Indecencia

Rescato una cita apócrifa o bien atribuible a Manolo Blahnik (aunque no he podido verificar ninguno de los dos extremos; ni siquiera estoy segura de que sea una cita en absoluto) según la cual el autor (o Manolo Blahnik, en cuyo caso) dijo: “En mi cabeza sólo entra lo que yo quiero”.

Recuerdo que, al oírla por primera vez, pensé -y sigo pensando- que era una de las cosas más sabias y sensatas que había oído nunca.

Porque algo hay que hacer. Algo hay que hacer para defenderse.

La infancia es un constante nadar -y aprender a nadar- sorteando miedos. Muchos miedos todos nuevos, al principio y durante mucho tiempo; miedos como tiburones blancos acudiendo prestos al reclamo de la gotita de sangre; miedos como pirañas, miedos como Moby Dicks que arrasan con todo, miedos como icebergs esperando su Titanic para fastidiarlo pero bien. Cuando somos niños, no distinguimos muy bien lo que es real de lo que no lo es -quizá de adultos lo distinguimos demasiado bien, somos demasiado maniqueos- y tenemos que vérnoslas con terrores, más que con miedos.

Es una época dura. Puede ser -y es- maravillosa; de hecho, es nuestro paraíso perdido; el de todos, el de cada uno. pero es dura. Porque uno pasa terror.

Aun así, ni el miedo al hombre del saco, ni el miedo al médico, ni el miedo a los electrodomésticos que rugen, ni a los perros, ni a los zombis, ni a las serpientes… nada de eso nos prepara para lo que vendrá después.

Nada de lo que se vive en una infancia normal nos prepara para la indecencia, para la traición, ni para el hecho cierto de que no podemos confiar en nadie. O sí, podemos: podemos confiar en nosotros mismos.

Cuanto más nos decepcione el mundo y sus gentes, más seguros estaremos de poder confiar en nosotros mismos. Somos afortunados si tenemos a otra persona, o a dos, en las que sabemos a ciencia cierta y con los ojos cerrados que podemos confiar con el corazón y con nuestra propia vida.

La indecencia del mundo se manifiesta de muchas maneras, pero todas ellas suelen tener una cosa en común: son maneras muy poco espectaculares. De hecho, son mediocres. Las maldades de la gente, las que nos van minando la moral, suelen ser muy pequeñas de tamaño, una especie de áspides de mordedura certera, sin embargo, que nos va inoculando su veneno. El veneno puede que no nos mate, pero sí infectará nuestra savia vital hasta ponerla negra, biliar. Eso nos convertirá en personas malhumoradas y, a la postre, cínicas. Pensaremos eso de que el mundo es un estercolero y -parafraseando una pintada muy poco original que he visto estos días- la vida, un vertedero.

No me refiero a la indecencia de los ladrones de guante blanco, corruptos, criminales, farsantes, mentirosos deliberados y calculadores, malvados señores (con vasallos a veces buenos y a veces meros aprendices de sus señores, o voceros, cuando mejor), Sino a la de la gente normal.

Gente que promete que te va a hacer un favor -minúsculo- y luego te despacha con cajas destempladas, fingiendo no saber de qué le hablas e incluso dirigiéndose a ti como si le molestaras; médicos que te piden que te desnudes y esperes detrás del biombo y luego se enfrascan en una conversación telefónica poco o nada importante; amigas que te dicen que no van a salir hoy y que luego son vistas por alguien de tu confianza, pasándolo en grande; gente a la que un día diste el privilegio de un lugar destacado en tu vida y luego te diste cuenta de que no lo merecían; personas de tu edad a las que te acercas en busca de amistad y te dicen que tienen que votar si quieren frecuentar tu compañía…

Sí, todos hemos vivido situaciones así; todos… menos quienes las provocan. Curiosamente, es algo en lo que todo el mundo parece tener el boleto ganador (o perdedor, según se mire). Nadie está en el otro extremo. Se diría que son cosas que pasan; accidentes naturales; manos perdedoras de quien juega al juego del destino. Y no es así. Hay que decirlo. Aunque no se pueda hacer nada más.

Y claro que a todo eso hay que sumarle lo mencionado antes, lo que parece no importar, pero importa: los latrocinios, engaños a gran escala, exhibiciones de impudicia y cinismo que nos dejan estupefactos, alardes de prepotencia que son la llama que prende una mecha de consecuencias, la desvergüenza, las muestras de soberbia… Oímos y vemos que todo eso es cierto, que el odio y la indecencia anidan en los corazones de las personas. Pero en esta ocasión, más incluso que el odio, que es un sentimiento apasionado y que suele obedecer -en la cabeza del odiante- a una razón que se puede verbalizar cabalmente, incluso argumentar, me interesa destacar la indecencia, que no es un sentimiento, sino una forma de ser y de estar en el mundo; es una forma de ser sin pensar; la indecencia no obedece a ninguna razón, ni lícita ni ilícita, ni digna de aprobación ni totalmente despreciable; la indecencia nace con uno; se es así, y uno no ve nada malo en ser así; ni siquiera se lo cuestiona.

El que odia se hace; el indecente nace -y muere- indecente.

Es otra forma de llamar a las personas tóxicas. Contra algo tóxico, no cabe el contraataque; la mejor defensa es tomar las de Villadiego, y rápido. Buscar cobijo en tu lugar seguro, refugiarte en él hasta que recuperes las fuerzas y la moral y estés listo para volver a salir al campo de batalla. Recurrir a tus aliados y, si los tienes, a tus personas de confianza, las que jamás te han abandonado ni te abandonarán. Fortalecerte, restañar las heridas, si no se ha podido evitar el choque y de resultas de él se han abierto algunas. Eso, y, si todo lo demás falla, seguir el consejo de Manolo Blahnik (o de quien fuera).

Anuncios

7 comentarios

Archivado bajo Artículos, vida real

7 Respuestas a “Indecencia

  1. Qué dura tu exposición… Yo creo que sí que hay gente que merece la pena, gente en la que puedes confiar, gente que puede ayudarte a ser feliz. No sé si darían la vida por ti o no, seguramente no, para eso hay que querer mucho a una persona, y algunos ni con esas, pero sí todo lo demás. Besitos

    Le gusta a 1 persona

  2. Aunque soy hombre, ha sido ver “Manolo Blahnik” y he dicho quéeee, “los Manolos” en el blog de Leire? Me ha dejado un poco descolocado 😉

    El enfado que te traes aquí es de aúpa 🙂 . La vida es así, que te voy a contar, una constante lucha contra gente tóxica, o que te quieren meter en su mundo tóxico. Lo malo que yo tengo que bregar todos los días con una persona así, si quiero saber del devenir de mi hijo… Así que estoy muy acostumbrado a torear en plazas así (y aún así, nunca pierdo el humor jajaja) Un abrazo como siempre!

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s