Niebla, de Miguel de Unamuno

Niebla

Acaso fuera don Miguel de Unamuno demasiado filósofo, demasiado introspectivo, demasiado analítico, demasiado cerebral y su sentido de la vida fuera quizá demasiado trágico para pasar a la historia como gran novelista, no ya de la literatura española, sino siquiera de su generación (el gran novelista será seguramente Pío Baroja). Pero ello no es óbice para que creara una imperfectísimamente perfecta novela -o nivola, según denominación unamuniana; como ustedes prefieran-, Niebla.

Y cuán grande es su oscura fascinación, cuán hipnotizante su irregular conjunto, cuán deleitosa su belleza que atenta contra todo estereotipo, al punto de que no sabemos muy bien qué estamos leyendo, si novela, si ensayo dialogado, si tragedia, si comedia, si astracanada, aunque, ¿acaso nos importa? No, porque sea novela o ensayo, tragedia o comedia lo que estamos leyendo, y pese a saber que es una obra que no se ajusta a los cánones de ninguna de esas categorías, no podemos dejar de leer. Ejerce una fascinación similar a la de ciertas bellezas extrañas que no responden a ningún ideal de tales, pero, con defectos y todo, atraen la mirada igual que un imán.

Quizá sea el lenguaje, tan bien manejado por don Miguel, ora culto, ora coloquial, siempre con sabor a antiguo, a foto en blanco y negro; quizá sean los personajes, alter egos todos ellos o casi todos del autor, dando voz y palabras a sus pensamientos, a sus contradictorias filosofías, a sus dialécticas mentales, a sus discusiones consigo mismo y con ese Dios deseado y deseante a quien Unamuno interroga constantemente y sobre el cual se interroga a sí mismo, vestido ya de Augusto Pérez, el deplorable protagonista, ya de su amigo Víctor, la voz de la razón o siquiera de la racionalidad, tan unamuniano él, ya de sí mismo, pues un autor con una personalidad tan fuerte como fue don Miguel reclamaba figurar en su propia novela como personaje decisivo en la trama.

O quizá la magia equívoca de Niebla provenga del hecho de que empieza como novela de dulciamargo romanticismo, continúa como novela de ideas y termina como novela de terror, con unos tonos macabros y tan llenos de vacío existencial y de nihilismo que habrían debido hacer verdecer de envidia a Sartre.

– See more at: http://www.librosyliteratura.es/niebla.html

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