Primus inter pares

Lo que veo en ti está ahora en mí.

Por transferencia, por vía infusa, por el poder que se te ha dado.

En ti veo el amor, del que me llenaste a mí.

En ti veo la compasión latente, que florecerá desde su perfecta raíz.

En ti veo el deleite, el saber secreto de los iniciados.

Veo la mirada amplia que acompaña a la risa franca.

Tantas cosas que trajiste para dar, todas para dar.

Y el viejo cántaro, rebosante del vino joven, no se ha roto; es un milagro.

Príncipe de la alegría, que trajiste también, sin embargo, dolor;

pero un dolor sin aristas, un dolor que duele pero no da pena.

Es un dolor que trasciende, el dolor inherente

al hecho de ser humanos.

Porque veo tu mirada también detrás de cada mirada sufriente.

Tras cada mano tendida que suplica, veo la tuya.

Y es que el amor que irradias ha mermado mi coraza, la piel es ahora más fina.

Todo la traspasa.

En carne viva, lo que sea, no me importa; me postro y te adoro.

Hay muchos como tú, pero ninguno es exacto a ti.

Sí: sólo en ti hallo complacencia.

¿Y cómo vivir con tanto dolor?

¿Y cómo vivir con tanto amor?

Pues ninguna otra es verdadera vida.

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