Navidad Zen

El punto de lectura de tu vida se llama Navidades.

A juego con las luces y los villancicos de este año, relees aquellas páginas.

Las del inicio: como aquellas de las cenas con los parientes que no te gustaban.

De aquel año en que pasaste tanto, tanto miedo.

De aquel año en que no pudiste salir de fiesta porque no tenías con quién, y rezabas por el alma de quien inventó la televisión.

De aquel año en que, de repente, ya no estaba el abuelo.

De aquel otro en que casi te exiliaste de todo lo que amabas.

De aquellas Navidades de ayuno y abstinencia, de un rechazo demasiado grande para que lo entendieras.

De aquellas en que anhelabas algo grande y no imaginabas qué podría ser.

De aquellas en que perdiste la ilusión, y los días pasaban como si fueran noches, y las noches pasaban como ratos de vigilia entre pesadillas.

De aquella Nochebuena en que tu hijo estuvo enfermo, de aquel día de Reyes en que no tuviste fuerzas para tener ilusión.

Pero también

de aquellos años en que el pie del árbol estaba sembrado de regalos,

en que disfrutabas tus platos favoritos sin tener miedo a nada,

en que nevaba y ya sólo por eso eras completamente feliz;

años en que ponías un platito con tres pastas que aparecía vacío a la mañana siguiente,

en que venían tus parientes que sí te gustaban y aquello era una fiesta todos los días,

en que la ilusión -por los regalos que te hacían, por los que tú hacías, por las cosas que aprendías, por los programas de la tele hechos sólo para ti, por los pasteles y los helados, por las visitas inesperadas, por los buenos sentimientos- era como un incendio desatado que devoraba tu corazón,

en que te reencontraste a ti misma y por fin sentiste que amabas lo que veías,

en que dejaste que el amor rompiera todos los diques y lo anegara todo y a todos,

en que él te dijo: “todo lo malo que pasó no tiene ningún sentido, olvídalo”,

en que volviste a tu hogar y encontraste que la lumbre nunca se había apagado,

en que descubriste que la dicha puede brillar incluso en medio de la pérdida,

en que emprendiste aquel viaje sabiendo que tu hogar viajaba contigo,

en que de repente todo tenía sentido porque dejaste de creer en los Reyes Magos pero descubriste la fe en la luz que nunca se apaga.

Y así es como fue y como será:

un poco de alegría en la melancolía

un poco de melancolía en la alegría.

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5 comentarios

Archivado bajo Poemas

5 Respuestas a “Navidad Zen

  1. La magia de la Navidad. Disfruta de estos días corazón. Besitos

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  2. Qué bonito… Precioso final: “un poco de alegría en la melancolía

    un poco de melancolía en la alegría” 🙂

    Le gusta a 1 persona

  3. silviazuluaga

    Precioso…

    Le gusta a 1 persona

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