Mi reseña de “Lobo en la camioneta blanca” ha sido la más leída de la semana en el blog en el que colaboro, Librosyliteratura.es, gracias, en parte, a dos retuits del autor de la novela, John Darnielle.

Ignoro si el autor entiende el español, y, si no es así, espero que se lo hayan traducido de modo fidedigno y que le haya gustado.

Es una sensación rarísima la de saberse leído por el autor del libro que uno ha leído y por el cual se ha entusiasmado. No sé si mi reseña le hace justicia al libro; espero que así se lo haya parecido al autor.

En realidad, estoy comprobando por mí misma y a través de mi persona-cobaya que la observación y el observador transforman el objeto observado, es más, cambian el comportamiento del objeto observado. Uno debería escribir siempre como si nadie más que él fuera a leerlo nunca, y en el momento en que uno se vuelve consciente del público -aunque consista en una única persona, pongamos por caso-, ya no es él mismo, no es natural. Es la misma diferencia que hay entre una foto de una persona que sabe que está siendo fotografiada y una de la misma persona retratada sin ella saberlo. Siempre que hay alguien mirando, leyendo, observando, uno, instintivamente y sin poderlo evitar, comienza a representar. Se representa a sí mismo; representa la idea que él cree que los demás deben (o deberían) tener de uno.

Casi nunca resulta bien y, a pesar de eso, nunca se puede evitar ese comportamiento.

Volviendo al punto de partida, el ser consciente de que mis comentarios pueden ser leídos me ha hecho recapacitar sobre otra cuestión: las valoraciones en las que no he sido tan entusiasta como en el caso del que hablaba al principio de la entrada. No hay muchas, pero alguna ha habido. Estoy pensando en esos artículos o, mejor dicho, estoy pensando en los autores aludidos que hayan podido leerlos. Hipotéticamente, pero esa presencia hipotética ya basta para haber despertado mi muy judeocristiano sentido de culpa.

Hablar de culpa es cargar mucho las tintas. Pero algo de eso hay. No estoy pensando en el autor cuyo nombre está impreso en la portada del libro que he leído. No en el autor fotografiado ad hoc por un fotógrafo profesional, encarnando la imagen que él cree que debe proyectar (o sea, no siendo él mismo). Ni siquiera en el autor escritor del libro. Sino en el autor persona. En el autor hijo de alguien, si quieren ponerse en un extremo. En el autor despojado de su creación. ¿Qué debe de sentir al leer una mala crítica de su obra? Hay muchas formas de sentirse mal, y hay otras muchas de recibir una opinión negativa o peyorativa sobre algo que uno ha hecho. Los hay que reaccionan con indiferencia, con humor, con sarcasmo, con bonhomía. Los hay que utilizan la crítica como lección de la que aprender a corregir lo menos logrado de su forma de hacer las cosas. Luego hay muchos que se sienten dolidos, ofendidos, insultados o heridos en su amor propio. Hay infinidad de reacciones e infinidad de matices a esas reacciones. Pero no creo que haya nadie a quien le guste ser objeto de una opinión menos que halagüeña.

Para quien opina, autor y obra son dos cosas netamente diferenciadas, o deberían serlo. Cuando leemos un libro, casi nunca conocemos al autor, ni lo conoceremos nunca; a lo sumo, adquiriremos de él un conocimiento muy relativo, parcial, modelado por los medios de comunicación y otros factores. Pero para el autor, lógicamente e impepinablemente, su obra es él mismo y, aunque la razón le diga que la opinión se refiere solamente a su obra y no a él, pienso que su parte emocional se duele como si lo hubieran atacado a él personalmente (y, para el caso, hagamos como si una opinión negativa o crítica fuera lo mismo que un ataque).

Pienso eso y me resulta imposible censurar nada ni a nadie. En realidad, ¿de qué sirve hacerle daño a alguien, aunque sea sin querer y aunque en la profesión vaya implícita la aceptación de las reglas del juego? Y además, ¿qué pasa si esa persona no es capaz de hacerlo mejor, si lo ha hecho lo mejor de lo que es capaz de hacerlo? ¿Puede alguien honestamente criticar el producto de su esfuerzo? Puede gustarle más o menos, pero ¿no es mejor que, si no le ha gustado, se guarde su opinión para sí? ¿De qué sirve, en realidad, decirlo y que el otro lo sepa? Se supone que cada uno hace las cosas según su capacidad. ¿Para qué hacer sentir a alguien que no es lo bastante bueno siendo tal como es y haciendo como él entiende que debe hacer las cosas?

Es mucho mejor dar amor. Puede sonar cursi, y de hecho seguramente lo es, pero también es verdad. Dar amor no es sólo abrazar a alguien, es también guardar silencio cuando no hay nada bonito o amable que decir, es respetar las opciones y las aptitudes del otro, es dar por sentado que un desconocido del que se ignora absolutamente todo, o casi todo, también sufre y que hay muchas maneras de atizar ese sufrimiento vital que, en mayor o menor medida, todo ser humano padece y arrostra. No es tan nimio como puede parecer.

La falta de amor, además, tiene un karma instantáneo: en el momento mismo en que se expresa, se vuelve y lo muerde a uno en el trasero. Dudo mucho que la gente que despotrica desde el anonimato internetero contra todo y contra todos se sienta mejor por hacerlo; creo que se siente peor. Las veces en que yo he actuado así en mi vida, cada vez me he sentido peor de lo que lo estaba antes. Lo que nos hace daño no es lo que introducimos en nuestro cuerpo, sino lo que echamos de él.

El mundo está ahíto de desamor. El desamor, como la entropía, va en aumento. Irá en aumento hagamos lo que hagamos; es inherente a la raza humana. Pero basta con contribuir a su aumento lo menos posible. El desamor es el caos, el amor es el cosmos, el orden, la paz. No hay desorden ni alteración en medio de la paz; es otra forma de denominar al estado en el cual todo está donde y como debe estar. Eso es el amor: paz y orden; puede decirse incluso que es limpieza. El polvo y la mugre tienden a expandirse, pero, puestos a elegir, ¿qué es mejor? ¿Ayudar a que su avance sea lo más lento posible, o encogerse de hombros y sumarse al festín de la suciedad porque, total, para lo que yo puedo hacer…?

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