Vendido

Imagínate que esetás en el año 1860 al principio de la Guerra de Secesión. El país se moviliza para la guerra y hay aproximadamente treinta y dos millones de personas en los Estados Unidos. Cada una de estos treinta y dos millones de personas tiene miles de cosas en que preocuparse y pasan muchos momentos presentes angustiados por el futuro. Se preocupan por la guerra, el precio de los alimentos, las inundaciones, la economía, por las mismas cosas que siguen preocupándote hoy en día. En 1975, unos 115 años más tarde, todos esos que tanto se preocupaban están muertos y si sumamos todas sus preocupaciones, veremos que ni esa inmensa cantidad de preocupación logró cambiar ni un momento de lo que ahora es historia.

Wayne Dyer, “Tus zonas erróneas”

“Tus zonas erróneas”, el padre y la madre de todos los libros de autoayuda -y, en mi opinión, el único de los que he leído que realmente sirve de ayuda (si se aplican sus enseñanzas y sugerencias, claro está)-, fue publicada por primera vez en 1975, y su lenguaje da fe de ello, al menos en la traducción al español. Pues, seguramente, si se escribiera a día de hoy, se utilizarían más algunos términos hoy día parte del vocabulario cotidiano: estrés, ansiedad, pánico, depresión, etcétera.

Pero eso no importa; el fondo de la cuestión está bien claro, y es que no hay ninguna comedura de coco que merezca la pena del sacrificio de nuestro limitado tiempo de vida. Ninguna.

Para certificar que es así y que las comeduras de coco no solucionan ni tampoco cambian nada, excepto, quizá, nuestro estado de ánimo y nuestra estabilidad psicológica (lo han adivinado: siempre negativo, nunca positivo), no tenemos más que echar la vista atrás y recordar el pasado -un ejercicio sólo recomendable para estos fines-, y contabilizar cuántas veces rumiar algo y ocupar nuestra mente en ensoñaciones o elucubraciones sobre el futuro nos ha servido para cambiarlo. (Atención, me refiero en todo momento a la ruminación estéril, al pensar por el mero hecho de hacerlo, al preocuparse como medio y fin en sí mismo; cosa muy distinta de formular pensamientos que sí sirven para sacar provecho a acciones futuras, por ejemplo.)

Por si la nulidad práctica no bastara, hay, además, para quienes se inclinan por estas cosas, otra teoría, la cual suscribo y por eso traigo aquí, según la cual no hay nada que se pueda cambiar porque todo ha sucedido ya.

Hasta ahora, la mecánica cuántica demuestra que la luz consta de partículas que al mismo tiempo son ondas -creo que nuestra conciencia las retransmite- dependiendo del estado del observador.

Nuestra conciencia no es más que un retransmisor para esta dimensión de nuestro ser en varias. Es como una radio que, mientras vivimos aquí, sintoniza con este universo.

Entrevista a Pim van Lommel -La Vanguardia, 5-6-2012

Todo lo que va a suceder ha sucedido o, si lo preferimos, está escrito. Nosotros vamos leyendo los renglones y los capítulos de ese Libro en sucesión, pero eso no significa que podamos modificar lo que está por ser leído. Sólo somos el ojo que lee o, si se quiere, la mente que procesa, pero no la creatividad que mueve o movió la mano.

Todo está escrito, todo el pescado ya está vendido, aunque (por suerte para nosotros) aún lo veamos limpio, fresco y reluciente en el mostrador, aunque lo vayamos viendo desfilar y ser despachado; a mayor o menor gusto nuestro.

Y, mientras presenciamos la compraventa, guardamos turno, porque todos tenemos nuestros números. Vamos una y otra vez a que nos sirvan y nos atiendan, a hacer nuestro pedido y a recoger el género y pagarlo (porque siempre lo pagamos, algunas veces con antelación y otras quedando a deber, pero siempre se paga, nada hay gratis), y algunas veces, por la impaciencia de quien hace cola y ve como obstáculos o, a lo peor, como rivales a quienes están antes que él, olvidamos que sí, que también para nosotros habrá, que no nos quedaremos sin nada y hasta puede que nos llevemos el mero o la merluza más blanca y laminada.

Pase lo que pase, una cosa es segura: pensar en qué pasará o qué podemos hacer para que el pescado que nos den esté bueno no sirve para nada. Todos vamos a recibir lo nuestro.

Por eso, tampoco es cuestión de perder los nervios a la primera de cambio o a perder la vida en nuestro intento por sobrevivirla. Lo único que se nos pide es que vayamos sorteando las dificultades a medida que éstas se presenten, y -algo que olvidamos con frecuencia- únicamente aquellas que se nos presenten.

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