Dolorosa

“Espero alegre la salida, y espero no volver jamás”.

Frida Kahlo

Y dijo Jehová: Raeré los hombres que he criado de sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo: porque me arrepiento de haberlos hecho. Empero Noé halló gracia en los ojos de Jehová.

Génesis 6:7-8

Mientras nosotros estamos aquí, encontrándonos alrededor de este ordenador, millones de personas, en todo el mundo, están causando a otros millones sufrimiento y daño por el mero placer de verlos sufrir. Es decir, que están ejerciendo actos de sadismo, sevicia y tortura.

Y esto viene a cuento de que hoy, otra vez, algo que he visto, leído o algo que ha llegado a mí porque tengo la manía y el defecto de exponerme a todo tipo de contenidos informativos, seguramente más que cualquier persona normal (pero no entremos ahora en eso); algo que estaba ahí, una historia, una foto, un trozo de realidad, me ha impresionado mucho.

En realidad, no es mucho peor que muchas historias, noticias, todas ellas parte del mundo real, que se publican o que simplemente suceden todos los días, pero, por alguna razón, esta imagen, esta historia, hoy, me han llegado.

Pego a continuación el enlace a esta historia, publicada en el blog de Kurioso. Absténganse personas fácilmente impresionables, como yo.

http://kurioso.es/2012/05/22/por-favor-que-alguien-explique-esta-fotografia/

Uno de los argumentos más recurrentes entre los que no creen en Dios es que cómo puede haber Dios si permite que en el mundo pasen tantas cosas como las que describe ese artículo, por poner un ejemplo infinitesimal de la enorme variedad de formas que idea el ser humano para hacer sufrir a sus semejantes. Ese debate está viciado de antemano, y ese argumento no se puede refutar, porque es como intentar que dos personas que hablan idiomas completamente diferentes debatan y se entiendan sobre algo: también aquí, hablamos de fe contra lógica o, mejor dicho, contra hechos o realidades materiales. Cualquier creyente verdadero le dará la razón a quien argumente algo así: en efecto, el mundo invita a no creer en nada más que en lo que presenciamos, que es, mayoritariamente, la maldad humana que ha sembrado su semilla por el mundo, y de la que aún podemos esperar generaciones infinitas de fruto. Y le dirá que si él cree es, precisamente, a pesar de ello; si el mundo invitara a creer en Dios, ya no sería necesaria la fe.

Pero me estoy desviando, aunque sólo un poco.

Tenemos un mundo asqueroso. Y el ser humano no es esencialmente bueno. Ni malo. Algunos seres humanos son mejores que otros. Muchos son malvados. Muchísimos. Quizá hasta la mayoría; no lo sé. Espero no sea así. Pero la cosa es así porque nosotros somos los reyes de la creación. Somos capaces de lo mejor y de lo peor, y nadie nos lo impide, no hay nadie (en el sentido práctico y cotidiano) que nos pueda frenar. Hemos dominado toda la creación y a todas las criaturas. El ser humano, hasta el más estúpido, es un genio: es capaz de sojuzgar cualquier otra criatura, cualquier otra especie. Pero se esmera especialmente en sojuzgar la suya propia.

Y no hay nada que podamos hacer. No podemos hacer nada para ayudar a El Ser Humano, a La Víctima universal. No podemos eliminar lo que no nos gusta. Tampoco rezando se va a arreglar el mundo de la noche a la mañana. Somos los reyes de la creación, el mundo es nuestro para que hagamos con él lo que nos plazca. Es así.

Lo único que podemos hacer es aceptar la maldad, el Mal, como parte del mundo. El Mal nos acompañará mientras vivamos, mientras estemos en este mundo, mientras exista nuestra especie. Y creo que lo único que se pide de nosotros es, no que demos de comer a un millón de seres humanos o, paralelamente, que rescatemos del sufrimiento o de la maldad a un millón de nuestros semejantes. Pero tal vez sí se nos brinda la oportunidad, aunque sólo sea una vez en nuestra vida, de ayudar a una sola persona. Con que hagamos eso ya habremos disminuido un poco el dominio del mal.

Hasta Jehová abjuró en un momento de su propia obra, nos dice la Biblia. No sé lo suficiente, ni mucho menos, para tomarme eso al pie de la letra. Pero sí creo en el misterio infinito de la vida y de la creación. Y creo en la maldad gratuita, aunque no me haga falta creer en ella, porque es algo real. Así como hay una Virgen María que da vida, hay una que llora por el mundo. Una Madre Dolorosa que llora lágrimas preciosas por el puñal que lleva clavado en el corazón.

La madre que llora por la desgracia, la decadencia, la fealdad que existen en el mundo. Esas lágrimas son parte de nuestra vida. Sólo nos queda aceptarlas.

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