Pase lo que pase, cerraré la puerta de nuestra hermosa guarida

y dormiré esta noche otra vez a tu lado,

mi botón de rosa,

mi estrella color de mar,

en este cubículo abigarrado donde nació nuestro amor

bello por siempre jamás.

Ay, Calibán, qué certeras saben ser también tus obras,

que señalas con el dedo y ya no tenemos vuelta atrás,

estamos prisioneros para siempre de ese impulso, de esa mirada.

Sin pensar, sin haber sabido nunca,

sólo en un instante se decide nuestro destino.

Pase lo que pase, no hay día demasiado gris

no hay noche en vela demasiado larga.

No siento el peso en los párpados, no siento el cansancio en las entrañas

ni dolor, aunque me traspase el aro de fuego.

Pase lo que pase, arribaré cada noche a puerto,

y cerraré la puerta, porque a nadie le importa.

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