Matarnos de hambre

Estamos, en apariencia, rodeados de gente triunfadora, famosa, hermosa y delgada sin esfuerzo. Y la sociedad nos invita educadamente a identificar comida con mal, con pecado. Así, “sucumbimos” a la “tentación” del chocolate, o hacemos dieta para “depurar los excesos” de la Navidad, por ejemplo. Estoy más que harta de ver, día sí, día también, en cualquier medio digital que leo a diario, artículos en los que se indica a la gente la necesidad de que se ponga a dieta, de que “coma sano”, de que adelgace. De que se ahorme al modelo de cuerpo único imperante hoy en día; de que sea aséptica, de que no tenga deseos de disfrutar de una comida por el simple hecho de que es un placer; de que vigile lo que come (como si la comida fuera un veneno).

Se nos anima o se nos insta constantemente a ponernos a dieta, a “perder esos odiosos kilos de más” (dando por sentado que esos “kilos de más” son dignos de odio y que en ningún caso esa persona puede querer conservarlos o serle indiferente tenerlos o no), pero cualquier persona que se quiera tomar la molestia de hacer la prueba empírica puede comprobar que hacer dieta con el único objeto de adelgazar o de mantenerse artificialmente delgados no sirve para nada. Bueno, sí: sirve para pasar hambre y privaciones, para perder oportunidades de disfrutar, y para sufrir y hacer sufrir a quienes están alrededor de uno. Por si esto fuera poco, sirve también para que la persona quede alienada con respecto a su cuerpo, para que lo vea como un enemigo, como algo que hay que encorsetar, manipular, manejar a su antojo, castigar y hasta odiar. Se impide crecer y desarrollarse al cuerpo como éste necesita hacerlo, y se lo odia por ser como es. Se posterga el amor y la gratitud al cuerpo, esa increíble máquina que nos mantiene vivos, esa máquina de curación y regeneración, de superación y de fortaleza, esa máquina de supervivencia, al momento en que el cuerpo sea como nosotros queremos que sea. Lo cual, muy probablemente, no sea lo mejor para nosotros.

Y lo más increíble y sensacional es que el cuerpo, cada cuerpo, tiene una horquilla de peso que es la que él naturalmente desea tener, en la que él se siente cómodo y realiza óptimamente todas sus funciones. Y, atención: es muy difícil que el cuerpo engorde más allá de esa horquilla. Sólo lo hace si la persona se pasa el día comiendo incluso sin hambre ni ganas. Esto quiere decir que vivimos inmersos en una mentira perversa y hasta asesina, porque en nombre de esa mentira hay gente que muere de inanición o llega a un punto de locura y de odio a sí misma que prefiere quitarse la vida antes que seguir habitando ese cuerpo maltratado. Pero el cuerpo es una máquina perfecta que, si se le deja funcionar tranquilamente y sin interferencias, se colocará en su peso ideal y además se mantendrá en él durante toda la vida.

Al hacernos conscientes de toda esa trampa en cuyo umbral peligrosamente vivimos, al renunciar a ocupar un espacio disminuido -no ocupamos, luego no somos visibles, luego no molestamos; sé delgado, sé bello, quédate ahí y calla, se nos dice- y al decidir activamente conquistar el espacio que cada uno de nosotros merece y para el cual ha nacido, estamos también ejerciendo una opción política: estamos dándole la espalda a toda esa industria -porque es lo que es- que quiere nuestro dinero y que, para conseguirlo, envenena nuestra mente con mensajes dirigidos a fomentar el odio a nosotros mismos y a nuestros semejantes y a que lleguemos a querer renunciar, en principio, a un poco -un poco de comida, un poco de espacio- y, al final, a todo: felicidad, salud, bienestar, cordura. Renunciar a querer encajar en esos cánones y a vivir en una dieta constante o en un sacrificio constante de tiempo en aras a “la salud física” -pasando un tiempo irrazonable en el gimnasio o haciendo carreras, por ejemplo, en lugar de haciendo cualquier cosa que en realidad deseemos hacer- supone militar en favor de un mundo en el que cabemos todos, en el que todos somos aceptables y aceptados, en el que la talla que vista cada uno no es más que eso, una talla que no significa nada, en la que la báscula no tiene lugar en el cuarto de baño, en el que el aspecto físico es sólo un atributo de la persona y en ningún modo la hace merecedora de aplauso o abucheo; en el que cada uno tiene algo que ofrecer al mundo, pero por lo que es y sabe o puede hacer, no por un físico que es sólo eso y que se va con el tiempo. Un  mundo en el que la belleza nace de dentro de la persona, y desde dentro se desborda y se refleja en su cuerpo, no  al revés.

Y al hacerlo, no sólo nos estaremos ayudando a nosotros mismos, liberándonos de este odioso mátrix, sino también a los demás. Si alguien llama ¡gorda! como insulto a una famosa presentadora que no lo está, lo primero que nos apresuramos a decir es que cómo se puede llamar gorda a fulanita, cuando está estupenda. Ya, pero ¿y si realmente estuviera gorda? ¿Entonces sí sería acreedora a ese insulto? ¿O lo inaceptable es que alguien use la palabra “gorda”, “gordo” para insultar? ¿Es aceptable que la gente se indigne por el presunto gasto en sanidad que produce la obesidad? ¿Es de recibo -y es acaso cierto, debemos preguntarnos ante todo, o quizá una mentira asquerosa y discriminatoria- tragarnos sin cuestionar y también propagar el mensaje, aparentemente bienintencionado, de que la gordura equivale a mala salud y de que uno debe estar delgado porque así estará más sano?

Si tenéis curiosidad por saber qué efectos produce el ayuno prolongado, incluso después de haber terminado, echadle un vistazo a este artículo o a otro cualquiera que hable del Experimento de Inanición de Minnesota. Veréis asimismo que el mejor régimen alimenticio para curarse de una anorexia no es otro que comer de todo, rompiendo así el círculo vicioso de los alimentos “buenos” y “malos”, y que pretender recuperarse “comiendo sano” (es decir, continuando el hábito de proscribir determinados alimentos como “malos”) y limitando la ingesta de calorías no es más que promover la ortorexia y sustituir un desorden alimentario por otro. Tened en cuenta que cualquier dieta o método milagroso que os proponga comer menos de esa cantidad -usualmente 1.000 calorías- en realidad os está proponiendo privar a vuestro cuerpo de la energía que necesita para mantenerse saludable y fuerte, y que 1.000 calorías se considera inanición.

Eso es, ni más ni menos: quieren matarnos de hambre, o, mejor dicho, quieren que nosotros mismos queramos matarnos de hambre y, encima, nos sintamos culpables por no haberlo hecho antes.

¿Es ése el mundo en el que queremos vivir?

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17 comentarios

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17 Respuestas a “Matarnos de hambre

  1. Concuerdo contigo, en realidad lo mejor que podemos hacer es enseñarle a las generaciones nuevas que los estereotipos no existen o no deben ser un modelo a seguir, besos.

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  2. silviazuluaga

    Leire, como bien dices el aspecto físico es sólo un atributo de la persona. En cuanto al resto, hace buena falta una buena educación alimentaria.

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  3. Coincido contigo y también con Silviazuluaga, al final, como casi todo, acaba en la educación, …o la falta de educación. Abrzs

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  4. Cuánta razón tienes, Leire. Debemos educar a nuestros hijos en la tolerancia, crearles un buen hábito alimentario y transmitirles seguridad en sí mismos. Con todo ello solucionaríamos todos estos problemas que estamos viendo y mucho viviendo. Besos

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  5. Yo hace poco fui a una endocrina y me explicó cuatro truquillos para perder algún kilito y la verdad es que me fue muy bien. Te das cuenta que comiendo un poco de todo y sin obsesionarse con las calorías tu cuerpo se va, como tú dices, a su peso ideal. Es peligroso tratar de gustar siempre a todo el mundo o a ti mismo, te exige mucho esfuerzo tanto físico como psíquico y a la larga se acaba pagando.
    PD: Que envidia (sana) me da ver tus comas tan bien colocadas, para mí es un infierno. Un abrazo.

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    • Como decía aquél: “Puedes engañar a unos pocos durante mucho tiempo, y puedes engañar a muchos durante poco tiempo, pero no puedes engañar a mucha gente durante mucho tiempo”.

      En cuanto a las comas, ¡gracias! a mí me sale de forma natural, supongo que es el producto de haber leído, leído y leído… y leído un poco más 😉

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  6. Coincidimos contigo Leire. Hemos llegado a un punto en el que “ser saludable” se ha transformado en un negocio donde lo que realmente importa es el dinero y no las personas. Es genial poder leer comentarios de este estilo fuera del ámbito de la ciencia y la salud, de verdad, un placer.

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  7. biblioteca62

    ¡Hola! Quería comunicarte que ha sido un placer nominarte para el Liebster Award. Este es un premio un poco más “exigente” en cuanto a las formalidades, ya que tienes que contestar 11 preguntas (las mismas que contesté en mi blog). Cuando quieras, te das una vueltecita para llevarte el banner del premio. Felicidades! Y un gran abrazo 🙂 Sara.
    https://biblioteca62.wordpress.com/

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  8. Observo Idiotas

    Si llego a tener una pistola delante mientras leo este texto, no tengo claro lo que hubiera sucedido. No sientas remordimientos. Perfecto artículo. Así es, y eso es lo que nos espera. Saludos.

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