Reparados con oro

 

 

kinshugi de tschörda

Kintsugi: (Japonés: ensambladura en oro): Es el arte japonés de reparar obras de cerámica rotas con una resina enlacada y espolvoreada en oro.

No sólo no se intenta disimular la rotura, sino que la reparación es, literalmente, una iluminación… una expresión física del espíritu de mushin. Mushin se suele traducir, literalmente, como “no mente”, pero implica connotaciones de existir plenamente en el momento, de no apegarse, de ecuanimidad en medio de condiciones mudables. Las vicisitudes de la existencia en el tiempo, a las cuales todo ser humano es susceptible, no se pueden reflejar con mayor claridad que en las grietas, los golpes y la fragmentación en pedazos, a todo lo cual la cerámica es susceptible. Este patetismo, o estética de la existencia, se conoce en Japón como “mono no aware”, una sensibilidad compasiva, o quizá identificación con [cosas] externas a uno mismo.

De Flickwerk: The Aesthetics of Mended Japanese Ceramics (Estética de cerámica japonesa reparada), de Christy Bartlett

El dolor nos hace hermosos, nos engalana con los ropajes de una belleza anciana y misteriosa.

Sólo para los elegidos es ese ropaje, sólo para los bienamados.

No hay sabiduría, ni paz verdadera, sin haber librado la guerra del dolor.

No hay conocimiento verdadero sin haber pasado por el dolor.

El nudo entre lo que creemos ser y lo que realmente somos es de hilos de oro tejidos delicadamente con la fibra del dolor.

Por eso Dios somete a dura prueba a aquellos que más ama, a sus bienamados.

Para complacerse en nosotros, cuando encontramos la luz a través de todo, a través del páramo del dolor.

Y el dolor no viene sólo de la pérdida.

Hay un dolor fiero, áspero, maligno como una comadreja; un dolor cínico, el dolor del trueno, el de la madera resquebrajada e incendiada por el rayo.

Un dolor que nos hace arder.

(A veces con agua, a veces con fuego nos bautiza.)

Pero también ese dolor nos lleva a la cúspide.

Porque él nos prometió que sería difícil, pero también que valdría la pena.

¡Qué gozosa se adivina la recompensa! ¡Qué dulce es el descanso en los pastos verdes junto al agua remansada!

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