Prohibido el paso

Pueblo maldito de gente marcada, de caras cerradas,

Pueblo maldito de espacios interminables, de cielos abiertos como un campo de batalla.

Pueblo maldito donde discurre la noche como río donde pescar sueños.

Pueblo maldito de pequeñas zorras que celebran aquelarres a la luz del sol, donde traman a qué niña crucificar esta vez

Pueblo maldito de muchachos embrutecidos, hedonistas ágrafos,

de hermosa basura, modélica basura que crece en árboles y fructifica por campos, aceras y jardines.

Pueblo maldito de perfume a tila, de senderos mágicos, de noches de verano donde soñar o evocar

todo lo que se pudo haber tenido,

todo lo que ellos no te dejaron ser.

Pueblo amurallado para mantener prisioneros a los de dentro y cerrar el paso a los de fuera:

nosotros no nos hacemos responsables.

Pueblo de casas centenarias donde lumbres precarias velan descansos entrecortados,

temores enmascarados,

leyendas verídicas.

Pueblo de cortas vecindades y saludos demasiado efusivos,

cafés perezosos a media tarde, amistades de patio de colegio,

con el vecinito cuyo abuelo traicionó al tuyo, y que hoy se venga de su oprobio martirzando a otro inocente.

Pueblo maldito de enfermedades colectivas, de banquetes donde la envidia se repartió generosamente

y cierra el círculo de pequeños clanes con miembros unidos hasta la muerte, mal que les pese,

donde quien entra no sale, y quien sale,

¡ay! quien sale o es expulsado

vaga cuatrocientos años por el desierto.

Pero no pasa nada; son cosas de críos; eso se olvida; algo habrá hecho; yo no me meto.

Pueblo maldito, eremítico infierno por siempre jamás, espacio donde no pasa el tiempo, la soledad forzosa como castigo.

(algo habrá hecho, ella empezó, no es mi problema).

Pueblo maldito en cuyas noches fui sirena, en cuyos días me perdí

vagando por mi propio castillo, creando mi propia corte, contándome cuentos a mí misma.

En cuyas calles también yo aprendí, en cuya belleza me sumí como en un océano balsámico.

Pese a todo, mi cuna; pese a todo, mi tumba elegida.

En ningún otro lugar puedo descansar como en tu lecho.

A ningún otro lugar puedo llamar mi hogar.

¿Cómo olvidar el lugar donde encontré la paz?

¿Cómo olvidar mi primer amor?

¿Cómo silenciar el hecho de que, con tus murallas, me enseñaste a ser

arquitecta de mi destino

ingeniera de mis caminos

capitana de mi vida?

Rey de mi castillo, también soy,

y vosotros sólo estáis lejos.

“La justicia es cosa mía”, dice el Señor;

pero a mí me ha dejado el honor de la lucha.

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1 comentario

Archivado bajo Poemas

Una respuesta a “Prohibido el paso

  1. “Pueblo maldito en cuyas noches fui sirena, en cuyos días me perdí…
    vagando por mi propio castillo, creando mi propia corte, contándome cuentos a mí misma”….

    Un pueblo es a veces un reino y cuando te crees perdida, te encuentras… Juegos laberínticos… Y de la imaginación… 😉
    Me encantó tu poema en prosa! Aquileana ⭐

    Le gusta a 1 persona

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