A un conocido del abuelo de mi amiga -se trata de un señor muy mayor- le preguntaron, dadas las fechas navideñas, que qué le pedía a los Reyes Magos. Él respondió: “Cuando era más joven, solía haber pasteles. Ahora ya nadie me trae pasteles ni ningún otro regalo. De momento estamos bien de salud. Al año que viene le pido seguir aquí”.

Mi amiga me contó que, la misma semana que oyó esta anécdota, asistió a la charla de un gran maestro de la automotivación y del autohacerse sentir bien; es como una droga blanda pero muy adictiva y, a la vez, como la Quiminova de hace décadas, o el hágaselo usted mismo de hace aún más décadas y siempre vigente, que ahora se ha extendido a la felicidad: nos han convencido de que uno mismo puede hacerse feliz a sí mismo a pesar y por encima de todo, y de que, si no lo consigue, el problema innato lo tiene uno consigo mismo: es el mayor fracaso vital que nos pueden achacar, hacernos creer que no servimos ni para convencernos de que somos felices y de que la felicidad es algo que podemos elegir siempre y en cualquier circunstancia y lugar (la felicidad como elección es un concepto con el que puedo estar de acuerdo, pero es un tema demasiado profundo y complejo para despacharlo con un vídeo de Youtube y un best seller). En esa charla, el gurú en cuestión les dijo que uno tiene que lanzarse fuera de su mundo conocido, si bien no les explicó por qué; sencillamente, como es el canon y la tónica hoy en día, se daba por sentado que todo el mundo quiere experimentar cosas nuevas y muy emocionantes, vivir una vida plena, desafiante, revolucionaria, constantemente innovadora, repleta de continuos aprendizajes y movimientos tanto físicos como emocionales. Y les puso ejemplos: “La mayoría de las personas se limitan a permanecer en su zona de confort, porque es lo que conocen y donde se sienten seguros. Algunas personas salen de esa zona de confort a un espacio llamado la zona de aprendizaje. Es lo que sucede cuando aprendes un idioma extranjero, te embarcas en un viaje o te atreves a hacer cosas emocionantes que no haces en tu día a día”. Además, nadie tenía derecho a cerrarles el paso, y quienes aconsejaban en sentido contrario al sueño en cuestión eran retratados como personas de buena fe pero ancladas en el pasado y en sus propias y convencionales, aburridas vidas: es tu sueño, dijeron en la charla, y tienes que luchar por él, allá ellos con su mediocridad (esto no lo dijeron con esas palabras, pero mi amiga juraba que había podido oírlas en el silencio inmediato a la frase). “Las dificultades preparan a las personas para destinos extraordinarios. Ahí fuera está vuestro arco iris, vuestras nubes de colores, vuestros pájaros y flores”, dijeron.

Le pregunté qué opinaba ella sobre todo eso. Me dijo: “Es una de las cosas más desmoralizadoras que me han dicho nunca”. Y me explicó por qué se sentía así.

Ella nunca había sentido el menor deseo por aprender una lengua extranjera, ni tampoco, especialmente, por viajar y, cuando le había apetecido viajar, la actividad de más riesgo que había realizado había sido meterse en la piscina cuando todavía no habían pasado dos horas desde la comida. Y no le gustaba sentirse mal por ser así. El hecho de ser una persona con  una vida más o menos convencional y sin grandes alardes de imaginación siempre le había parecido bien y nunca le había ocupado mucho tiempo mental, pero ahora había recibido el mensaje -y no por primera vez en los últimos años- de que eso no era lo correcto, no era lo exitoso; de que triunfar en la vida y vivirla a tope exigía unas dosis mayores de inconformismo, de rebeldía -que no necesariamente de espíritu revolucionario-, de liderazgo a gran escala, de ambición. De que le hacía falta crear, romper con su esclerotizado esquema vital, reducir a cenizas su gusto por la normalidad, la previsibilidad y la rutina. Todo eso era pura comodidad, decían; todo eso era un puro fracaso vital traducido en hechos. “Sé dueña de tu destino”, le habían inculcado. “Persigue tu sueño y no dejes que nadie te diga que no puedes. Atrévete, da el paso, pega el salto y verás cómo te saldrán esas alas que llevas dentro de ti, sin saberlo, y de repente ves que estás volando hacia el arco iris que todos podemos visualizar en nuestra vida”. Para finalizar la charla, el gurú les había leído el final del famoso poema siempre asociado a aquel líder africano: “Soy el dueño de mi destino; soy el capitán de mi alma”.

Todo eso la había dejado perpleja, confundida y sintiéndose menos conforme que nunca consigo misma y con lo que había logrado hacer de su vida. Había tenido muchas ganas de preguntarle al gran maestro qué quería decir con todos esos términos y conceptos que tan bien sonaban y tan brillantes relucían, como las bolas de los árboles de Navidad, pero no se había atrevido; sin duda, le correspondía a ella reflexionar y poner las etiquetas donde tocaba, puesto que la misión de los grandes maestros oradores y motivadores no era, en ningún caso, decirle a uno lo que tenía que hacer.

Me puse a pensar en lo que mi amiga me había contado. Le dije que quizá es verdad, en parte, que corremos el riesgo de perder parte de nuestro vigor y nuestra ilusión por la vida si nunca hacemos nada fuera de lo que para nosotros es lo común y lo ordinario. Pero que nunca he sabido muy bien a qué se refiere la fraseología moderna popular cuando habla de los “sueños”, las “pasiones” y todo eso. Le dije que, por alguna razón, la mayoría de la gente, cuando le preguntabas por su sueño, te hablaba de cosas por las que hay que pagar un alto precio, y esto en sentido nada metafórico. Cuando uno es millonario, ¿qué hace? Pues, una vez que ha cubierto las necesidades básicas de alimentación, techo y abrigo -si no las tenía cubiertas ya- y se ha ocupado de la salud, se dedica, normalmente, a comprar cosas y a tratar de que el dinero se reproduzca. O sea, gastos e inversiones en cosas materiales presentes o futuras. Le conté que había leído una noticia sobre no sé qué deportista millonario que había atesorado decenas de coches. Y luego se dedica a viajar, cosa para la que también se necesita cierta cantidad de dinero, mayor cuanto más lejano, exótico o extraordinario es el destino o el tipo de viaje. Y a comprarse ropa, joyas, muebles caros, perfumes, inmuebles, fincas, objetos de colección, curiosidades, objetos de arte, cosas de interés concreto y personal, para sí mismo o para regalar a otros. Cuando ya tenía todo eso, quizá se dedicaba a buscar variaciones del mismo objeto, pero, en esencia, para cubrir la misma necesidad o para reforzar la satisfacción de un deseo que, por tener que ser satisfecho una y otra vez, nunca se elimina.

Todo lo que no sea eso es trabajar para llegar a eso o trabajar sin esperanzas de llegar a eso mientras se sueña con un atajo para alcanzarlo. Por eso la gente juega a la lotería y echa quinielas tanto. Aunque no sé si lo que realmente añoran es el dinero y las posesiones o simplemente un cambio.

Mi amiga dice que los sueños están sobrevalorados, y la vida, infravalorada. Yo creo estar de acuerdo con ella; en cualquier caso, porque el concepto que la gente comúnmente tiene de un sueño vital está estereotipado y no se reflexiona mucho sobre él, ni se cuestiona; en la mayoría de los casos, no resiste el menor análisis ni la menor pregunta. Hasta tal punto de que el sueño, la pasión, el proyecto, el objetivo se han convertido en palabras-comodín que usamos con asombrosa soltura pero no sabemos explicar. Mi amiga dice que la gente simplemente no sabe hacer de su vida su sueño. Dice que la vida sólo quiere existir, que no quiere nada más. Puede que tenga razón. Lo que sí sé es que yo no tengo el dinero que hace falta para hacer todas esas cosas que te dan el sello de triunfador en la vida. No sé si es problema mío o de los grandes maestros contemporáneos. Se lo preguntaré a mi amiga.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo vida real

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s