengo que hacerlo con los pasteles y el bizcocho, mi debilidad. Siempre tengo en casa y puedo comerlo cuando quiera, pero no lo hago y aunque en el momento me frustra mucho, en el fondo estoy orgullosa de mi autodisciplina
      Un abrazo.

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s