Sólo he llamado para…

 

A veces llamo sólo para oír tu voz, por eso te pido que me hables, diciendo cualquier cosa.

Cualquier palabra tuya estará bien; tan sólo oír tu voz es bastante.

Y, si no puedes hablar, me conformo con que respires.

Para eso te llamo; lo siento si te molesto.

Entiendo que no tengas nada que decirme, la mayoría de las veces. Está bien así. Comprendo que soy demasiado pequeña para largas conversaciones conmigo. Así ya me va bien; no pasa nada.

Siempre estás ocupado, hay mil asuntos requiriendo tu atención en todo momento.

Gentes muy importantes que solicitan tu presencia, tu consejo, tu ayuda. Los hay que son felices escuchando tus órdenes. Lo entiendo.

Yo llamo sólo para oír tu voz, y sé que lo sabes.

Quizá a veces soy una pesada y dejo que suene y suene, un tono tras otro de llamada, cuando simplemente no es el momento.

(Pero ¿qué sé yo cuándo no es el momento? Ah… claro, que eso lo sabes también).

Otras veces me sale el contestador; ahí dejo mi mensaje, sabiendo que, aunque tengas otros doscientos mil o doscientos millones, incluso más de cinco mil millones, el mío también lo escucharás.

Prometes llamarme y contestar mi mensaje y, aunque todavía no he recibido respuesta a algunos de mis muy importantísimos recados, sé que llegará también el momento y me contestarás.

O a lo mejor soy yo la que ha perdido tu mensaje de vuelta. ¿Qué sé yo?

Ya sabes que me siento tan pequeña y tan poco hábil en esto de las novísimas comunicaciones…

 

Pero esperar… no me importa, sé que me contestarás.Lo que no llevo tan bien es esos días en los que llamo y llamo y…

por sobrecarga en la línea, su llamada no se pudo efectuar

o peor:

El número marcado no existe.

Me llevo un susto morrocotudo las veces que eso pasa, pero entonces reviso el número que he marcado y, claro, veo que me he equivocado.Entonces marco el número correcto, muy despacio, asegurándome de que esta vez es la buena.

Oigo el tono de llamada, tan familiar, tan querido. Ese tono me indica que estás ahí, al otro lado de la línea. Es el tono el que me dice que mi llamada tiene sentido, que no es ni un gesto ni un tiempo perdidos.

 

El día que menos lo espero, tu voz me contesta: “¡Hola! ¿Qué tal estás? Cuánto me alegro de oír tu voz. ¿Por qué has tardado tanto en volver a llamar?”

Y me doy cuenta de que soy yo la que ha estado comunicando, comunicando, comunicando…con la línea apagada o fuera de cobertura.

¡Ya me vale!

 

 

 

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Otros

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s