Archivo mensual: octubre 2014

“No tengo miedo, nací para hacer esto”

Vivir es fácil si se sabe para qué,

vivir es fácil cuando se obtiene un porqué.

Algo que nace desde el fondo de una cajita reducida al nivel cero,

algo que no sabías que estaba, hasta que brota,

y entonces surge y no para, y se gasta y surge más.

Vivir es fácil tras olvidar todo lo demás,

vivir es fácil cuando sabes que lo superfluo es casi todo.

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Citas bíblicas: la adversidad

Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides.

Deuteronomio 31 8

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos 8 35-38

 Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.

Isaías 43 2

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Juan 14 27

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Por favor… ¡sálvame!

Venga, omnipotente camarero.

Taza y media de fútbol y más fútbol.

Taza y media de Gran Hermano.

De postre, un poco de Mujeres y Hombres y Viceversa.

Y si me quedo con hambre, ¡Sálvame!

Si me salto ese régimen, tiro la casa por la ventana.

Y esta vez, es literal.

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En un barquito de oro con el viento en popa a la vela mayor

navega rumbo a tierra el príncipe de Beukelaer.

Vestido de nata y chocolate con sangre de batido de fresa,

y envainada la espada de galleta y miel,

contempla risueño el paso del tiempo y de las olas de adelante atrás y así todo el tiempo.

¡Príncipe de Beukelaer, príncipe de Beukelaer!

Te cantamos a ti, ¡oh, alteza!, que nos vienes a salvar.

En misión ignota e incomprensible para nosotros, tus nobles pasos están sin embargo todos escritos

en el sendero pavimentado de barquillo y caramelo.

Nuestro príncipe de Beukelaer, que es pequeño como un muñeco de playmobil,

pero avanza seguro y a tope por las procelosas aguas del océano que sea

(porque todas lo son)

porque tiene un valor y un temple que no se los salta ni un violento hipogrifo impulsado por los siete céfiros.

Y aquí, ya en tierra firme, es él, ¡el único, el verdadero príncipe de Beukelaer!

el distinguido automedonte que sujeta y maneja las riendas del carruaje de nuestro destino.

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