Archivo mensual: noviembre 2014

Ha llegado un nuevo maestro a la ciudad.

Llegó en medio de la noche, refulgiendo como un nuevo sol.

Llegó libre, noble y hermoso, igual que el arcángel anunciador.

Tiene ojos del color del cobalto puro y con ellos lo ve todo.

Ha llegado el maestro definitivo, ha llegado por fin.

Para enseñarnos una lección de amor, de paciencia, sacrificio y entrega.

Para arrojar agua bendita sobre los males que nos azotaban, los fantasmas que nos agobiaban

y romper el cerco de mentiras que nos rodeaba.

No le hace falta decir una palabra; le basta con estar.

Su sola presencia desaloja el miedo y la oscuridad,

porque allí donde hay amor no puede vivir también el miedo.

El miedo nada teme, pero ante el maestro huye espantado.

¡Es tanta su luz!

Ahora él es la hoguera que custodia la entrada de nuestra cueva;

es la cerilla que, encendida, nos permite ver finalmente a nuestro alrededor

y dejar de ser los ciegos que éramos.

Ha llegado el maestro; por fin está entre nosotros.

Ha venido para quedarse por siempre jamás.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Poemas

Buenos días, señor sol. Adiós, esquiva señora luna, que regresas a casa.

En medio de la noche, también veo sus rayos. Todas las noches se asoma el hijo del sol.

Siempre a tu ritmo, pequeño príncipe sol.

Te escapas del palacio real para salir a explorar este mundo que, sin saberlo, ya amas.

Y yo me quedo mirándote. Mirando, mirando

mientras tú bailas tu baile con pasitos silenciosos. A veces no llego a verlos, pero veo su estela.

Y las miguitas que has dejado a tu paso mientras correteas de un árbol a otro, del cobijo de una seta a otra.

¡Cuántos sitios más te quedan aún por visitar!

Después te veo tumbarte a la sombra del tilo, sonriente y cansado, sabiéndote adorado.

Trato de adivinar tus sueños por los reflejos de tus ojos,

ojos de pequeño príncipe sol.

Y no lo consigo, y entonces sólo los imagino.

Duerme el pequeño príncipe sol, brazos estirados, las estrellas acariciando su rostro.

A tu arbitrio, hijo del sol.

Envíame hoy también tu luz y tu calor.

Deja un comentario

Archivado bajo Otros

En medio de la hora del lobo, hay en la ciudad una luz que nunca se apaga.

La dulce mochila en su espalda, el peso de una cabeza sobre su mano.

Si sube otra vez la marea negra, cogerá esa carga y trepará hacia la boca del pozo.

Esperará a que baje, mientras piensa: “Esto también pasará”.

Hay en la ciudad arrasada por el diluvio un hogar siempre cálido.

A las cinco de la madrugada, una historia más y un paseíto por el lado salvaje,

mientras el horizonte se traga la última ola de la marea negra.

Y después, un poco de baile, una canción, se apaga la lamparita y todos a dormir.

Deja un comentario

Archivado bajo Poemas