La niña que vivía a la luz de una supernova

Lo esencial no se ve ni se oye, porque el silencio es el idioma de Dios.

Por eso no se pueden malgastar las palabras ni los esfuerzos, y por eso inventamos el nombre “inefable” para todo lo que de ordinario permanece en silencio.

Pero, porque Dios también nos dio boca, cuerdas vocales y ordenadores con teclado y pantallas, sabemos que también quiere que hablemos.

Llegados a este punto, quiero pedirte que dejes todo lo que estás haciendo ahora mismo. ¡Tiene que ser ahora mismo, porque después ya no estaré aquí!

Siento interrumpir tu programación para hoy, pero tengo unas ganas terribles de decirte ¡que te quiero!

No me digas que ya lo sabes, ni tampoco me estropees el humor llamándome cursi (aunque sea en broma).

(Vale, ya sé que ni en broma me lo llamarás… pero quizá lo pensarás… ¿puede que eso sí?)

¿Y por qué hoy, por qué ahora?

¿Y por qué no? ¡Pues porque sí!

Que no, que nada, que no me sirven excusas…

¡Que te quiero con todo mi corazón!

Y no pondré explicaciones, porque las frases que empiezan con “porque” son para los malos poemas; y esto no es un poema.

Es sólo que me parece importante que quede constancia de mi paso por la vida y de lo que es verdad para mí, porque quiero que, cuando los arqueólogos descifren esto, se mueran de envidia a mi costa.

Lo esencial es invisible a los ojos, pero a fe mía que yo te veo perfectamente.

danbo012

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