La maledicencia, ese bumerán

Todos hemos caído o caemos repetidas veces en el mal hábito de criticar. Con esa palabra, me refiero no sólo a las críticas malintencionadas -usualmente, a espaldas del criticado-, cuyo único objeto es aflorar el rencor, el odio, la envidia o la ojeriza y no ayudar a corregir algo, sino, sobre todo, a esa variedad de la maledicencia que tanta fuerza está cobrando con la proliferación de foros, redes y corrillos virtuales más o menos anónimos: el comentario cruel, el sarcasmo afilado, la palabra-venablo con punta envenenada que tiramos con la única intención de hacer daño o de meter cizaña.

No hay nada mejor para darse cuenta de lo pernicioso de ese hábito que llevarlo a la práctica la suficiente cantidad de veces para notar que sus efectos dañinos lo son sólo en apariencia sobre terceros, y en realidad, sobre uno mismo.

A mí me dan miedo, mucho miedo las redes sociales, los foros, las “comunidades” de Internet, porque sé la mezquindad de la que es capaz el ser humano. Sin embargo, sigo, a pesar de todo, creyendo en la amabilidad y la bondad naturales de la persona. La mayoría de la gente que tira de sarcasmo como tono habitual lo hace, en realidad, para defenderse de algo que percibe como amenaza: amenaza a su autoestima, a su identidad, a su lugar en el mundo, a todo aquello en lo que cimenta su vida y su amor propio. O, simplemente, está triste, resentida o se siente agraviada por algo, olvidando que la vida no nos debe nada, como dice el personaje principal en una película de moda ahora mismo.

(Mis) razones para no criticar (que no es lo mismo que denunciar y protestar ante conductas inaceptables). Aunque seguro que cada lector encuentra las suyas propias:

1-Criticar envejece. Esto es cierto y es, además, extensible a cualquier mal hábito. Algunas veces solía ver el programa “Hermano mayor” y era de llamar la atención cómo los chavales protagonistas aparecían siempre rejuvenecidos (pese a su corta edad), relajados y hasta más guapos después de su terapia. La mala actitud nos come por dentro y se refleja en nuestro semblante.

2-La gente huye de los criticones. Porque los regañones y los cascarrabias son unos pelmas.

3-Seguramente no afectará en nada a la persona objeto de tus críticas, pero a ti te hará mucho daño.

Porque:

4-Cuando criticas a otro, eres quien se siente peor.

5-Criticar es más fatigoso porque cuando criticamos queremos ser muy sarcásticos e ingeniosos; queremos “ganar” y “enseñar una lección” a los demás, y eso obliga a discurrir mucho. Ser amable y elogiar a los demás (sin caer en la adulación) es mucho más sencillo, porque es más sincero. El sarcasmo puede estar bien como excepción, pero si es norma, cansa y repele.

6-La actitud natural de la persona es la amabilidad o, al menos, la neutralidad, no la negatividad y la crítica. Los niños pueden enfadarse entre sí, pueden guardar rencor durante algún tiempo, pero nunca son maliciosos y criticones

7-El criticado puede dejarte en ridículo, como lo muestra la magistral respuesta que dio Cristina Pedroche a quienes la tildaron de “gorda” (que fue usado como insulto, y huelga decir que la chica no está gorda ni de lejos):

«No me importa nada en absoluto que algunos digan que estoy gorda… Estoy muy feliz con mi cuerpo, con mi constitución y con mi genética… Muy orgullosa de ser como soy y me encantaría que vosotros también lo estuvierais, que nunca nadie os haga sentir pequeños o débiles por un comentario… Está claro que no podemos gustar a todos… pero a quién siempre debéis gustar es a vosotros mismos!!! :)»

8-Y, como indica la respuesta de Pedroche, en efecto: criticar denota muchas veces una carencia de autoestima o un momento de amargura que puede ser puntual pero que nos puede hacer caer en el error de hacer pagar con otro lo que no es culpa de esa persona.

9-Siempre es mejor el silencio que una palabra malintencionada, porque somos dueños de nuestros silencios, pero esclavos de nuestras palabras.

10-Hacer una crítica indica que estamos fijándonos en las cosas de la vida que no nos gustan. Si optamos por lo contrario, nos fijaremos cada vez más en las cosas que nos gustan y nos hacen felices. Y, según la teoría, esto estimulará y fortalecerá las conexiones neuronales que se activan cuando pensamos y disfrutamos de cosas positivas.

11-Cuando criticamos o atacamos a algo o a alguien, en realidad estamos demostrando que nos importa. Si no, ¿para qué íbamos a perder el tiempo pensando en algo hiriente que decir? Y si realmente queremos mostrar desprecio, ¿qué mejor que no hacer aprecio?

12-Como decía Nietzsche:

Donde no puedas amar, pasa de largo

Gracias por leer, amigos, aunque no olviden que, como decía Oscar Wilde:

“Los buenos consejos que me dan sólo me sirven para traspasarlos a otros.”

 

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11 comentarios

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11 Respuestas a “La maledicencia, ese bumerán

  1. Así es, yo también huyo de esas personas/espacios criticones que lo único que hacen es crear mal ambiente y dañar a alguien (y a sí mismos, por descontado)… Y, como tú, sigo creyendo en las personas buenas y en el buen fondo de cada una de ellas. Muy buena reflexión, y muy cierta.

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  2. Muy buena tu disertación. Yo hice una entrada, a propósito de la Pedroche, pero ni punto de comparación con esta. Aunque el nivel entre la tuya y la mía sea abismal, te la dejo por si quieres echarle un vistazo. https://historiastrastudni.wordpress.com/2015/08/27/ciclo-te-acuerdas-parte-19-la-red-esta-llena-de-valientes/

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  3. Leire. Paso por tu casa dejar un comentario que, si bien no corresponde a esta publicación, tiene que ver con tu blog.
    https://metaforadeungrito.wordpress.com/2016/01/12/que-he-hecho-yo-para-merecer-esto/

    Un abrazo

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  4. Pues tienes toda la razón. Gracias por esta lección. Seguiremos aprendiendo…
    Y la verdad es que los niños son los que mejor saben enfadarse, se enfadan y a los dos segundos ya están desenfadados 🙂

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  5. biblioteca62

    ¡Excelente artículo! Gracias por compartir 🙂

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  6. Twitter es el mayor ejemplo de esto. Aunque ya ni en el anonimato se aferran, ya eso da igual. Estamos en un país en donde su gente luce muchas virtudes, pero fallos igual de considerables, como la envidia o la hipocresía. Gente nociva desde luego hay en todos sitios, claro. Buen incio de semana, Leire.

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