Bendigo mi hora de mayor esfuerzo, porque ésa es la de mayor plenitud.

En el límite de la tierra, allí donde toca el aire y la materia está a punto de desintegrarse, se encuentran las flores más hermosas, las especies casi sobrenaturales, las muestras más acabadas y extremas, las obras que Dios hizo en su tiempo libre.

Sólo en el límite nos encontramos a nosotros mismos y nuestro espíritu, insuflando vida desde dentro, llena y toca hasta el último poro y terminación nerviosa de nuestro cuerpo; con el hálito sobrante toman forma y baten nuestras alas.

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