Voluntad

Si está de Dios que lo sea, lo seré; y si no, no lo seré. Es así, así está escrito.

Hay un tiempo para imaginar, otro para hacer, y hay otro más para aceptar.

Dios no me envía nada que yo no pueda soportar. Él jamás quebrará mis hombros con la fuerza de Su carga. No lo hará, porque me ama. Esto es el fundamento de mi vida. Si no tuviera fe en que eso es así, quizá habría abjurado hace tiempo de seguir viva; quizá hoy no sería la que soy.

El mundo está hecho trizas; todos lo sabemos; y yo, aunque jamás me haya faltado nada y aunque siempre haya tenido todo lo que he querido, no escapo de esa aniquilación total. Todo ha terminado, mi inocencia quedó barrida y sepultada bajo los escombros, y de eso hace ya tiempo; ahora es el momento del temor, de las envidias, de la rapiña, de los instintos primarios, del salvajismo. Yo quizá también caiga en todo eso, pero, si caigo, será por mera pervivencia, por cumplir mi misión en la vida (seguir viva para ver qué hay después, y después de eso, y después…) y no por sadismo ni porque mi humanidad haya muerto dentro de este caparazón.

Porque yo no soy un caparazón. Al menos, no todavía. No soy un zombi, no soy una vaina. Soy una persona. Siempre lo seré. Aceptaré lo que venga y lo que me echen, tiraré de carros y carretas, todo lo aguantaré, y no será por amor propio, no será por esperanzas baldías, ni siquiera por la ilusión del qué traerá el mañana; desde luego, no por terrenales coartadas, espurias y muertas ya desde su principio; sino por fe. Será por fe y por pura voluntad, porque aún sigo sintiendo el latido de esa voluntad dentro de mis venas, arriba y abajo, inflamándome el corazón a cada paso; la voluntad, esa fuerza que yo siento casi mística, que es también un aliento casi físico, que me impulsa, que me hace sentir que sí, que es verdad, que basta sólo con desearlo para que ocurra. Y ocurre… que ocurre. No sé si en este plano o en el superior, no sé si en esta vida o en la siguiente, o quizá en la anterior; no sé si mientras sea Leire o cuando ya sea restos mortales, polvo del mundo, pasto de ganado, simiente de flores, alimento de fauna y quebradizo cuerpo precioso de flora, eterna flora; pero sé que ocurre. Y basta; hoy, recordar esto ya me ha dado un aliento más antes de que muera por hoy.

Y allí dentro está la voluntad que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad y su fuerza? Pues Dios no es sino una gran voluntad que penetra las cosas todas por obra de su intensidad. El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad.
Joseph Glanvill

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31 de marzo de 2012 · 14:59

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