La quinta estación

Ha llegado el momento de saldar cuentas con Hacienda. Y, aunque al principio me disgusté, ahora puedo decir -y lo digo, porque es la verdad- que estoy muy contenta de tener que pagar impuestos.

Esto significa que estoy viva. A pesar de todo, sigo viva y con buena salud física, y la suficiente salud monetaria y económica para poder contribuir a que las arcas públicas gocen también de buena salud. Mucha gente jamás alcanza la edad suficiente para poder adquirir esa responsabilidad, así que sólo esto ya es motivo de satisfacción.

Tengo suficiente dinero para pagar esos impuestos y aun seguir viviendo sin graves quebrantos. No soy rica, no tengo mi dinero en una SICAV, ni tampoco sueño siquiera con poder dejar de trabajar para vivir (ni sé si, llegado el caso, querría, pero ésa es otra cuestión); no soy pobre, de modo que puedo ser convocada cada año para ajustar cuentas con los poderes públicos y poner todo sobre la mesa, dar al César lo que es del César y esas cosas.

No sé si lo recaudado por medio de impuestos se invierte sensatamente y en nombre del mayor bien público humanamente alcanzable o adquirible con dinero. Me gustaría pensar que si tenemos una sanidad pública que, habiendo aguantado carros, carretas y tanques, aún sigue en pie y funcionando bien, y un sistema educativo que, aunque haga agua por todas partes porque los contenidos y los currículos no son los que deberían ser y porque se empeñaron en toquetear algo que funcionaba divinamente, sigue dotando de culturilla a gente que quiere dotarse de ella, si esas cosas y otras muchas que todos sabemos -pensiones, transporte público, infraestructuras viarias, administraciones públicas, etc. etc.- marchan medianamente bien y mantienen el tipo con dignidad, a pesar de que muchas veces nos parecen un desastre (pero, seguramente, no tanto por sí mismas sino por personas concretas que trabajan en ellas y quizá fue mala idea colocarlas ahí, aunque quién sabe si podía haberse evitado, etc.), entonces sí sirve para algo.

Pero, en serio; sí, me encanta que me hayan llamado, me encanta poder participar en este ritual de la vida cotidiana, me encanta que me haya vuelto a pasar esto, porque nada hay menos inevitable que los impuestos; es la quinta estación del año y como tal hay que celebrar su llegada. Al menos, yo, sí quiero celebrarla. Así de afortunada soy.

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