Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él.

Colosenses 1:16
Una cosa mala de mí es que leo demasiado para mi propio bien. Leer demasiado y ser demasiado curioso puede ser malo cuando a uno se le quedan las cosas, sin querer. Y el otro día leí algo que responde a lo que opinan muchas personas y entonces me dio por reflexionar sobre ello.
Esta persona hablaba sobre otras personas que querían tener hijos, y decía que le “parecía muy bien“ los medios que emplearan para ello, pero que “la opción verdaderamente altruista“ era adoptar.
Y, claro, lees cosas así y te preguntas la concepción que tiene la mayoría de la gente acerca de las cosas que todos creemos básicas y unánimemente compartidas y unívocas. Te das cuenta de que no hay tal unanimidad. Porque lo que me causó asombro fue comprobar que, para algunas personas, seguramente muchas, ser padres o querer serlo tiene que ver con el altruismo. ¿No les parece algo inaudito? A mí, sí.
Pienso que sólo puede hablar así alguien que no tenga instintos maternales ni paternales, o alguien que en un momento dado haya hablado  sin pensar verdaderamente en lo que estaba diciendo. Porque, si se trata de ser generosos y buenos con los demás, ¿no sería lo suyo que todas las familias, todos los que quisieran tener hijos, en primer lugar adoptaran y luego, quizá, se reprodujeran ellos? Si podemos decirles a las familias que no pueden tener hijos biológicos cuál es la opción óptima o moralmente correcta, ¿no deberíamos también decirle lo mismo, con la misma propiedad, a las que sí pueden?
En realidad, la afirmación es terrible. Porque, en el fondo, lo que estamos diciendo es algo así como: “Me parece normal que tu primera opción sea tener un hijo biológico, pero, ya que no puedes, ¿por qué no haces caridad y te compadeces de un niño que no tiene padres y lo adoptas?“
Creo que hay que tener el corazón muy duro para no pensar en los miles de niños que hay en el mundo necesitados de amor -y en esa necesidad de amor o, mejor dicho, en el hecho de ser privados de ese amor, incluyo también a niños que no necesariamente carecen de su núcleo familiar- y no sentir la urgencia de quererlos y protegerlos a todos ellos. Sacarlos de sus orfanatos o de sus centros de acogida institucionales, o de dondequiera que estén, y traérnoslos a casa. A todos. Yo querría ser capaz de hacerlo, y, ya digo, creo que cualquiera con un poquito de corazón. Pero, por lo que leo, adoptar es, hoy por hoy, un proceso extremadamente largo, complicado y angustioso para muchas familias. Leo historias sobre gente que intenta adoptar y que no encuentra en su camino más que obstáculos. Hoy por hoy, la adopción tiene toda la pinta de haberse convertido en un negocio o en un laberinto burocrático en el que no todas las partes implicadas necesariamente ponen los intereses del niño antes que cualquier otro, como afirman. ¿Por qué a esas familias no se les dan facilidades? Luego se quejan de que hay un mercado negro de niños, de que algunas parejas o familias recurren a medios no legales para intentar conseguir lo que con todas las de la ley y a la luz del día se les niega. En serio, es para llorar.
Pero pienso que no se puede obligar a nadie a optar por la adopción, si esa persona no lo siente, si no le nace. Y mucho menos, con argumentos de tipo moral que, para colmo, no hacen al caso, como lo del altruismo o las típicas sobadas frases de que “no sé para qué queréis tener un hijo biológico, con la cantidad de niños sin padres que hay en el mundo“ y demás. De hecho, por lo que tengo entendido, cuando preguntan a los candidatos a adoptar por sus motivaciones, mencionar cualquier argumento de ese tipo -querer adoptar para “ayudar a alguien“-, cuentan en contra de su aptitud para adoptar. Yo se lo contaría en contra, desde luego. Flaco favor se le hace al niño si lo que se pretende es hacer caridad con él.
Nadie tiene un hijo para hacerle un favor. De hecho, a muchas personas se les hace una putada trayéndolas al mundo, como se ve a posteriori. Tener un hijo, o desear tenerlo, es un acto de amor. Pienso que es un instinto. Uno realmente no recapacita mucho sobre si quiere ser padre algún día; es algo que se siente, o que debería poder sentirse. Porque, si te pones a valorarlo desde la lógica, sopesando pro y contra, probablemente acabes por comprobar que tener hijos desafía toda lógica. Es algo que se hace realidad de diversas formas -cada vez más diversas-, todas ellas válidas si lo son para la persona que las siente. Afortunadamente, hoy en día hay tantos tipos de familia como formas tenemos las personas de juntarnos, de encontrarnos, de reunirnos, de sumarnos y de querernos. Son cosas que nacen de uno. Ni siquiera Dios nos creó para nosotros, ni para hacerle un favor a nadie. Nos creó por amor. En realidad, a poco que lo pensemos, es la única explicación que responde a todas las interrogantes.
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