Basado en hechos reales

… tal vez soñar

En la mayoría de las citas parecía ser el de siempre, rápido de mente y cercano con sus amigos y sus hijos. Pero también estaba más gordo y despeinado que de costumbre y a veces aparecía muy cansado, como si no hubiera dormido nada la noche anterior.

“Todo eran drogas y alcohol. Consumía cualquier cosa que me daban. Me gustaba todo”.

“Creía que ese capítulo había terminado”.

50 papelinas después, supimos que no.

Dormir…

El pasado mes de abril completó un tratamiento voluntario para superar su adicción a una sustancia que no fue especificada en un centro de rehabilitación. Ya con 19 años recibió tratamientos similares.

Dijo que, cuando tenía 19 años, era “adicto a cualquier cosa”.

Murió por una “aparentemente casual” sobredosis de heroína y alcohol.

Tal vez…

“No me quité el pijama durante siete meses”.

“Dejé el viejo equipaje atrás”.

Poco después: Ahogamiento accidental producto de sus problemas cardiacos y el abuso de la cocaína la misma noche de su muerte.

… olvidar.

416 miligramos de alcohol por 100 mililitros de sangre

sobredosis de metadona y vómitos

“Construyeron centros de rehabilitación por mí”.

fumar de 15 a 20 cigarros de marihuana por día

sobredosis de barbitúricos a los 47 años

“es como tener un arma cargada, en la boca y el dedo en el gatillo, sabes que en cualquier momento se va a disparar pero te gusta el sabor del metal del arma”

“Bebo todo el tiempo. Si estoy feliz, bebo. Si estoy triste, bebo. Si el día amanece soleado, bebo. Si amanece lluvioso, también”

“No prueben la cocaína, jóvenes. Yo lo hice durante muchos años”.

Dos décadas de drogas, fiesta y alcohol.

“No podía explicar cómo podía estar tan triste”. Y eso que había ganado un Emmy.

Dos botellas de vino cada noche.

… fue hallado inconsciente, boca abajo, a los pies de su cama. La autopsia reveló que la combinación de medicamentos para controlar el insomnio, la ansiedad, la depresión, el dolor y los resfriados fue mortal.

catorce medicamentos distintos fueron encontrados en su cuerpo, diez de ellos, en cantidades significativas.

Al entrar a la habitación, la encontraron muerta, tirada en el suelo a un lado de su cama. La causa oficial de su muerte fue una sobredosis de heroína, probablemente bajo los efectos del alcohol.

Me levantaba de la cama y me ponía a ver cricket por televisión a las 11 de la mañana mientras me bebía una botella de vino. Nunca fui un alcohólico, pero bebía casi todos los días. Es importante tener una motivación que te ayude a levantarte por la mañana. A día de hoy mi mánager me sigue diciendo: ‘Tienes que hacer algo’. Pero yo no siento la necesidad de hacer otro disco. Mi médico me decía: ‘Puedo hacer que dejes de beber, pero no puedo darte una razón para levantarte por las mañanas’. Dejé de beber hace 18 meses, pero aún están intentando que encuentre esa razón”.

* * *

El doctor canadiense Gabor Mate fue el primero en explicarme que los consumidores clínicos lo dejan sin más, a pesar de que se han estado drogando durante meses. La misma droga, utilizada durante el mismo período de tiempo, convierte a los usuarios de la calle en adictos desesperados, mientras que no afecta a los pacientes médicos.

Si sigues creyendo -como me pasaba a mí antes- que la adicción está provocada por sustancias químicas, esto te resultará incomprensible. Pero si crees la teoría de Bruce Alexander, el puzle empieza a cobrar sentido. Los adictos callejeros son como las ratas de la primera jaula, aislados, solos, con una sola vía de escape a su disposición. El paciente médico es como las ratas de la segunda jaula. Vuelve a casa a una vida rodeada por la gente que ama. La droga es lo mismo, pero el entorno es diferente.

Esto nos da una visión que va mucho más allá de la necesidad de entender a los adictos. El profesor Peter Cohen defiende que los seres humanos tienen una necesidad profunda de apego y de crear vínculos. Es así como obtenemos satisfacción. Si no podemos conectar con las personas, conectaremos con cualquier cosa que encontremos, el zumbido de una ruleta o el pinchazo de una jeringuilla. Afirma que deberíamos dejar de hablar sobre “adicción” en general para empezar a llamarlo “apego”. Un adicto a la heroína se ha adherido a ella porque no ha podido vincularse con otra cosa hasta ese punto.

Por tanto, lo opuesto a la adicción no es la sobriedad. Es la conexión humana.

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