Búnker 43

El esqueleto del de aquí a 1.000 años ya está en pie:
superestructuras, unas de acero, otras de humo,
los puentes kilométricos de los suicidas aún por nacer,
el gene deficiente que hoy implantamos en el futuro de nuestros hijos.

Una soga eficaz al cuello de quienes lucharon por nosotros,
un prosaico nudo que remata al muerto y deja sin sentido su inmolación.

Lo que ellos sangraron, hoy se evapora
aprisionado entre los esbeltos muros de un maletín de dinero.
La mano que lo ase es la de quien, por la boca, escupe sin problemas
palabras del gusto de sus oyentes,
mentiras que ganan el corazón de los hijos de aquellos luchadores.

El progreso echa a andar sobre las ruedas engrasadas de las mentiras,
un porvenir más civilizado, aún humeantes los cadáveres de las lenguas que ya han muerto.

Porque una mentira es siempre una mentira, aunque la pronuncies
en las palabras de tu idioma circular, en el que te encierras y desde donde reinas;
y nunca es señor, siempre es sirviente de los mismos amos, ayer, hoy y mañana,
en el mundo de los suicidas que hoy son una ilusión de sus padres,
en el mundo de las lenguas muertas que hoy son tinta de papeles que arden.

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