Postblog

Rondaba el año 10 de la nueva era. Por si esto fuera -que lo es- pobre contextualización, digamos que por aquel entonces, a pesar de lo mucho rodado, se consideraba que Internet fuera todavía un sustituto que usaba alguna gente que carecía de lo que había que tener en caso de ser persona respetable. Gente que no tenía amigos los buscaba ahí, gente sin vida social se montaba toda una representación para poder tener, si no lo auténtico, al menos un pobre sucedáneo.

Sí, existían los blogs, pero no eran un fenómeno mayoritario. La misma palabra blog casi nunca se usaba y, cuando aparecía en textos, estaba en cursiva. Blog. Incluso se usaba log, a veces. Los que se consideraban modernos y pioneros se abrían una cuenta en Blogspot -siempre e invariablemente en Blogspot- y esperaban a que algún medio convencional -entiéndase: impreso en papel- se hiciera eco de ellos para así tener una columna, un espacio, no sé, algo. Los que no eran susceptibles de llegar tan lejos aspiraban a convertirse en minilíderes de opinión en su círculo inmediato, con un radio mayor o menor. El blog era algo que uno anunciaba -“me he hecho/abierto un blog”- porque, de buenas a primeras, nadie se iba a enterar si no. Así de en pañales estaba la cosa.

Aquí. Porque en otros sitios, era diferente. Ya había blogs usados con relativa holgura y gozando de relativa popularidad. Aunque todavía suscitaban interrogantes, claro. ¿Un blog, y para qué? ¿Para escribir en él qué?, se podía y, casi seguro, se solía preguntar uno. Abrirse un blog era algo que no se veía natural ni, casi, normal. Había que tener en mente un objeto, una meta.

Leiresroom era Leiresroom 1.5, aún no 2.0 pero tampoco 1.0, no vayan a pensar. Por medio de una amiga por correspondencia (extranjera), supo de aquel sitio web de blogs. Pongamos que se llamaba Tengoundiario.web. La amiga tuvo que explicarle a Leiresroom qué era y para qué lo usaban ella y otras amigas. “Para escribir lo que nos pasa o sobre nuestro día”. Y eso, para qué, se preguntaba Leiresroom. Pero, como por aquel entonces se escribía bastante asiduamente con la amiga extranjera, y como cada vez le daba más pereza escribir cartas, y como además parecía algo emocionante eso de ser miembro de un grupo o pandillita, aunque fuera algo virtual, ella aceptó la invitación.

Aquel fue el principio de una experiencia o aventura -que de todo hubo- que duró unos tres intensos años durante los cuales Tengoundiario.web se convirtió en uno de los ejes de la vida de Leiresroom 1.5. Trabó conocimiento y cierto tipo de amistad con blogueros de toda laya, procedencia y condición y escribió religiosamente sobre episodios de su vida, pensamientos, sentimientos, pajas mentales, creación literaria -compartiendo además retazos de su propia creatividad- y cualquier cosa que viniera al caso.

El tiempo siguió pasando, razones varias trajeron el final de aquella experiencia, y, sin que mediara ninguna causa-efecto entre aquello y esto, Leiresroom, ya en una versión mucho más avanzada (madurada es la palabra justa para adjetivar un concepto a caballo entre lo abstracto y lo humano), digamos la 2.9, aterriza en WordPress movida por su motivación de siempre: quiere, necesita escribir. Ahora el contexto es otro: casi todo el mundo, desde el escritor profesional hasta el repartidor de bombonas, tiene un blog; lo que no se sabe muy bien es para qué. Leiresroom llegó a WordPress con la idea de escribir sobre cosas muy concretas: temas de actualidad, comentarios de noticias… y con el viejo objetivo de canalizar hacia fuera su amor por la escritura, dando vía libre a poemas y a impulsos creativos que llevaba toda la vida sofocando o, cuando mejor, mostrando sólo tímidamente. Durante mucho tiempo -años; un año son varios eones, según el cómputo ultraacelerado del tiempo en esta nueva era- no tuvo público alguno, o casi (excepción hecha de una persona muy cercana a ella) y no tuvo retroalimentación. Sus artículos y poemas rara vez tenían visitantes, y perdió la costumbre de mirar el apartado de estadísticas y de visitas, porque el contador siempre estaba a cero (excepción hecha de despistados internautas que aterrizaban en sus páginas por error; a todos se nos ha perdido la brújula y el mapa en esos procelosos océanos de Internet).

Poco a poco, se dio cuenta de que podía seguir otros blogs e interactuar con ellos sistemáticamente. Tampoco de aquí surgió mayor tráfico ni nada de esto supuso diferencias significativas en la woolfiana habitación de Leiresroom. En verdad, no hubo causa y efecto algunos para pasar de esa situación a la que reina en el momento en que son redactadas estas líneas. De repente, la abejita puso su polen en la flor, el repollo dio fruto, se produjo un Big Bang y Leiresroom tenía ¡seguidores! que ¡le dejaban Megustas y comentarios! y con los que ¡interactuaba!

Lo más sorprendente de todo esto fue que, siguiendo esa misteriosa ley científica por la cual el observador provoca la alteración del objeto observado, así el blog de Leiresroom empezó a cambiar y a fundirse con el ambiente que lo rodeaba. Porque Leiresroom se había dado cuenta de que, a pesar de los eones transcurridos, y de la explosión y popularización de los blogs, la gente seguía usándolos mayoritariamente para… bien, no se sabe a ciencia cierta para qué. Digamos que para expresarse a sí misma. Pero no siempre bajo un objetivo concreto, ni para un fin concreto ni sobre una temática bien definida. Tal como sucedía en aquel protoblog, los blogs servían ahora, también, para todo y para nada. Uno publicaba cosas sobre sí mismo, otro sobre cómo había sido su día, aquél sobre su afición favorita, y cosas así.

Y los memes, siempre los memes. Si el protoblog había servido como plataforma rudimentaria de autopsicoanálisis, pudiendo uno descubrir mediante tests online desde qué personaje de Friends hasta qué sabor de batido era, y hacer guiños-llamamientos a otros blogueros, nominándolos a premios y metiéndolos en situaciones de todo tipo, ahora, eones después, tales instrumentos de comunicación seguían gozando de buena salud.

Vuelve a no haber moraleja, porque esto es la vida real. Digamos que, de haber alguna, sería ésta: el ser humano no cambia, y nosotros somos seres humanos, luego nosotros tampoco cambiamos. No, al menos, tanto como nos gustaría suponer.

La madurez seguramente está sobrevalorada.

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8 comentarios

Archivado bajo vida real

8 Respuestas a “Postblog

  1. Pues tu blog ha madurado mucho. Ha sufrido muchos cambios, ha crecido contigo. Y ahora está estupendo. Como tú. Y este es solo un paso más. Besitos

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  2. De “irónico a irónico”, me encanta la nueva Leire, por muy incisiva que seas, que creo que siempre quisiste ser. Enhorabuena y para tu blog. Un abrazo no cambiante 🙂

    Le gusta a 1 persona

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