Estad quietos. Sólo este momento bastará, pero estad quietos ahora.

No intentéis arreglar nada. Sólo no intentéis.

No queráis acertar, ni tomar la decisión correcta.

No procuréis, no persigáis, no busquéis.

No trabajéis ni hiléis.

Sólo por este momento, estad quietos.

En esta habitación, en esta calle, sentados, de pie, en movimiento, estad quietos.

Hacedlo sólo esta vez, sólo una vez bastará. Una sola vez, un segundo en vuestra vida entera,

pero estad quietos de verdad.

No seáis recuerdo, no seáis expectativa.

No troquéis el tesoro de vuestro ser por una apariencia baldía.

Estad quietos aquí y ahora.

Yo pararé el tiempo, yo haré que nada transcurra

ni caduque. Yo calmaré vuestra sed y acallaré vuestra loca ansia.

Yo detendré en el aire la flecha hacia ninguna parte que disparáis a cada momento,

os vestiré de mayor gloria que el rey sabio,

colmaré vuestra copa y aderezaré vuestra mesa.

Estad quietos ahora, y sabed, aunque luego lo olvidéis, que yo soy Dios.

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