No es eso, soy yo

Es muy frecuente hoy en día oír que los que padecen determinados trastornos o enfermedades, normalmente relativos a adicciones o a comportamientos que se consideran anormales y que son nocivos para la propia salud física y mental, se refieran a sus afecciones como algo totalmente ajeno a ellas, un ser malvado que los controla y que han de combatir.

Aunque entiendo la lógica que infunde esta actitud, no es menos cierto que me parece contraproducente y contraria al objetivo de una sanación completa.

No se debería decir que la bulimia, el alcoholismo o el Trastorno Obsesivo-Compulsivo son “eso”, son “un monstruo”, ni se deberían personalizar como si fueran un ser o una entidad autónoma e inteligente que ha venido a por uno.

No son algo que te ha sucedido, no han venido de fuera y han caído sobre ti como podían haber caído sobre otro cualquiera. No son el hombre del saco.

No son externos a ti, sino que nacieron de ti. Pero la persona que los sufre no tiene un vicio moral, no es “glotona”, ni “vaga”, ni “maniática”, ni “pesada”. Tener alguna de estas afecciones no significa que la persona que los padezca lo haya elegido, ni, por tanto, que pueda dejar de comportarse así con sólo quererlo. Son personas con un trastorno, vale decir con una enfermedad, una alteración que les impide comportarse con normalidad y con convencionalidad en un área concreta de su vida, lo cual deviene en numerosas secuelas y padecimientos de tipo físico, psicológico y espiritual y en verdaderos dramas familiares.

Una enfermedad es algo que te pasa, y, en muchos casos, es algo a lo que estás predispuesto normalmente por genética; en cierto modo, por tanto, esos trastornos son parte de ti, aunque no las hayas espoleado deliberadamente ni por voluntad propia; han cobrado vida de ti, a pesar de que tú no hayas querido. Eras proclive a ellas y se han desarrollado en un momento concreto. En la mayoría de los casos, da igual qué suceso, trauma u ocurrencia estresante concreta les haya dado vida y las haya hecho adueñarse de tu mundo. Algunas veces, no sirve de nada (práctico) averiguar cuál es el origen psicológico del estímulo decisivo que finalmente les ha dado alas y los ha despertado de su letargo, en el que podían haber seguido durante toda tu vida (sin que tú jamás llegaras a enterarte de que eres bulímica/cleptómano/neurótica/comedor compulsivo), pues conocer su origen no sirve para ponerlos bajo control. Otras veces, puede ayudar a la recuperación: si el desencadenante ha sido una relación tóxica con otra persona, por ejemplo, analizar esa situación que provocó el inicio de la enfermedad puede arrojar luz sobre ella y sobre una gestión deficiente de sentimientos, situaciones y emociones que puede continuar a día de hoy y ser culpable de que el trastorno no haya remitido. Pero nunca son algo que uno elige. Las redes están llenas de webs pro anorexia, pero, en muchos casos, la gente que las mantiene y utiliza son falsos anoréxicos; no son enfermos (al menos, no de anorexia), sino que tienen cierto tipo de personalidad. En realidad, ellos no padecen la enfermedad, sino que participan de cierta idea perversa y aberrante de lo que es un fenómeno de moda.

Generalmente, la persona siempre tiene la posibilidad, la oportunidad y el poder de meter estas enfermedades en vereda, ya sea gracias a ayuda externa (hospitalización, grupos o asociaciones de ayuda, terapia cognitivo-conductual, medicamentos, familia y amigos, etc.) o por hercúleo poder propio. Mucha gente lo consigue y, afortunadamente, dado que cada vez hay más recursos a disposición de todo el mundo, cada vez más pueden conseguirlo.

Una de las razones por las que estoy a favor, desde un punto de vista terapéutico (entendiendo esta palabra en su sentido más amplio; no me refiero sólo ni principalmente a la terapia dirigida por profesionales o a la terapia reglada, sino al instinto de supervivencia por el cual uno procura su bienestar), de aceptar que estos trastornos son parte de uno mismo es que me parece la forma más natural y racional de tratarlos. Si te refieres a tu trastorno como algo que aleatoriamente te ha sucedido, quizá no llegarás a sentir que su curación te concierne desde lo más profundo de ti, y sólo desde esa posición se podrá llegar a una remisión de por vida. También es posible que sientas que lo que te ha pasado es algo injusto, que no debería haber pasado. O puedes sentir que has hecho algo mal, que te has equivocado horriblemente y que tienes la culpa de algo de lo cual no es posible encontrar culpables, porque no los hay.

Por añadidura, si aceptas que es un trastorno al cual estabas prácticamente predestinado y que, por alguna razón desencadenante de tu vida, ha estallado, serás más capaz de comprender y asumir que es algo que deberás controlar toda tu vida, de forma consciente, haciendo un esfuerzo constante por no permitir que se adueñe de ti otra vez. No me parece sano ni natural animar a la gente que padece esos trastornos a que los trate como “ese monstruo” y a que los odie con todo su corazón. ¿Para qué estimular el odio, sobre todo en un caso en el que no hay nada que odiar? ¿No es mejor animar a la comprensión, informar bien a la gente y brindarle técnicas y recursos para ayudarla a tener una vida sana? ¿No es lo óptimo ayudarla a enfrentarse a la realidad y a que se revista a sí mismo del poder para mantener su enfermedad bajo control?

La vida no es un videojuego en el que constantemente hay un enemigo encarnizado al que hay que odiar y destruir. No todo descansa sobre la lógica de ganadores contra perdedores. Somos seres humanos con pequeñas peculiaridades y propensiones genéticas. No tenemos la culpa de ellas, y sí la responsabilidad de pedir ayuda cuando la necesitemos y de hacer cuanto esté en nuestra mano para ser libres y felices.

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13 comentarios

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13 Respuestas a “No es eso, soy yo

  1. También es importante que la persona que lo sufre entienda el problema que tiene y que por mucha ayuda que reciba al final solo ella puede mantenerlo a raya. Son situaciones muy complicadas que espero que nunca tengas que vivir de cerca porque no son tampoco agradables. Besitos

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  2. Sí, quien padece un trastorno/enfermedad/adicción tiene que vivir con ello y luchar toda la vida para no “recaer”. Se es así. Totalmente de acuerdo. Me ha gustado mucho el enfoque que le has dado. Porque es cierto. Un beso

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  3. En cierta medida para los tratramiento de TOC si se intenta conocer el origen porque es el foco a través del cual se genero y unos de los estimulos que poducen las obsesiones y compulsiones.

    Pero es cierto que hay muchas webs que infundan creencias erroneas en jovenes con problemas con bulimina y anorexia llamando a su problema como “Mia” y “Ana” respectivamente.Entre ellas se animan y normalizan conductas patologicas y es un terrible error de cara a la terapia.

    Me ha gustado mucho tu entrada y el nuevo enfoque que le has dado. Será que al ser psicologa me interesan estos temas, pero ha sido un placer leerte 😉

    Un millon de sonrisas Leire 😀

    Noe

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    • ¡Hola, Noe! Y gracias por tu comentario. Me alegro de que te haya parecido interesante a pesar de ser yo una neófita en psicología, o puedes decir una aficionada, puesto que me interesa muchísimo tu campo, pero, por supuesto, no tengo estudios de eso.

      Los blogs y webs “pro ana y mia” son repugnantes, pero yo creo que mucha de la gente que pulula por ellas no son enfermos de anorexia ni bulimia sino gente que simplemente quiere estar muy delgada, como si fuera una moda. Esa es mi impresión, no lo sé, igual me equivoco. ¿Te ha tocado tratar a algún paciente de trastorno de conducta alimentaria?

      Un abrazo.

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      • Pues los casos que he visto, mayormente habían comenzado el proceso de aceptación de la enfermedad. La mayoría cuando acude al psicólogo es consciente de que hay un problema que no pueden resolver. Conozco un poco el tema de los foros, y en efecto, son chicas/os que quieren estan delgados pero las conductas que practican son peligrosas para la salud. En muchos casos todo puede evolucionar hasta llegar un nivel de cierta gravedad.

        Y para ser una pequeña saltamontes, sabes defenderte muy bien en el campo de la psicología 😉 Espero leerte mas con esta temática 🙂

        Un millon de sonrisas Leire 😀

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      • Otro millón para ti, guapa.

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  4. Interesantísimo, Leire. Quizás lo “exteriorizan” para asimilar mejor que pueden “atacarlo” y deshacerse de ello, sea lo que sea lo que les pase. Buen fin de semana, guapa 😉

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  5. Un articulo interesante Leire, de verdad. El único “pero” que le voy a poner a tu texto es que algunos de los trastornos que comentas en el post, como la cleptomanía o la anorexia, suelen tener comorbilidad clínica con la anosognosia (incapacidad de reconocer que están enfermos). Este hecho agrava la situación, ya que impide conectar con uno mismo (tal y como cuentas en este post) y dificulta enormemente la intervención clínica.
    A parte de esto, muy completo. Buena aportación 🙂

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    • Me enorgullece que precisamente a ti te parezcan interesantes estas reflexiones hechas desde la posición de simple persona particular. Tu comentario me hace preguntarme hasta dónde llega la anosognosia en el caso de la anorexia (la cleptomanía no la conozco en absoluto), ya que muchos anoréxicos -bajo mi punto de vista- saben que están enfermos, que se están jugando la salud y hasta la vida, pero aún quieren adelgazar más. En sus foros, se ven comentarios sobre gente que dice que no quiere recuperarse, que prefiere estar enferma. Argumento yo que, en ese caso, saben que están enfermos, pero el halo romántico de héroe y heroína trágicos que tiene la anorexia según la sociedad de hoy los atrae. Me pregunto si esas actitudes forman parte de la anosognosia que mencionas… No lo sé. Un abrazo.

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      • Tu respuesta es muy halagadora. A mi forma de ver, todas las personas hacemos psicología constantemente: cuando pensamos, cuando nos comunicamos, cuando interactuamos… de modo que reflexiones como las tuyas siempre resultan atractivas.

        En la anorexia, la anosoagnosia “saben” que están enfermos… pero solamente porque se lo repite el entorno una y otra vez; en realidad ni lo creen ni lo sienten. Pueden ver como adelgazan hasta niveles espantosos, pero son incapaces de darse cuenta de que es un problema. No se trata de que se estén engañando a sí mismos o que se vean como héroes realizando una gran hazaña… simplemente están tan cegados en perder peso que ni se les pasa por la cabeza el hecho de que estén haciendo algo mal (para ellos, están logrado su objetivo: es en este sentido que no son capaces de ver que están enfermos).

        En la cleptomanía, en cambio, la persona sabe que está robando y sabe que está mal… pero la necesidad de robar es superior a todo código ético o moral de la sociedad (como las leyes) y siguen realizando los hurtos sin ser capaces de reprimir sus ansias. En este caso, ello ven su situación como un problema de impulsos y no como una enfermedad (de ahí que no sean conscientes de que padecen un trastorno).

        Espero que esta respuesta no haya resultado demasiado larga. Ha sido un place respondera tus preguntas 😀

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