Lotería

Sólo se ven los boletos ganadores.

La vida es así. Todos queremos ser el afortunado propietario de uno de esos billetes premiados, pero son una minoría. Si no lo fueran, no serían la excepción, no nos fijaríamos todos en ellos cada vez que recae un premio en alguno. Si no lo fueran, no serían noticia.
En El mundo de Sofía, uno de mis libros de culto (si bien, como casi todos los  libros de mi vida, sólo lo leí una vez), el profesor viene a explicarle a Sofía un concepto muy sencillo en realidad, pero no tan simple de comprender; dice (no literalmente) que toda cara tiene su cruz, pero también toda cruz tiene su cara. El que obtiene la cara también obtiene la cruz, pero sin cruz ni cara ni siquiera habría llegado a tener nunca una moneda ni a saber qué cosa puede ser.
A pesar de eso y a pesar de que, según vivimos, vamos experimentando y, por tanto, aprendiendo que una de cal viene con otra de arena, que no hay día sin noche ni rosa sin espinas, yin sin yang, nos cuesta interiorizarlo. Cuando recibimos algo de la vida, recibimos también, tarde o temprano, su opuesto. Sólo así se puede guardar el equilibrio de la naturaleza. Por suerte para nosotros, la vida es más inteligente que cualquiera de nosotros.
Pensad en Detroit. En sus buenos tiempos -y esos buenos tiempos duraron mucho-, llegó a ser la cuarta mayor ciudad de los Estados Unidos. Era la meca del sueño americano. Pero aquello terminó. Ahora está oficialmente en bancarrota y tiene un edificio público enorme, mastodóntico quizá, que está abandonado. Se trata de la estación de ferrocarriles Michigan. A pesar de eso, este edificio es hermoso, a su manera. Y es aún más hermoso porque está abandonado, porque los espacios dejados atrás tienen su melancólico encanto especial; no hay paisajes feos, sino tristes, y el paisaje más hermoso es el paisaje hermoso más triste.
Pero dejemos eso. Decía que Detroit tuvo su billete ganador, y también su bancarrota. El fisco se ha llevado la parte del león de su lotería. Pero al mismo tiempo que algo ha terminado, algo está empezando también. Alguno diría que una nueva etapa (odio la palabra “ilusionante“ pero, cuando has tocado fondo, ¿acaso tu futuro inmediato puede ser otra cosa que portador de ilusión?
Pienso eso cuando me acuerdo de todos los boletos ganadores que florecen aquí y allá. Seguramente todos tenemos nuestro propio boleto, aunque la mayoría no nos damos cuenta, porque lo tenemos desde que nacimos. Ésa es nuestra fortuna y también nuestra gran ceguera.
Tal como están las cosas a nuestro alrededor y en este mundo desarrollado, en un tiempo de largo recorrido en el que el viento no sopla a nuestro favor, quizá ser ganador consista en ir resistiendo día tras día como mejor podamos, conservando intacta nuestra dignidad y no ya viendo la luz, sino prendiéndola nosotros, para guiar nuestros pasos y los de quienquiera que nos vea.
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