Nudo gordiano

Cada uno de los tres colegios ofrecía sus seductoras ventajas y sus engorrosos inconvenientes. Y no cabía la posibilidad de separar unas de otros y hacer un Colegio Perfecto con las ventajas de los tres puestas todas juntas. No; no surgiría de la noche a la mañana un cuarto colegio que conjugara una metodología y un proyecto atractivos, modernos y afines al ideal de Marta para la educación de su hijo; que, además, estuviera a tiro de piedra de su casa; y que, encima, hubiera resultado ser también el que habían elegido los padres de los compañeritos que había tenido Daniel en la guardería, y con los cuales había hecho Marta tan buenas migas. No; cada una de esas características la tenía uno de los tres centros educativos en solitario.

En contrapartida, el colegio de la metodología ideal de la muerte y el profesorado profesional y atento estaba en el quinto pino; el cercano a casa con horario que venía que ni pintado para la logística de dejar y recoger al niño no había sido elegido por ninguno de sus amigos; y aquél al que por goleada iban a ir los amiguitos de Daniel dejaba que desear, a ojos de Marta, en cuanto a instalaciones y amabilidad y preparación del profesorado.

Días y noches -en vela, claro- dándole vueltas y más vueltas a la matraca. Que en qué colegio matricularlo. Que no es una decisión baladí; que mira que de eso dependen muchas cosas para su futuro; de ahí saldrán sus amigos, su grupo, quizá hasta su primera novia; algún maestro puede influir en él de forma beneficiosa y hacer que encuentre su verdadera vocación; o, si elijo mal, puedo estar colocándolo en medio de un nido de cuervos que le harán bullying y le destrozarán la vida… Con lo pequeño que es, pobrecito mío…

Cosas todas éstas que, palabra arriba, palabra abajo, se decía Marta en un no parar de admoniciones, consejos, exhortos y amenazas a sí misma. Imagínense la tortura mental.

Marta siempre había sido así, un poco tendente a accesos de neurosis y perfeccionismo, y a ataques de responsabilitis: de repente, podía jurarlo, sentía el peso del mundo sobre sus hombros, y el peso más grande y decisivo de todos correspondía a una personita que apenas levantaba un palmo del suelo, pero que, a sus 15 meses de edad, dominaba todo su mundo y era el centro de sus desvelos, esperanzas y preocupaciones.

Isma, su marido, no era así. De hecho, jamás lo había visto ni un pelín inquieto o nervioso por nada relacionado con Daniel ni con cualquier otra cosa bajo el cielo. Era el hombre tranquilo que se tomaba la vida con una serenidad natural, que le salía de dentro y para la cual no le habían hecho falta clases de yoga, viajes al Tíbet o sesiones de terapia grupal; es que él, sencillamente, era así. Por eso, a Marta no le resultaba de ayuda debatir aquellas cosas tan graves y trascendentales con él; porque, en el momento que abría la boca y empezaba a exponer el tema, se sentía como un niño intentando explicar a un adulto su grave problema, dentro de la gravedad que podía tener.

Sin embargo, era tal la magnitud del nudo gordiano, y tal la asfixia que le creaba, que fue el propio Isma el que aludió a él. Una noche, después de acostar a Daniel, estando ella sentada en el sofá mirando la tele sin ver, sencillamente Isma le dijo:

-¿Qué te pasa, Patata Rita? –Usando el sobrenombre cariñoso que Marta se había ganado y que procedía de ciertos vídeos músico-didácticos que habían encontrado cierta vez para Daniel.

Y ella se lo contó todo, claro. Que si el plazo de matriculación terminaba dentro de dos días. Que si todavía no se había decidido. Que si todos sus amiguitos iban a uno. Que si el otro estaba cerca y resultaba conveniente. Que si aquél era el que a ella de verdad le molaba, pero todo lo demás eran desventajas. Que si el día de puertas abiertas, la maestra de uno de los colegios -no iba a decirle cuál- le había cerrado la puerta en las narices porque todavía faltaba un minuto para que empezara la sesión. Que si los padres de sus amiguitos de la guarde hablaban maravillas del que ellos habían elegido, y que a qué esperaba ella. Que si una vecina y amiguita de su infancia -de Marta- era administrativa en otro -el que a ella en  verdad le molaba, pero que no tenía ni una sola ventaja más aparte de esa única ventaja totalmente subjetiva- y que se sentía segura enviando a Daniel allí. Y que si esto y lo otro.

Para cuando pronunció las últimas palabras, ya estaba llorando como una embarazada, sin poderlo evitar.

Isma le pasó un brazo por los hombros.

-Pero, hombre, chica, ¿no habíamos decídido que iba a ir al cólegio B? (Hay que aclarar que, a pesar de todos los años que llevaba en España, y de hablar español como cualquier hijo del vecino del quinto, Isma ponía los acentos en lugares atípicos, y, cuando escribía, las tildes o acentos ortográficos, también; a estas alturas, Marta todavía no tenía claro si lo hacía por gusto y por marcar su propia personalidad o porque, por la razón que fuera, no le entraba el tema de los acentos.)

Y sí, era verdad: allá por el Pleistoceno, Marta le había dicho a Isma que le gustaba el colegio B y que estaba requetedecidido, no había vuelta atrás ni giro posible de 180 grados: aquél era el futuro colegio de Daniel. A él le había parecido fenomenal.

-Ya, pero…

Y empezó a repetirle otra vez los argumentos  a favor y en contra de cada uno.

-¿Qué hago? ¿Qué hago?

-Pues, chica, mujer, yo lo veo bien clárito, pues. Si hábias decídido el B, pues el B.

Dicho así, con el tono de voz pausado de Isma y el ademán calmado y siempre inalterado de Isma, en efecto, sí: parecía bien clarito.

Pero no lo era tanto, y en esto contraatacó Marta, como sin duda tenía que hacerlo:

-Pero es que no es tan fácil. De esta decisión dependen muchas cosas. Daniel se juega su futuro –se vio en la necesidad de subrayar, lo más dramáticamente que pudo. –Según a qué colegio lo enviemos, tendrá unos amigos u otros, tendrá unos maestros o tendrá otros, aprenderá unas cosas o aprenderá otras, le pueden fomentar las aptitudes o arruinárselas… ¿Te das cuenta?

-Bueno, tambien puede ser que en el cólegio al que vaya le caiga una teja en el récreo, o que éncuentre un bóleto con el numero del gordo de Návidad. ¿Cómo saber, éntonces?

-No hagas chistes. Es una cosa muy seria. ¿No te preocupa?

-Yo no me preócupo de lo que no está en mi mano. Mi réligion me lo próhibe.

Lo dijo así, quedándose ipso facto tan ancho y pancho. Ésa era una de las características perdurables de Isma: que, siendo casi siempre tan moderado en su uso de la palabra, y con preferencia por las palabras y frases sencillas, cada una de sus frases era a la vez la aparente y su contraria, de modo que uno nunca podía estar seguro de cuándo hablaba en serio, cuándo en chanza y cuándo mitad y mitad. Probablemente, la mayoría de las veces se movía entre uno y otro extremo sin punto fijo ni intención declarada; sus elocuciones eran una expresión natural de su persona.

-Ya, vale. Pero entonces, ¿qué hago? ¿Qué hacemos, me quieres decir? -insistió Marta, subiendo inadvertidamente un cuarto de octava el tono de voz e indicando claramente ello la escalada hacia el pánico.

-En el fondo no son tres ópciones, son sólo dos, como siempre en la vida; nos puede párecer que hay más de dos ópciones pero son siempre sólo dos. Fíjate bien y te daras cuenta. ¿Verdad?

Pues sí, tuvo que reconocer Marta. En realidad, el colegio C -que le convenía por su cercanía al hogar– no contaba con suficientes puntos a favor. La cercanía no era un factor de suficiente peso para decantarse por él. Así fue como Marta se deshizo de esa opción.

-Vale, bien, ya está.

-Y áhora, fíjate bien, es muy fácil, simplemente élige el que a ti más te guste, es bien fácil, ¿no crees? No pódemos ver el fúturo, así pues, élige lo que tú quieras.

-¿Y tan fácil como eso?

-Sí, mujer, chica. Ay, chica, chica, que te cómplicas la vida por tontérias.

-¿Y si me equivoco?

-No te puedes équivocar. Lo que décidas será, Insh’Allah, lo que tenías que décidir. Y ya está. Mirá lo que te digo: hay que décidir sin pénsar demásiado. Pénsando sólo que no tiene nínguna impórtancia. Acértar, no acértar, ¿qué es eso? Nínguna décisión que tomamos tiene nínguna impórtancia. Decídimos y ya. Eso es lo que de verdad importa.

Y dicho esto, Isma volvió a tornar el foco entero de su atención al episodio de “Águila Roja” que estaba intentando ver.

Marta sentía que lo que le había dicho Isma resonaba con lo que ella misma, en el fondo, sentía, opinaba e intuía. Le dio un codazo a Isma y dijo:

-Oye, ¿y si lanzo una moneda al aire? Saldrá lo que estaba escrito que tenía que salir y por eso no debo preocuparme, ¿verdad?

-Eso mismo –contestó él, guiñándole un ojo. –Pero –continuó– si vas a decídirlo echándolo a suertes, ¿no es mejor decídir por ti misma?

–Tienes razón –dijo ella.

Y eso hizo.

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14 comentarios

Archivado bajo Diario de Marta

14 Respuestas a “Nudo gordiano

  1. silviazuluaga

    Muy majo Isma: ” Si hábias decidido el B, pues el B”.

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  2. Pero qué colegio ha cogido?? Yo me decanto por el de profesores buenos. Total, no me hablo con nadie de mi colegio, por qué voy a pensar que mi hijo será íntimo de todos los que arrastra de la guardería? Aunque, como dice Ismael, no puedes saber el futuro. Y por cierto, es de Mordor? Porque el tío pone esdrújulas todas las palabras… Je je. Besitos corazón

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  3. Sabios consejos los de Isma. Y es que yo entiendo a Marta, porque es tan difícil elegir colegio… Yo me quedé con el de los profesor buenos 🙂 Un beso

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    • ¡Gracias! Tienes razón. Además de su colegio., en realidad estamos eligiendo su círculo social para muchos años, sus profesores y modelos de referencia, su entorno, etc. Por otro lado, tal y como le pasa a Marta, creo que las mamás tendemos a complicarnos las cosas más que los papás. Un beso grande.

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  4. Uf, menudo quebradero de cabeza. Yo no tuve que elegir, aquí sólo hay uno. De momento estoy contenta con los profes, los problemillas se van arreglando poco a poco y donde no llega el colegio intento llegar yo…
    Seguro que le va a ir muy bien a Daniel y hará un montón de amigos.

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  5. Jajaja paciencia amiga, la vida es más fácil y los problemas caen por sí sólos… Vive disfrutando (y dejando vivir) que los gusanos tienen paciencia suficiente para esperarnos a tod@s, y hay que darles la oportunidad que nos reciban tras una vida plena, y vivida. Problemas fuera 😉 Besos anti-nudos

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  6. agenda19892010

    grazie . ciao .

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