La lista (2)

Alicia llevaba un vestido blanco muy ajustado que le añadía algunos años. Llevaba siempre el pelo teñido de rubio platino, esperando acentuar el parecido a Marilyn Monroe que alguien le había alabado una vez, en un comentario que ella evocaba para todo el mundo y que le había provocado a Katia una sonrisa, pensando en que Alicia -convenientemente- no daba detalles acerca del estado de sobriedad del chico en cuestión. Esa noche, se había retocado las raíces, y el color rabioso del pelo, junto con el vestido blanco, le daba cierto aire alienígena.

Katia no sabía por qué aquella noche habría de ser diferente; pensándolo después, en retrospectiva, se dijo más de una vez que, sin duda, iba a ser diferente porque ella había decidido que lo fuera.

Habían decidido celebrar el cumpleaños de Katia visitando un nuevo bar de copas. Estaba algo lejos del campus, pero no tanto como para tener que conducir. Alicia, habiendo cumplido los 18 tres meses antes, ya había estado allí, pero sólo una vez, porque no había tenido con quién volver y, además, “nadie” era “tan divertido” como Katia.

En realidad, aunque S. tenía mucha fama entre los universitarios, esto no se debía ni a la decoración, ni a la calidad del servicio, ni a que las consumiciones fueran mejores o los precios más asequibles que en cualquier otro garito sino, simplemente, a que era el local favorito de los y las más populares; los atletas más destacados y laureados, y las chicas más ricas o más monas preferían aquel lugar, y así, poco importaba que fuera algo estrecho, que oliera a desinfectante y que el suelo estuviera pegajoso.

De cualquier manera, ya estaban allí, que era lo que Katia había estado planeando, así que ahora tocaba seguir el guión de la gran y divertida noche de juerga.

-¿Qué vas a tomar tú? -preguntó Alicia.

-Me da igual -dijo Katia; y era verdad. Y, bueno, ésa estaba lejos de ser la cuestión.

Quedaron en que empezarían con una cerveza, y Alicia fue hasta la barra para pedir las consumiciones, mientras Katia se quedaba cerca de los altavoces para sentir mejor el retumbar de la música y tener un buen panorama del local desde un lugar poco indiscreto. No estaba decepcionada; no había esperado un lugar bonito, ni era lo que ella buscaba. Sí había esperado, y obtenido, un lugar lleno de vida, con música pegadiza sonando a todo volumen, mucha gente joven y guapa trasegando bebidas, hablando a voz en grito, riéndose de chorradas, ligando y, en general, viviendo a tope su borrachera. Ella era ahora una de ellos, una más, y le gustó ver caras conocidas, si bien el conocimiento no era necesariamente bidireccional. Cazó miradas posadas en ella y sonrió, tanto para sí misma como para la posible audiencia.

Alicia volvió al cabo de otro rato. Se bebieron sus cervezas sin más preámbulos.

-¿Por qué te has ido tan lejos? Ahí no pasan las cosas -le dijo Alicia, y tiró de ella hacia una de las pistas de baile.

Pasó un buen rato durante el cual nada sucedió, así que Katia decidió que quería otro trago y anunció que iría a por él.

Cuando iba hacia la barra, alguien la agarró del brazo. Era un rostro que le resultaba conocido -había repasado tantas veces las fotos de los equipos de béisbol, baloncesto, fútbol y piragüismo que se sabía las caras de memoria- pero no podía ubicarlo en el deporte al que pertenecía.

-Oye, eres de primer año, ¿no? -preguntó el chico, que tenía un rostro simpático, de buen chico, aunque no necesariamente el tipo de físico que le gustaba a Katia.

-Mi amiga y yo estamos celebrando mi cumpleaños.

-Mi amigo, aquí, quiere hablar contigo -dijo el chico, señalando vagamente a su espalda. Katia vio otra cara conocida, y sonrió espontáneamente porque este sí que era uno de los deportistas guapos.

-Es que iba a pedir una bebida. Mi amiga está ahí -dijo, pero, al mirar hacia donde había dejado a Alicia, vio que ella no había perdido el tiempo, pues estaba hablando de forma muy animada con un chico que le sacaba cabeza y media y tenía un espaldar ancho como el estado de Texas.

Así que se puso a hablar con el amigo tímido y guapo, que resultó no serlo tanto (tímido), por lo que Katia dedujo que lo de mandar a su amigo era una estrategia habitual de aquel dúo. Tal como ella había pensado, era uno de los del equipo de béisbol, que ese año habían subido de categoría. El chico, al que llamaremos 1, no sólo era simpático y poco tímido, sino también generoso, pues invitó a Katia a otra cerveza, luego a un chupito y por fin a otros licores y mezclas que ella afirmó no recordar, salvo por el sabor amargo de todos esos brebajes.

Entre trago y trago, el chico poco tímido y muy guapo siguió hablando.

-No te había visto mucho por aquí.

-Es la primera vez que vengo. Estoy celebrando mi cumpleaños.

-¡Ah, pues felicidades! Yo también estoy celebrando algo, si se le puede llamar así… He roto hace poco con mi novia, llevábamos tres años de relación… así que estoy celebrando mi nueva soltería -dijo el chico, riéndose. Realmente parecía contento de haber salido de aquella relación, aunque a Katia le pareció que tenía una mirada triste. Quizá no era de esos chicos que están hechos para permanecer solos mucho tiempo.

-Bueno, no te preocupes, seguro que candidatas no te faltarán -dijo ella, por alguna razón que inmediatamente después no entendió bien.

Siguieron charlando; 1 resultó ser un chico, además de guapo y simpático, bastante culto y muy viajado. Procedía de una de las familias más conocidas y respetadas de la región, dinero viejo, como se solía decir; nada que ver con los nuevos ricos que habían proliferado por la zona. Estudiaba Derecho, y seguramente acabaría siendo juez, como era tradición en su familia, aunque a él le gustaba más el deporte, le confesó a Katia.

La cuestión fue que no volvió a reunirse con Alicia aquella noche, puesto que, cuando 1 propuso irse a su habitación (su compañero de cuarto era el amigo conseguidor, y, evidentemente, se aseguraría de que no hubiera moros en la costa en el momento oportuno), Katia seguramente dijo que sí, ya que, a pesar de que al día siguiente y en lo sucesivo siguió diciendo que había olvidado todo lo referente a la salida del local y al corto viaje hasta la habitación de 1, al momento siguiente estaba allí a solas con él.

A la mañana siguiente, le dolía tanto la cabeza que tuvo que llamar un taxi para que la llevara de vuelta a su residencia. Del chico no había quedado ni rastro.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Narrativa/Relatos/Ficción

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s