Riamos

Mirada de cerca, la vida es una tragedia, pero vista de lejos, parece una comedia.

Charles Chaplin

La comedia es como el verano, y no es casualidad que no me guste ninguno de los dos. Ambos tienen en común que parece que por fuerza tiene uno que estar feliz. En otras palabras: son una impostura, quizá la más obvia de las imposturas; una impostura convencional y acordada casi por unanimidad (exceptuando una minoría, aunque quizá seamos mayoría silenciosa, quién sabe) en la que, en virtud de un pacto no formulado, hacemos como que estamos todos encantados las 24 horas del día. (Me refiero, que conste, a la comedia en su formato de cine o televisión; la comedia como texto o como chiste es otra cosa).

Cuando era pequeña, como no estaba al corriente de ese pacto -ni de la impostura-, me encantaban las películas de risa, porque me las creía. Quizá ahora les tenga tirria y no me hagan gracia por la misma razón: porque antes me las creía y ahora me sienta muy mal que me hayan engañado de esa manera, que me hayan hecho creer que toda esa gente era así de feliz y que la vida podía ser como en esas películas, en las que todo el mundo era encantador o, si no lo era, al final descubrías que tenía buen fondo; donde no sucedía nunca nada demasiado grave ni imposible de solucionar; y donde no existía nada tan feo que te hiciera rebelarte contra el orden establecido. Tal vez es esto último lo que más me dolió descubrir: que, en efecto, en el mundo hay cosas muy feas. Ese encubrimiento, esa negación de la fealdad moral tanto individual como social, me cabreó sobremanera. Por eso ahora me es imposible -aunque lo haya intentado y lo siga intentando- participar de esa suspensión de la incredulidad que se exige a todo espectador de cine de comedia.

A pesar de eso, algunas veces sintonizo con comedias de situación en la tele, porque intento evadirme y algunas veces necesito -como todo hijo de vecino- esa evasión. Casi nunca logro engañarme a mí misma ni fingir completamente que también yo puedo participar de esa fiesta. Es porque, por ese lado, no he madurado lo suficiente, no soy lo bastante adulta; me resisto a enfrentarme a la realidad de que todos sabemos que lo que estamos viendo es ciencia-ficción, o más ficción que la ciencia-ficción. No soy lo bastante adulta para asumirlo, y por tanto renuncio a participar de las risas, porque no soy capaz de asumir esa mentira.

Además, y por añadidura, la guinda al pastel es descubrir que los actores que representan personajes tan simpáticos, ocurrentes, amables, inocentes y capaces de sacarle partido a la vida no son ningún modelo a seguir en ese aspecto, sea porque han tenido mala suerte -o no peor que muchos otros mortales, con la diferencia de que su mala suerte ha sido hecha pública- o porque ellos mismos han elegido transitar por el mal camino. Tomemos un ejemplo de reciente socialización: Charlie Sheen.

De él se ha sabido ahora que llegó a gastarse 1,6 millones de dólares (casi 1,5 millones de euros) en prostitutas en un solo año, pese a que hacía muchos meses que sabía de su situación y del peligro de transmisión a otras personas. Eso fue en 2013, señal de la adicción al sexo que muchos le han atribuido, y de un estilo de vida que provocó la desvinculación de su contrato con CBS en 2011, la cadena que le hizo rico emitiendo Dos hombres y medio con el neoyorquino como protagonista.

De www.elmundo.es

Tras cambiar de parejas con frecuencia, confesar que participaba en orgías y admitir sus problemas con las drogas, el diagnóstico del actor no es del todo sorprendente…en especial tras los constantes escándalos que protagonizó desde finales de 2010, cuando fue despedido de la exitosa serie de la cadena CBS, “Two and a Half Men”.

Fue esa imagen que la que llevó a la CBS a crear el personaje de Charlie Harper para “Two and a Half Men”, donde se retrataba a un hombre mujeriego y alcohólico, y que fue interpretado por el mismo Sheen. Durante toda su participación en ella, el actor estuvo en diferentes tratamientos para su adicción a las drogas.

De http://www.emol.com/noticias/Espectaculos/2015/11/17/759566/La-vida-de-excesos-que-llevaron-a-Charlie-Sheen-a-ser-VIH-positivo.html

Yo soy de los que opinan sobre las drogas que son una mierda, punto. No comparto la corriente más moderna de pensamiento de que sirven para expandir la conciencia, de que dan mucho placer y de alguna manera eso justifica su consumo, de que sirven para estimular la creatividad, etc. Soy más tradicional y siempre he pensado que alguien que hace girar su vida, o buena parte de ella, en torno al consumo de drogas es alguien fundamentalmente vacío, con un grave problema existencial, de autoestima y de alegría vital. Tampoco comparto la tesis de que cada uno es libre de hacer con su vida y con su cuerpo lo que quiera, porque existe algo que se llama responsabilidad, y, bajo ese epígrafe, está además la responsabilidad para con los demás, no sólo para con uno mismo. Casi todo el mundo tiene a alguien que lo quiere y ante el cual debe responder. Y, en última instancia, todos debemos responder ante la sociedad. Debemos dar ejemplo, respetarnos a nosotros mismos y procurar no ser un lastre para nadie ni un gasto innecesario para nuestra comunidad. Además, quien no se respeta a sí mismo no podrá respetar verdaderamente a los demás. Eso por un lado.

Dicen, por otra parte, que el personaje que encarnaba Charlie Sheen en su famosa telecomedia era un trasunto de sí mismo. Mentira. Puede que fuera un alcohólico, pero era un alcohólico en rehabilitación y, además, trabajaba, era funcional y siempre, o casi siempre, aparecía sobrio. Ni que decir tiene que aquel personaje no participaba -que se supiera- en desenfrenos obscenos ni dilapidaba su dinero en vicios. Tampoco sufría de depresión ni vivía encerrado en su casa obsesionado con sus películas y con las apuestas por Internet, detalles éstos que, según afirman los medios, formaban parte de la vida del actor.

No puede haber un abismo mayor entre la realidad y la ficción. Y es esa realidad de la que no puedo desentenderme cuando estoy viendo la ficción. Una parte de mí no puede salir de su asombro; se pregunta cómo esas personas que son capaces de hacer reír a tanta gente pueden ser en realidad las cáscaras vacías con forma humana que, según todos los indicios, son en realidad. Cómo alguien que en apariencia tiene todo lo que el mundo le puede ofrecer puede llegar a tomar el camino que ha tomado. Si todo eso es así, ¿qué se esconde detrás de ese chiste, de esa risa que compartimos? Nada, la nada absoluta. Una mentira sin sustancia, una burla, una risa amarga.

Yo elijo la comedia que surge de la vida real, de los momentos surrealistas o chuscos que se producen sin otro guionista que Dios mismo. Elijo la risa que nace cuando nos damos cuenta de lo absurda y ridícula que puede llegar a ser la realidad, y de lo ridículos que podemos llegar a ser, por muy en serio que nos lleguemos a tomar a nosotros mismos. Elijo la risa que no falsea ni trata de esconder la realidad; la risa que es compatible con vivir en un mundo donde hay fealdad, pero también belleza. La risa que une de verdad a las personas, incluso aunque no se conozcan. La risa que no nos hace olvidar nuestros problemas, y sí relativizarlos, inoculándonos tranquilidad, distancia y sensatez. La risa que es la distancia más corta entre dos personas, y el rasgo que nos diferencia de los animales. La risa que nos hace más inteligentes y humanos.

Casi, casi acertó, Sr. Vidal. Su manifiesto debía haberse titulado “Riamos”.

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10 comentarios

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10 Respuestas a “Riamos

  1. Hola Leire, tocas tantos puntos que no sé por dónde darle…me viene a la mente este actor que se suicido Robert Williams, todo un fiasco cuando decide terminar su vida de esa forma, con todo el dinero del mundo, la fama y la supuesta autorealización, esas cosas nos llevan a meditar primero que el dinero y lo que puedas conseguir con el no es determinante para una vida sana, feliz y completa, otra cosa es que también caras vemos corazones no sabemos, hay tanto detrás de los actores, son personas con defectos al igual que nosotros, claro no es el punto que tocas aquí pero el grado de admiración que les concedemos nos lleva al grado de decepción que nos harán sentir. Yo escojo apreciar el trabajo de cada cual, independientemente de lo que hagan con su vida personal, rió mucho con la comedia, busco esos ratos de “evasión” por así decirlo y me relajo, la vida en si es una comedia si aprendemos a verla desde ese punto. con sus altas y bajadas, con sus sabores y desencantos debemos aprender a reirnos hasta de nosotros mismos. Asi que tu entrada es formidable, reirnos es una ley de vida.

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  2. Con esa premisa las películas románticas tampoco te deberían gustar porque esas mujeres que se enamoran perdidamente de los hombres (o a la inversa) en las películas, y que luego no pasan de ser mujeriegos u “hombreriegas” que no saben lo que es querer, entiendo que también te disgustará. Y así seguramente habrá ejemplos en todos los ámbitos. Tipos duros de acción que luego no tengan ni medio asalto en la vida real… El caso es que son ejemplos en mi humilde opinión puntuales y las películas de comedia son muchas y los actores y actrices muy numerosos. No los crucifiques a todos y disfruta de las risas que producen, jejeje. 🙂 Totalmente de acuerdo con lo que dices de las drogas, pero con las mismas estamos en el alcohol. Cuánto dinero en ambulancias, policías, hospitales y personal sanitario se gasta en las personas que entran en coma etílico, o se pelean por ir borrachos, o… Una pena. Muy buena tu entrada, Leire. Besitos.

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    • Yo siempre he metido el alcohol en el saco de drogas, y drogas duras. No sé por qué es legal. Bueno, sí lo sé, y saberlo es casi peor. El alcohol es mierda líquida y produce entontecimiento y muerte neuronal, aparte de rupturas familiares, broncas, pérdidas de patrimonio y dignidad, delirium tremens, cáncer, embrutecimiento, accidentes de tráfico y muerte.
      En cuanto a los géneros cinematográficos, touché, mon ami. Tengo especial tirria a las pelis románicas, con lo cual, si me regalas una entrada para ver una comedia romántica, habrás tirado tu dinero. Por otro lado, las de mamporros y acción sí me gustan, quizá porque son notoriamente irreales e inverosímiles, y me divierten 🙂

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  3. Uf, tema complicado el de las drogas, alcohol… La gente se mete sin pensar que van a acabar adictos y destrozando sus vidas y las de alrededor. Si lo supieran no lo harían, nadie quiere ser infeliz. Y los que lo saben son los que las venden o regalan al principio, solo porque quieren sacar dinero, mucho dinero.

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  4. Y yo que pensaba que el frío me enojaba…anda que vaya entrada la que hoy tratamos jajaja. Intenta sonreir aunque no creas en el humor ‘en lata’ y si en las ‘espontaneas’. Tienes razón en todo lo que has escrito, pero chica, es un bombardeo constante en nuestras cabezas de multiples situaciones que nos cabrean (y espera que llegue la campaña) que, en mi opinion, a veces si que hay que ser ‘no maduro’ para tener unas vidas mas o menos saludables. Y de espiritu (aunque yo con Dios no tengo ningun sentimiento) Abrazos Leire que aun mediamos la semana 😉

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