Testigo

Qué endiabladamente fácil es sentirse cansado, tomar una albarda encima de otra, y aun así apretar el paso, por fragoso que se haga el camino.

Pero qué endiabladamente fácil es sentirse bien cuando llega tu hermano y te aligera un poco de tu carga, aunque para él también sea ese poco lastre ya algo intolerable.

Por eso eres mi hermano, no porque lleváramos la misma sangre al nacer, sino porque la derramamos juntos al vivir, y no maldecimos por ello, sino, más bien al contrario, nos alegramos y damos gracias.

Yo doy gracias hoy porque seas tú el testigo de mi camino, y doy por bien gastados los muchos años que empleamos en encontrarnos el uno al otro.

No quiero ya ningún otro par de ojos que observen mis pasos, porque sólo ante los tuyos me falta la vergüenza cuando doy un traspié; me dejo llevar, porque lo más duro que me espera es el consuelo de tu compasión.

Si hoy me sintiera mejor, tendría un gemelo, y ese gemelo sólo podrías ser tú.

¿Aceptas?

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