América

Parece que el estado de salud de la maltrecha economía griega se ha trasladado a los nuevos dirigentes del país. Por un lado, el nuevo primer ministro, Andonis Samarás, quien se hizo cargo del gobierno griego el miércoles, sufrió hoy un desprendimiento de retina y deberá ser operado este sábado. A primera hora de la tarde, el jefe de gobierno fue examinado en el Hospital Attiko de Atenas tras lo cual se decidió que fuese intervenido quirúrgicamente en la mañana del sábado.

Por el otro, y en este caso parece que la situación reviste mayor gravedad, el designado nuevo ministro de Finanzas griego, el banquero Vasilios Rápanos, tuvo que ser hospitalizado también hoy tras sufrir un desmayo (…).

De acuerdo con el comunicado del Hospital Ygia, en el que fue ingresado, Rápanos sufre de “dolor abdominal severo, marea, náuseas, sudores y astenia”. Su situación ha sido “estabilizada” y será examinado para averiguar las causas de su malestar.

-La Vanguardia, 22-06-2012

Tengo dolores de cabeza prácticamente todos los días. No son excruciantes, no afectan a mi bienestar tanto que merezca la pena mayor consideración, no me suponen ningún trastorno. Es sólo que siento la cabeza, en contraste y oposición a no sentirla más que como se siente cualquier parte del cuerpo de la que uno no es consciente salvo cuando se hace sentir. Esto no nació conmigo, sino que me viene pasando de unos años aquí. Mi opinión sobre el tema -pues no necesito la opinión de un médico para saber que la mía es acertada- es que mi cabeza se hace notar más ahora porque recibe más caña, tanto por mi parte como, sobre todo, de fuera. Puede decirse que es parte de hacerse adulto, de asumir responsabilidades y de dejar atrás el -erróneamente tomado por inocente y dichoso- mundo de la infancia, todo lo cual implica un mayor fustigamiento del cerebro. Pero, al menos en mi caso, eso no lo explica del todo. Es, sencillamente, que el mundo de fuera tiene demasiado peso, mucho mayor que el de un cerebro de las características del mío. El aplastamiento es un fenómeno explicable en términos prosaicos y puramente físicos.

Todo es psicosomático. De hecho, ese término no me parece del todo correcto, porque ya implica una dualidad que no es tal: todo es psico, todo es soma; todo afecta a ese Uno que somos cada uno de nosotros. Quizá, y es lo que fervientemente espero que suceda, nunca se llegue a descifrar el misterio del cuerpo-mente-alma, y siempre quede al menos ese 1% de duda sobre qué es lo que provoca nuestros males (y nuestros bienes, claro).

Todo es psicosomático. Hasta el lugar en el que estamos se convierte en algo psicológico. Un estado del alma. Como el hogar: ¿verdad que la casa de uno puede no ser el hogar? ¿Verdad que el hogar puede estar primero en un espacio físico, luego en otro, dependiendo del momento de nuestra vida, de cuáles sean nuestros afectos y desafectos, de cuáles nuestras teclas mentales pulsadas?

Cada vez que he estado en América (es la forma en que mi cabeza llama a una parte de él, los Estados Unidos), en USA, no he necesitado cuidarme de mi dolor de cabeza. No sé si será porque mi primera estancia allí resultó ser una experiencia clave para mí -como los crímenes perfectos, hubo connivencia de momento y de oportunidad para dar lugar al éxito- y esas cosas marcan tanto que el influjo positivo de aquella experiencia se proyectó a mis sucesivas visitas; o por motivos más explicables desde la escrupulosa lógica contemporánea; o por qué razón, pero es cierto: si Oñati es mi Kansas (y siempre lo será), Estados Unidos es mi lugar al otro lado del arco iris.

Cuando estoy allí, no me suele hacer falta buscar alivio a los latidos de mi cabeza, pues las circunstancias ambientes hacen que se alivien solos. Será que la libertad que se respira allí no la he respirado en ningún otro lugar; será que el modo de vida de allí, aunque no perfecto, tiene muchas de las características que yo considero ideales en mi propio modo de vida. Y no tiene nada que ver con consideraciones materiales ni relativas al consumo de bienes y servicios que es lo que mueve nuestra civilización occidental (que, cierto, allí existe a escala mayor que aquí, pero no de forma muy diferente, no crean). Es otra cosa; es el tipo de cosa que hace que allí encuentre algo de la vida que aquí no encuentro.

No cambiaría mi Kansas por ningún lugar, pero de vez en cuando está bien darse un paseo por el otro lado del arco iris.

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