Suma cero

La vida es un juego de suma cero. La vida de cada uno.

Con esto quiere decirse que la pérdida experimentada en un momento de la vida, por cualquier razón y en cualquier forma que adquiera, se verá compensada en otro momento por una ganancia de idéntica proporción. No hay orden establecido en el cual se producen la pérdida y la ganancia. Y este funcionamiento se reproduce constantemente.

Al final, habrá resultado que una persona cualquiera habrá perdido X y habrá ganado X. Su vida arrojará un resultado de cero (y, en este caso, el cero representa un resultado óptimo).

Por esto mismo, también se puede decir esto otro: en realidad, ganancias y pérdidas son irrelevantes en el momento en el que suceden.

Es como el cuento de aquel pesadísimo labriego chino que, cada vez que algo le sucedía y sus vecinos lo felicitaban o se compadecían de él diciéndole “¡Qué buena suerte!” o “¡Qué mala suerte!”, según correspondiera, él respondía: “Puede que sí, puede que no.”

Pero con esta teoría de la suma cero no nos referimos tanto a la bondad o maldad, a la fortuna o a la adversidad que experimentemos a cada momento, sino más bien a esa frase tan de moda de “Nada es gratis”.

No; pero, siguiendo nuestra teoría, si bien es cierto que nada es gratis, se puede afirmar igualmente que nada es gravoso. Porque un pago ahora implica una cobranza en algún momento futuro (o bien ya la ha habido en esa misma proporción en algún momento pasado). O sea, que todo es gratis. En este caso, el pago y el cobro son lo mismo. Cobramos siempre, pero también pagamos siempre. O bien: pagamos siempre, pero siempre obtenemos también algo a cambio. Suma cero, ya lo dijimos. Sólo que, también lo dijimos, aquí el cero representa éxito.

Uno puede gastarse una gran cantidad de dinero en algo, en algún negocio vital o profesional que no arroja buenos resultados. Puede decir que ha perdido. Pero, seguramente, también habrá ganado algo. Llámese experiencia, lección, escarmiento (que en realidad tiene el mismo significado que “experiencia”); ésa es la forma más notoria que suelen adquirir aquello por lo que hemos pagado. También es posible, no obstante, que nuestra ganancia jamás se nos revele como tal, simplemente porque la hemos adquirido en forma de viraje, o cambio de suerte, de tal modo que nunca sabremos en esta vida cuánto o qué hemos ganado. Por ejemplo, de no haber fracasado el negocio de marras, quizá jamás habríamos aprendido cómo no se deben gestionar las cosas, y esa mala gestión que hemos corregido a tiempo habría podido llevarnos a un quebranto económico mucho mayor en un futuro que ya no se producirá.

Pienso así porque, aparte de la lógica que preside esa teoría, tengo indicios para suponer que en realidad es así como funciona la vida, por algún motivo que se puede vislumbrar pero jamás ver ni mucho menos comprender, sólo intuir. Tanto como “Nada es gratis” vale decir, entonces, que “Todo es gratis” o también que “Todo tiene su precio y éste se paga, pero el que paga obtiene aquello por lo que ha pagado, aunque no siempre sepa qué es ese aquello ni tan siquiera el hecho de que ha pagado por ello”.

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