Convaleciente

Convalecer.

Fiebre, gripe, constipado, varicela, otra cosa, algo, un bichito, algo, una inoculación.

Postrado en su cama, el niño hace vagar su mirada enrojecida, encogida.

Las cabecitas de dos agujas, su mínima expresión.

Sufre, el cuerpo le duele.

“Enfermedad benigna”, le han dicho. ¡Y un cuerno!

La tele, la tableta, el móvil.

Todo, apagado, ya insuficiente, aburrido, tirado por ahí.

La bandeja con los restos del almuerzo especial para enfermitos,

malcomido, sin ganas, sin sabor, sin poder disfrutar.

Restos de una vida debilitada, aunque sólo por esta semana.

Vacaciones forzadas de la vida.

El refresco burbujeante se ha trocado en soso zumo.

El consabido termómetro, las tabletas de paracetamol, la caja mal cerrada

(el prospecto del otro lado, mamá).

Demasiadas mantas, pero hoy son demasiado pocas;

las paredes pintadas de un tono más dulce de blanco reproducen el eco silencioso de tantos minutos

sin saber qué hacer, sin saber cómo hacer pasar más rápido el tiempo

cuando todo ha sido ya probado y descartado.

Yerran otra vez los ojos cansados, ojos hoy envejecidos por el calor corporal.

Entonces, se detienen un momento:

Esta tarde,

el sol perezoso entra otra vez en su habitación, pero

esta tarde,

él sí está ahí para verlo.

Juegan los rayos con sus tenues cortinas,

caldean, tímidos, el aire, que ahora mismo ha de ir a sus pulmones.

El abrazo del sol va a parar a su sangre, y luego, a su corazón.

El tiempo sigue siendo lento, pero ya no es tan pesado.

Mira otra vez su gran cama (él, hoy, un muñequito tan pequeño en ella).

Siente, por primera vez, el milagro de estar aquí quieto, dueño por hoy de un minuto.

Ha sido colmado de besos y abrazos, de deseos de que se ponga bien muy pronto.

El mundo ha redoblado sus esfuerzos para que él se sienta arropado.

Vagamente, cree intuirlo, aunque no pueda encontrar las palabras.

(No es nada que vaya a escribir en ningún diario).

Su destino: estar hoy enfermo.

Para poder sentir el amor.

Para poder darse mejor cuenta de que es tan amado.

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3 comentarios

Archivado bajo Poemas

3 Respuestas a “Convaleciente

  1. Me ha llegado…yo que soy padre (que hasta ahora no lo había dicho ni en mi blog). Permíteme que desde aquí le mande besos a mi hijo Alvaro. Un abrazo Leire!

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