Rubí

Una flor de sangre,
rubí de emociones,
la perla de la vida,
la gota de sangre de Dios.

Lo único que tenemos para siempre que es más que algo que va a morir.
Cuando yo era un puntito, tú ya me acompañabas,
me empujabas con gentileza, hacia adelante.
Cuando yo era una brizna, un hálito dubitativo
que no se decidía a vivir, tú irrumpiste,
decidiste por mí, bailaste la danza de la vida en mi lugar,
y ganaste para mí la gracia divina.

Mi animalito danzante, mi travieso diamante.
Estás siempre en mi corazón, aunque casi no piense en ti,
aunque seas el amigo que nunca me ha fallado,
aunque seas la parte de dentro de mí.
Si me dieran la vuelta como a un calcetín, por dentro sería como eres tú,
valiente, siempre adelante,
surtidor de vida eterna, alquimista que hace del desecho, tesoro,
el puñito del ángel niño que me asignaron, marcando el ritmo,
mi último testigo en vida, para dar fe de que he llorado, he reído,
he pensado y sentido, y en todo momento, aunque yo jamás te prestara atención,
tú me sostenías, en un vis-a-vis místico y delicado, tan sencillo
como una gota que cae de la nube a la mano.

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