wrong on the Internet

(“¿Vienes a la cama?” “No puedo. Esto es importante”. “¿El qué?” “Alguien en Internet no tiene razón.”)

Quien ha tenido una identidad en Internet, una cuenta, un perfil, quien ha participado en un foro o en un hilo de comentarios lo ha hecho. En suma,

Conexión a Internet + una opinión + posibilidad y voluntad de expresarla = ramalazo de Correctivitis

y casi todos somos culpables de eso.

Porque tener una opinión y creer estar en lo cierto son la misma cosa. Y, cuando nos creemos/sabemos en lo cierto, sentimos la tentación de corregir generosamente a quien sostiene la opinión contraria -es decir, a quien está equivocado y no tiene reparos en pregonarlo.

Tener una opinión o pensar de determinada manera implica siempre una potencial sensación de superioridad. Exponemos nuestro punto de vista y no concebimos cómo puede nadie resistirse a esos argumentos, sean racionales o emocionales. ¿Cómo es posible estar en desacuerdo? ¿Cómo es posible no ver lo que es paladino?

Súmese a eso el factor Internet. De la misma forma en que podemos sobreoír una opinión claramente equivocada en un bar y nos resbala, de alguna forma, en Internet esa misma opinión puede llegar a sublevarnos. ¿Por qué? Quizá es porque nos sublevamos contra unas palabras escritas en una pantalla. No hay persona alguna detrás; todo lo más, un nombre o un alias, un desvaído icono que no representa a una persona a la que nos podamos referir. Y proyectamos en esas palabras, en esos argumentos, quizá el semblante y el tono de alguien que está intentando sermonearnos con lo que él cree -equivocadamente- que es la verdad. Como si fuéramos unos inconscientes, unos negados o unos estúpidos, o, cuando menos, unos cegatos incapaces de ver la verdad.

En otras palabras: es imposible empatizar con algo que es pura máquina, pura frialdad. Por eso los foros de Internet, de cualquier índole, están llenos de comentarios de tono pedantesco o de superioridad, cuando no de abierta mala educación; de afán pedagógico permeado de mala leche; en los foros de peor ralea, de insultos y alusiones a la familia del otro, aunque no se sepa quién es; de réplicas cortantes; de sarcasmo, de competencia, de soberbia que no se quiere disimular; de actitudes de listillo y niño repipi de la clase.

Los foros de Internet están llenos de gente que quizá, seguro, en su mayor parte es, en su vida cotidiana, perfectamente afable, educada y seguramente sosegada, pero que cuando se pone el disfraz de su alter ego internáutico e inicia sesión en un foro cualquiera, se convierte en un perfecto imbécil o, al menos, en alguien que nadie en su sano juicio querría conocer. Llenos de personajes virtuales, de avatares que son la versión amargada, cabreada, repolluda, insoportable o todo junto de una persona que realmente no es así, porque es imposible que la mayoría de la población mundial sea así y este planeta no haya explotado ya. Y no lo digo yo: hay estudios que han concluido que los foros de Internet son lugares llenos de ira, y que ése es el sentimiento prevalente en tales plazas virtuales -a diferencia de las reales, gracias al Cielo.

A pesar de mi escepticismo antropológico, quiero pensar que la mayoría de la gente, internautas habituales incluidos, es educada, considerada, amable, inasequible a perder los nervios a la primera de cambio, respetuosa con las opiniones ajenas -por equivocadas que sean- y mucho más pasota de lo que creemos. (Es necesario ser pasota para vivir una vida larga y, a poder ser, provechosa; es que si no, el cerebro de uno no lo aguanta).

Hay una mujer a quien unos crueles compañeros de clase pusieron el apelativo de “La mujer más fea del mundo” (¡mentira!). Se llama Lizzie Velasquez y es conferenciante motivacional. Vi una de sus charlas por Youtube. La idea más importante que expuso es, a mi juicio, ésta: cada uno debe preguntarse una cosa, y es “¿Qué me define?” Y responderla con sinceridad. Trato de recordar esa pregunta y qué me respondería a mí misma a cada momento. ¿Qué responderían las personas que pierden los papeles en Internet, y no paran mientes en que quizá sería mejor reprimirse a escribir lo que les está pasando por la cabeza? ¿Les gustaría verse identificados con esa persona eternamente cabreada, con aires de suficiencia y rijosa como un cierrabares con veinte tragos de más? Pienso que no.

Internet es un adelanto impresionante e imprescindible, pero quizá la sociedad en la que ha eclosionado no es lo bastante madura para saber utilizarlo con prudencia. Tal vez, cuando nos conectamos, nuestra edad mental se ve rebajada al menos una etapa o, según en quién, en dos. En general, somos unos adolescentes, cuando no unos niños buscándose las cosquillas los unos a los otros en el patio del colegio.

Hay otra hipótesis que dice que estar viendo la tele nos sume en un estado próximo a la imbecilidad clínica, y es posible que suceda algo parecido con Internet. Cierto, la actitud no es tan pasiva como cuando estamos en modo televidente, pero tampoco se nos exige poner en marcha la máquina de pensar más allá de unos límites perfectamente confortables. Al fin y al cabo, uno ejercita hasta donde quiere ejercitar su músculo cerebral. Y, ante lo que percibimos como una provocación, un trapo rojo, es fácil que saltemos como si alguien nos hubiera mentado la familia.

¿Qué hacer ante semejante panorama? Podemos optar por negarnos a leer más participaciones de lectores -a pesar de que, al menos sociológicamente hablando y, no pocas veces, también informativamente hablando, las aportaciones populares suelen ser lo más interesante de la pieza informativa; quizá ya se esté enseñando así en las facultades de periodismo-; o bien, seguramente lo más sensato, podemos optar por leerlas como quien lee un libro que ya está escrito. No me cabe duda de que, en el fondo, es así. Y cada uno tiene derecho a equivocarse de la manera que más le guste.

equivocado

 

(“Vale, equivócate. Quédate ahí en tu estado de equivocación y acostúmbrate a ello”.)

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2 comentarios

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2 Respuestas a “

  1. Genial post, muy cierto … pasamos demasiado tiempo debatiendo en el espacio (virtualmente) virtual, !…
    Te quiero decir que te he nominado para un Premio. Gracias por enriquecer la blogósfera con tus posts
    Al final de este post está la nominación. Busca el Premio en el que hayas sido mencionado: http://aquileana.wordpress.com/2014/09/18/greek-mythology-eros-and-psyche/
    Felicitaciones y muchos saludos,
    Aquileana 🙂

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