Ya viene el sol

Todo el mundo, hasta los que no son fans, tiene su Beatle favorito. Hasta conocí a alguien cuyo favorito era Ringo (aunque admitió que era por ir contracorriente).

El mío es George Harrison, como no podía ser de otra manera.

El beatle más desconocido, quizá porque él mismo tenía cierta aversión natural al protagonismo (y además, para eso ya estaban John y Paul).

Se le adivinaba un hombre reservado (no exactamente tímido) e introvertido, esa etiqueta que se reparte y autorreparte un tanto liberalmente y, sin embargo, casi siempre de forma incorrecta. Una persona que disfrutaba de su elegida posición de secundario, que le iba como anillo al dedo; ver sin ser casi visto, salvo por quienes quieren verte, por quienes eligen mirarte. Se dejó arrastrar por la vorágine, aceptando su rol, hasta que despertó de su letargo y, dando rienda suelta a su natural creatividad, se puso a componer diamantes en forma de canción.

Melodías y letras sencillas, pero de una magia incontenible, alejadas de las composiciones pop de las dos estrellas principales del grupo. Canciones que comenzaban mostrándose inofensivas y, mediante quiebros que no se veían venir, se transformaban en himnos.

Cantó como nadie a la humilde pero plena alegría de estar vivo. Ensalzó como ningún otro la luz más hermosa que el hombre conoce: el diminuto rayo que anuncia el derrocamiento de la oscuridad, el final del túnel.

George sabía lo que hay en el alma del hombre, y le cantó a eso, a esa indefinición que todos tenemos en el centro del pecho, eso que nos contiene, eso que no comprendemos y eso que somos.

Incluso cuando hablaba de amor, del amor convencional, del sobado y manido amor romántico desde que el mundo es mundo, George era diferente, era muy él mismo. Eran las suyas historias diferentes, un ir en crescendo de forma morosa y sutil y seguramente no apta para todos los gustos. George era George, lo tomas como es o lo dejas. Y a él le parece bien de cualquiera de las dos formas.

Entrañable George, con su belleza discreta resistente al paso del tiempo, con su presencia que debía uno casi adivinar, que debía buscar, que no se imponía a nadie, sino que se ofrecía a quien la buscaba; presencia callada, observante, que escondía un anhelo apasionado por lo infinito, por poner lo inefable en palabras y en música, de modo que el mundo pudiera empezar a sentirlo como propio, a comprenderlo, a amarlo.

John hablaba con el Dalai Lama, pero George hablaba con Dios.

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24 comentarios

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24 Respuestas a “Ya viene el sol

  1. Magnifica reseña Leire, esa personalidad que describes tiene lo suyo, inadvertido pero original.

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  2. He aprendido mas de él hoy aquí que en todos mis años… y sobre todo porque no soy fan de ellos 😉 . Tanto, tanto han hablado de ellos desde siempre, que ya en mi adolescencia dije, y para qué! Nada de escarabajos. Techno Music 🙂

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  3. Nunca he sido de escuchar The Beatles, pero comparto tu opinión sobre George. La batallita entre John y Paul… En la época que no se hacían tantos conciertos solidarios como ahora, montó el Concert for Bangla Desh… todo un acontecimiento social y musical: Dylan, Clapton, Russell…

    Un abrazo.

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  4. Creo que tienes mucho en común con su forma de ser…

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  5. George también es mi preferido!

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