Está próxima el alba,

el día de mi llegada,

el final de mi camino de vuelta.

Una mañana llegaré,

con el reflejo de los fuegos sagrados en los ojos, el recuerdo de la música

que ni los ángeles osan cantar.

Después del bautismo de las cenizas, todo había cambiado.

Ese día volveré para abrazaros.

Os llamaré por vuestro nombre,

confesaré todo lo que os he amado,

a pesar de las tortuosidades de mi corazón,

a pesar de los abruptos meandros, de mis ciegos torrentes,

de mis veredas oblicuas que giraban hacia la penumbra.

Volveré para abrazaros,

está próximo el día:

he aquí mi promesa.

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